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SIMÓN BOLÍVAR
C0RBE1L. — IMPRENTA DE RENAUDET.
BOLÍVAR
SIMÓN
BOLÍVAR
'/
por
el Marqués de ROJAS'
CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
OFICIAL DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN FRANCIA
PARÍS
LIBRERÍA DE GARXIER HERMANOS
G. CALLE DES SAI.NTS-PÉRES, 6
1883
34
- 3
^1
La celebración del Centenario de Bolívar es
un homenaje que honra á la patria del Liberta-
dor de cinco naciones, y al Gobierno que lo tri-
buta con tan fervoroso entusiasmo.
La apoteosis del hombre que completó la
obra del descubridor de un mundo, será pre-
sidida por el general Guzman Blanco, que do-
minando el espíritu de las revueltas civiles
y restableciendo la paz de la República, ha
mantenido la independencia de Venezuela, y
— VI —
con la autoridad de su Gobierno, tan alta como
la de Bolívar, le ha dado un puesto en el con-
sejo de las Naciones.
Deseosos de concurrir de algún modo á tan
solemne acto, y de hacer una ofrenda, si-
quiera la más modesta, en el ara santa de la
gloria de Bolívar, hemos trazado, al correr de
la pluma, este trabajo histórico. El muy breve
tiempo de que hemos dispuesto para darle
cima, nos desanimó en los comienzos de nues-
tra labor ; pero pudo más el deseo, ya que no
la consideración de que sólo pretendemos es-
clarecer algunos hechos publicando documen-
tos inéditos que harán luz en la vida del
Libertador.
La historia de Venezuela es todavía y será
por mucho tiempo la historia de Bolívar, no ya
sólo por merecimientos de quién trajo un
mundo á la vida del derecho, sino también
por virtudes de una generación legendaria, que
vive aun en el corazón de la patria, y llena con
— VII —
sus recuerdos y con sus grandezas inmarcesi-
bles la historia de todo un siglo.
El temor de herir la susceptibilidad de Es-
paña, que tiene entre nosotros el cetro de la
amistad, más merecedor de acatamiento que
el cetro de su antiguo imperio, nos asaltó al
narrar algunos episodios de la historia y aún
puso freno á nuestro entusiasmo. Empero los
descendientes de una generación que en cum-
plimiento de leyes ineludibles del progreso,
combatió á España, con más denuedo y lealtad
que los demás pueblos del continente ameri-
cano, tienen la honra de haber sido los pri-
meros en extinguir por siempre el fuego de
odiosidades injustificadas, y de reconocerse
vasallos de ella por amores y por gratitud del
corazón.
El Centenario de Bolívar marca una nueva
etapa en la vida de Venezuela. ¡ Bión haya
nuestra patria si esta apoteosis contribuye á
afirmar la paz pública, y hace reverdecer en
— VIII —
la memoria de nuestros compatriotas las salu-
dables enseñanzas del grande hombre que,
habiendo sacrificado vida, nombre y fortuna
en aras del bienestar público, fué mártir de
su patriotismo y víctima impíamente inmolada
en el nefando altar de la discordia !
París, lo de Mayo de 1883.
BOLÍVAR
Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de Ju-
lio de 1783, habiendo sido progenitores suyos
D. Juan Vicente Bolívar y D.a María de la Con-
cepción Palacios y Sojo, ambos de abolengo
noble y cuantiosa fortuna. El padre de Bolívar
murió en 1786 : la madre en 178'.).
La educación de Bolívar en sus primeros
años hubo de limitarse á lo que podía en aquel
tiempo aprenderse en Caracas ; primeras letras
y rudimentos imperfectos de las lenguas espa-
ñola y latina.
2 BOLÍVAR
En Enero de 1789 el tutor de Bolívar le
envió á Madrid para que perfeccionara allí sus
estudios. Bolívar, que para entonces tenía el
título de Teniente de milicias de Aragua, re-
sidió algún tiempo en la coronada villa y con-
trajo allí exponsales con la señorita D.a María
Teresa Toro y Alayza, difiriéndose el matri-
monio, porque la edad del novio apenas cifraba
en los 17 años.
De Madrid pasó en 1801 á París, donde las
ideas y costumbres contribuyeron muy mucho
á formar su carácter. Begresó á Madrid, y sin
más demora efectuó su matrimonio con la se-
ñorita Toro, embarcándose en seguida con ella
para Venezuela. Diez meses después de su
vuelta á Caracas, falleció su bella y amable
compañera .
Besolvióse Bolívar á fines del mismo año á
volver á Europa, y ésta vez se dirigió directa-
mente de La Guaira á Cádiz. Pocas semanas
pasó en Madrid, y fué después á París, donde
permaneció algún tiempo.
En la primavera de 1805 emprendió un
viaje de recreo por Italia, Holanda y Alemania
BOLÍVAR ;j
y se dirigió más tarde á los Estados luidos de
América, de donde regresó á Caracas á fines de
1806, decidido á la edad de 22 años, que en-
tonces tenía, á vivir alejado de la política
y ocupado exclusivamente en sus propios
asuntos.
Hasta esa fecha no bullía en el cerebro de
Bolívar, como lo afirman algunos historia-
dores, la idea de redimir á su patria.
Á su regreso, la situación de Venezuela era la
siguiente. Desde fines del siglo pasado habían
comenzado á soliviantarse los ánimos de los
americanos en favor de su independencia. La
conspiración de Gual y España había sido de-
nunciada y descubierta en 1799. D. J. M. Es-
paña halda sido ahorcado en Caracas el. 8 de
Mayo de 1799. Gual que logró escapar con
vida, había muerto envenenado en Trinidad,
según se asegura, por un echadizo español.
El general Francisco de Miranda, con el
apoyo del Gobierno Británico, más eficaz en
la apariencia que en el fondo, había llegado al
país con una expedición, organizada en los
Estados Unidos, compuesta de una corbeta
4 BOLÍVAR
armada en guerra, dos trasportes y algunos
elementos.
Las autoridades españolas, oportunamente
avisadas, se habían apoderado de los buques y
de la mayor parte de los expedicionarios. Mi-
randa pudo salvarse refugiándose en Trinidad.
De los prisioneros hechos á la expedición,
diez habían sido fusilados en Puerto Cabello y
degollados después de muertos. Los demás
habían sido encerrados en los presidios de Car-
tagena y Puerto Rico.
En Trinidad había organizado el general
Miranda una segunda expedición compuesta
de 15 embarcaciones y 500 voluntarios, casi
todos extranjeros. Con ella se dirigió á las
costas occidentales de Venezuela y ocupó el
puerto de La Vela y la ciudad de Coro, derro-
tando previamente la columna española, fuerte
de 1,200 infantes, que pretendió impedirle su
desembarco, y apoderándose de un fortín y de
más de veinte cañones.
Miranda, el verdadero precursor de la inde-
pendencia venezolana, no había encontrado en
Coro ninguna cooperación, ningún apoyo ni
BOLÍVAR f>
simpatía entre los americanos, á quienes se
había propuesto emancipar. Después de pasar
cuatro dias en aquella ciudad, se retiró á La
Vela, y de aquí guió á Oruba donde disolvió su
expedición, dirigiéndose á Trinidad.
Los auxilios que había pedido á Jamaica le
fueron negados, y en consecuencia abandonó
el proyecto de dirigir la expedición sobre el
Río de la Hacha en busca de mejor suerte para
su noble causa. De Trinidad continuó viaje á
Europa.
Estos sucesos tan desgraciados para la
causa americana, habían producido en los áni-
mos de los venezolanos un pavor extremo.
Los acontecimientos ocurridos en España
posteriormente modificaron un tanto la situa-
ción de las cosas. La abdicación de Carlos IV
en íaror de su hijo, la de este en favor de su
padre ; la cesión de la Corona Española en fa-
vor de Napoleón, la proclamación de José Bo-
naparte como rey, la reacción efectuada en la
península con motivo de tan oprobiosos suce-
sos, todo contribuyó eficazmente á despertar
en Venezuela el deseo de promover la emanci-
6 BOLÍVAR
pación de la patria. Pero aún no estaba col-
mada la medida.
Acordóse en Venezuela el desconocimiento
de la autoridad de Bonaparte, y se reconoció
después de mil vacilaciones la Junta de Se-
villa, y más tarde, en Enero de 1809 fué reco-
nocida la Junta Central de España é Indias,
como única autoridad para dirigir los asuntos
de la Península y de sus colonias.
La tentativa de los americanos para consti-
tuir una Junta local, quedó frustrada. El bri-
gadier D. Vicente Emparan llegó á Caracas con
el carácter de Capitán general de Venezuela y
comenzó, como era de esperarse, por oprimir
á los criollos, declarando que no había otra ley
ni otra voluntad que la suya .
Pero antes de proseguir, detengámonos á
contemplar la figura del general Miranda.
De inteligencia luminosa, de carácter re-
flexivo y austero, de temperamento firmísimo,
sobrio en costumbres y parco en juicios, pro-
bado en el crisol de la adversidad y atento
siempre á la idea que engendró su mente, era
Miranda de la madera de los hombres conven-
BOLÍVAR 7
cidos que jamás tiemblan las consecuencias de
un hecho ni reparan lo andado en el doloroso
camino de las revoluciones políticas.
En Rusia fué bien quisto de todos y agasa-
jado por Catalina ; en Francia luchó como
bueno, juntamente con los mejores caudillos
de la Revolución ; en los Estados Unidos de
América riñó batallas y expuso enseñanzas, y
en todas partes estuvo siempre al servicio de
la libertad que él queria implantar en su opri-
mida patria.
La caida de los Girondinos, con quienes mi-
litara en la Revolución, amenguó su prestigio,
é inesperadas infidelidades de la fortuna pu-
sieron su nombre en tela de juicio y su vida
entre los hierros de aquel monstruo de rece-
los y de suspicacias que se llamó « tribunal re-
volucionario » .
En medio de estas grandes convulsiones no
decayó un punto su acendrada fé, ni se dio á
partido en el nobilísimo empeño de redimirá
la patria ; y, á despecho de las vacilaciones
de Pitt y del gobierno de los Estados Unidos,
partióse á Venezuela, corriendo á la aven-
8 BOLÍVAR
tura, en persecución de la independencia.
Parte en todos los tormentosos sucesos que
en aquel momento histórico agitaron al mundo
antiguo de las supersticiones y al nuevo
mundo de las esperanzas, fuéle dado á Miranda
el arrojar en los campos de su patria la semilla
fructífera del árbol santo déla libertad, regado
con sangre y lágrimas de Francia en el Calva-
rio de su grandiosa Revolución. Precursor y
héroe anónimo de la independencia, no sabo-
reó triunfos personales ni obtuvo mercedes.
Su nombre y su apostolado fueron zaheridos
por la calumnia. En la obra de la redención
del mundo americano, Miranda fué el Naza-
reno que no detuvo su cansada planta en el
camino del bien, y que llegó á la meta herido
por sus abrojos y coronado de espinas.
II
Las tenaces persecuciones del Capitán Gene-
ral Emparan contra los americanos, y las
noticias que llegaban de España relativas á la
disolución de la Junta Central, contribuyeron
grandemente á precipitar los sucesos.
La historia de lo ocurrido en Caracas el
19 de Abril de 1810 es de todos conocida ;
nos limitaremos, pues, á narrar someramente
el hecho, prescindiendo de pormenores.
Celebrábase en aquel día la festividad de
Jueves Santo, y el Capitán General juntamente
con el Cabildo concurría á los oficios reli-
giosos en la Iglesia Catedral. El trayecto desde
10 BOLÍVAR
la Casa Capitular al Templo se hallaba guar-
necido de tropas cpie tributaban á Emparan los
honores de ordenanza.
Al llegar éste á la puerta principal de la
Iglesia, detúvole bruscamente, asiéndole de
un brazo, el valeroso patriota Francisco Salias
quien le exigió que volviera al Cabildo porque
la salud de la patria así lo demandaba. Suce-
dió á este hecho un ruidoso tumulto, que no
fué parte para quebrantar la animosidad de
los conjurados.
Emparan, atónito primero y confuso luego,
regresó al Cabildo ; las tropas que antes le
vitorearan negábanle ahora los honores. La
conspiración triunfaba.
Constituido el Cabildo ante Emparan, la
inexperiencia de los revolucionarios habría
bastado para darle tiempo de rehacerse moral-
mente al par que de anularlos, si no hubiera
acudido á salvar la situación el Canónigo chi-
leno Doctor José Cortés Madariaga, audaz,
inteligente é instruido, quien sin pertenecer al
Cabildo, tomó asiento en él á título de dipu-
tado del clero y del pueblo.
BOLÍVAR li
Madariaga enderezó las cosas con un dis-
curso en extremo viril y elocuente, y pidió,
como medida de seguridad, la deposición del
Capitán General Emparan, deseada por todos.
Este, queriendo conocer la opinión del
pueblo que á la sazón discurría tumultuosa-
mente por la calle, asomóse al balcón, y pre-
guntó en alta voz á la multitud, en la cual
había muchos conjurados, si estaba satisfecha
de su mando. Madariaga, situándose detrás de
Emparan, hizo signos á la turba para que res-
pondiera negativamente.
« No le queremos, » fué el grito general.
« Tampoco quiero mando, » contestó Em-
paran mal parado y mollino.
Estas palabras fueron consignadas en el
Acta, como renuncia voluntaria de su auto-
ridad.
Al triunfo de la conspiración sucedió el
triunfo de la revolución .
El Ayuntamiento se constituyó á seguida en
Junta revolucionaria ; desconoció la autoridad
de la Regencia de Cádiz y declaró que las pro-
vincias de Venezuela procederían al estable
12 BOLÍVAR
cimiento de un Gobierno que ejerciera la auto-
ridad á nombre y en representación de Fer-
nando VIL
Entre las diversas resoluciones tomadas pol-
la Junta de Caracas, una fué el envío de dipu-
tados á Londres, para participar lo ocurrido al
Gobierno Británico, y conocer de cerca qué
protección podia alcanzarse. Esta comisión, de
la cual fué Bello el secretario, se componía de
Bolívar y de López Méndez.
Algunas veces nos liemos preguntado qué
pudo inducir á Bolívar á aceptar una misión
que probablemente sería infructuosa, en vez
de ocupar en circunstancias tan graves un
puesto militar en el cual pudo haber prestado
á su patria servicios más importantes.
En las crónicas de aquella época se dá á este
enigma la explicación siguiente. Bolívar, á su
regreso de Europa en 1806, había decidido
retirarse á la vida privada. Se dedicaba exclu-
sivamente á estudiar y á gobernar sus intere-
ses. Durante los tres años trascurridos hasta
1810 no cesó de protestar contra la tiranía de
que era víctima su patria, pero tal vez no le
BOLÍVAR 13
pareció oportuno el momento para la reden-
ción de Venezuela opresa y exangüe ; acaso en
su claro juicio era inaceptable la fórmula de
reconocer la autoridad de un Rey de España.
Corre como válido el rumor de que la revo-
lución del 19 de Abril sorprendió á Bolívar en
sus hermosas posesiones de Aragua, y sólo á
instancia de sus numerosos amigos se decidió
á aceptar la misión en Londres, juntamente con
López Méndez y Bello.
Embarcáronse los comisionados y al llegar
á Portsmouth el 11 de Julio, dirigieron al
Foreign-Office la siguiente carta :
La Suprema Junta Gubernativa, establecida última-
mente en Caracas, Capital de las Provincias de Vene-
zuela en la América Meridional, nos ha constituido sus
diputados cerca de S. M. B. entregándonos pliegos que
debemos poner en manos de V. E.
Tenemos el honor de notificar á V. E. este importante
suceso, así como nuestra llegada el día de ayer á esta
ciudad, después de 31 dias de feliz viaje en el Bergantín
Wellington de S. M. B. despachado d^sde la isla de San
Tomas por el General Cochrane para conducir nuestras
personas á este Reyno.
Una vez que se nos envíe el correspondiente pasaporte.
14 BOLÍVAR
como lo esperamos de la bondad de Y. E. pasaremos sin
dilación á esa Capital á cumplir debidamente nuestra
comisión.
Dios guarde á V. E. muchos años.
Portsuiouth, Julio 11 de 1810.
Simón de Bolívar.
Luis López Méndez.
Excmo. Señor Ministro de Relaciones exteriores
de S. M. R.
Ya en Londres celebraron una entrevista
con el Marqués de Wellesley, secretario de Re-
laciones Exteriores del Gobierno de S. M. B. y
pusieron en sus manos la credencial y la carta
de Gabinete en que se participaba el nombra-
miento.
Publicamos á continuación ambos docu-
mentos.
D. Fernando Séptimo, Rey de España y de las
Indias c£a y en su Real Nombre la Suprema Junta con-
servadora de sus derechos en Venezuela.
Por cuanto para la subsistencia y conservación de las
relaciones amistosas que han existido hasta ahora entre
BOLÍVAR Id
estas provincias y la Gran Bretaña, es necesario delegar
comisionados cerca del Gobierno deS. M. B. que presen-
ten los votos sinceros y generosos de Venezuela para
otrechar más y más estos vínculos; reclamen sus dere-
chos y entablen relaciones de recíproca utilidad entre
estos habitantes y los vasallos de S. M. B. y conviniendo
á estas Provincias no interrumpir la comunicación y
buena armonía que existen entre ambos pueblos tan
necesarias para la confianza y seguridad comercial. Por
tanto he venido en nombrar, como en virtud de las pre-
sentes digo y nombro, en primer lugar al Caballeril
Coronel D. Simón de Bolívar; en segundo al comisario
ordenador D. Luis López Méndez, y en calidad de auxi-
liar al Comisario de Guerra y Oficial 1.° de mi Secretaría
de Estado, D. Andrés Bello, para que pasando á la Corte
de Londres presenten á S. M. Británica por medio de su
secretario de Estado la respetuosa consideración de este
Gobierno : den Cuenta de la instalación de la Suprema
Junta Gubernativa de las Provincias de Venezuela, en
quien ha recaído por substitución de los derechos del
Pueblo en fuerza de mi imposibilidad y de la disolución
del Gobierno que provisionalmente me representaba en
la Península, la Soberanía de las mismas Provincias :
reclamen la alta protección de S. M. B. : ofrezcan por
parte de este nuevo Gobierno la más cordial alianza,
bajo la garantía de las disposiciones pacíficas y amisto-
sas en que se hallan estos Pueblos con respecto á los va-
sallos de la Gran Bretaña : y sean el órgano de las
comunicaciones que exijan entre unos y otros la nece-
sidad y buena correspondencia y no se opongan á las
leyes fundamentales de la Monarquía Española.
Hágase entender á lus interesados por la Secretaría <\>'
16 BOLÍVAR
relaciones exteriores y tómese razón en las demás de
este diploma. Dado en el Palacio de la Suprema Junta
de Caracas á seis de Junio de mil ocho cientos diez, se-
llado con el de mis armas y refrendado por el expresado
Secretario.
José de las Llamosas,
Presidente.
Martin Tovar Ponte,
\ 'ice-Presidente.
Juan Germán Roscio,
Secretario de Relaciones Exteriores.
Excmo. Señor,
El Coronel D. Simón de Bolívar y el Comisario orde-
nador D. Luis López Méndez están encargados por la
Junta Gubernativa de Venezuela de conducir al Soberano
de la Gran Bretaña los votos que hacen unánimemente
los habitantes de estas provincias por la felicidad de su
reinado y por la gloria de sus armas contra el enemigo
común.
Los papeles que llevan consigo estos comisionados
instruirán suficientemente á V. E. de los motivos que
han producido en Caracas el establecimiento de un Go-
bierno más análogo á las circunstancias y más propio
para precaver los riesgos inminentes de que nos halla-
mos amenazados. La sabiduría y justicia de V. E. nos
hacen esperar que aplaudirá la conducta de un Pueblo
generoso, fiel á sus deberes y cordialmente amigo de la
BOLÍVAR 17
Inglaterra ; del pueblo que alzó en América los primeros
gritos contra el opresor de la Europa, invocando la
unión con la potencia que acaudillaba los esfuerzos do
la libertad continental, y que consecuente á sus princi-
pios y á su conducta anterior ha dado á los demás de
América el ejemplo mas saludable en estas circunstan-
cias, porque es el que mejor conciba los intereses parti-
culares de los habitantes del Nuevo Mundo con los de
todo el Imperio Español.
Será sensible que las pasiones de algunos individuos
interesados en eternizar la antigua servidumbre ameri-
cana, conspiren á denigrar nuestros motivos y á atri-
buirnos principios incompatibles con los deberes de Ciu-
dadanos Españoles, cuando sólo se nos oye reclamar los
que corresponden á este honroso carácter.
Esperamos que V. E. se digne acoger las solicitudes
que los Comisionados llevan el encargo de presentarle,
y de aceptar el testimonio de nuestro respeto y consi-
deración.
Dios guarde á V. E. muchos años,
Caracas, 6 de Junio de 1810.
Excmo. Señor,
José de las Llamosas.
Martin Tovar Ponte,
Excmo Señor Ministro de Estado de S. M. Británica.
En los testimonios precedentes se destaca un
« de » , antepuesto al apellido de Bolívar, que
18 BOLÍVAR
pudiera tener sabor de aristocracia en palada-
res demagógicos. Bolívar, luego de haber re-
gresado á su país, suprimió la partícula. Nadie,
sin embargo , con más derecho que él á usar
adjuntos al apellido signos que expresan el
merecimiento personal en los pueblos cultos y
civilizados, siendo así que á su familia estaban
vinculados el Marquesado de Bolívar, el Con-
dado de Caporete y el Señorío de Aroa.
Tal punto, nimio en apariencia, es de suyo
importante porque este y otros dieron pretexto
á escritores españoles para azotar el rostro de
Bolívar con la acusación calumniosa de aristó-
crata.
En la mayoría de las Bepúblicas de la Amé-
rica española, las ideas democráticas arras-
traron en pos desbordamientos de pueblos,
hechos de antiguo á servidumbre colonial que
envilece, y exaltaron vulgaridades odiosas. La
reacción se entronizó. Túvose entonces por
incompatible con las nuevas instituciones polí-
ticas el uso de títulos y condecoraciones, y el
mérito, despojándose de su representación,
arrojó condecoraciones y títulos á la hoguera
BOLÍVAR 19
inextinguible de una igualdad social íieticia,
tan mal entendida como practicada. Se con-
fundía malamente la igualdad política que
engendra la República, para cubrir con un
mismo manto á los ciudadanos todos, con la
igualdad social, siempre inasequible, cuales-
quiera sean las formas de gobierno. Justo y
plausible es buscar la igualdad procurando
elevarse en alas del mérito á la cumbre donde
viven los ciudadanos más distinguidos de un
país, pero injusto y censurable despeñar á
estos de la altura en que están para que
se arrastren abajo, en unión de los que no
pudieron llegar á ella por falta de mereci-
mientos.
El Gobierno Británico, ligado á España por
tratados de alianza, no podia en aquellos mo-
mentos liacer un recibimiento oficial á los
Comisionados de Caracas, sin faltar á graves
deberes internacionales. Por otra parte, de-
scoso de obtener en América las ventajas posi-
bles para su comercio, no le convenía desairar
á los enviados de Venezuela, sino agasajarles
para recabar de ellos algún acuerdo mediante
20 BOLÍVAR
el cual se consiguiera la reconciliación de la
Colonia con la madre Patria.
En consecuencia les recibió oficiosamente y
les hizo en privado cuantas atenciones habría
podido acordarles públicamente, pero sin la
solemnidad anexa á tales actos. Convínose
entonces en que las negociaciones se empren-
dieran por medio de memoriales y protocolos
no autorizados, y así se hizo.
El siguiente documento contiene las pro-
posiciones de Bolívar y López Méndez al Go-
bierno inglés.
Londres, 21 de Julio de 1810.
Los comisionados de la Junta Suprema de Venezuela,
presentando sus respetos al Excmo. Señor Marqués Wel-
lesley, tienen el honor de indicarle, en virtud de lo que
S. E. se ha servido insinuarles en su conferencia del jue-
ves último, las miras de su Gobierno en la misión que
les ha conferido.
El primer deber de los comisionados es suplicar á
S. E. se sirva ser el intérprete de su profundo y respe-
tuoso reconocimiento á la benévola acogida que S. M. B.
se ha dignado dar á los votos del Pueblo y Gobierno de
Venezuela.
Impuesto S. E. de los principios que ha tenido la trans-
BOLÍVAR ¿\
formación política de aquellas Provincias, y del espíritu
que anima ala Junta Suprema, no puede menos de ver
en ellos el mejor garante de la sincera disposición de los
Pueblos de Venezuela á conservar sus relaciones de
amistad, comercio y buena correspondencia con los sub-
ditos de S. M. B.
Las solemnes declaraciones de aquel Gobierno, in-
cluyen además la seguridad de que muy lejos de aspirar
Venezuela á romper los vínculos que la han estrechado
con la Metrópoli, sólo ha querido ponerse en la actitud
necesaria para precaver los peligros que la amenazaban.
Independiente como lo está del Consejo de Regencia,
no se considera menos fiel á su Monarca, ni menos inte-
resada en el éxito feliz de la santa lucha de España.
Desenvuelta así la posición de Venezuela, se hallan á
descubierto sus intereses y los objetos de esta misión.
1.° Venezuela, como parte integrante del Imperio Espa-
ñol, se halla amenazada por la Francia, y desea apoyar
su seguridad en la protección marítima de la Inglaterra.
El Gobierno de Venezuela desearía también que por el
de S. M. B. se le facilitasen del modo conveniente los
medios que puedan serle necesarios para defender los
derechos de su legítimo Soberano, y para completar sus
medidas de seguridad contra el enemigo común.
2.° La resolución de Venezuela puede ser un motivo de
discusiones desagradables con las Provincias que hayan
reconocido la Regencia, y este Gobierno Central tratará
acaso de hostilizarla directamente, ó de turbar su paz
interior, fomentando facciones peligrosas.
Los habitantes de Venezuela solicitan la alta media-
ción de S. M. B. para conservarse en paz y amistad con
sus hermanos de ambos hemisferios.
22 BOLÍVAR
3.° Requiriendo la continuación de las relaciones de
amistad, comercio y correspondencia de auxilios entre
las Provincias de Venezuela y la Madre Patria, algunas
estipulaciones entre los respectivos Gobiernos, el de Ve-
nezuela se prestaría con toda confianza á ollas bajo la
garantía deS. M. B.
Sería también tan importante como conforme á los
deseos de la Junta de Venezuela, que el Gobierno de
S. M. B. se sirviese expedir instrucciones á los Jefes de
las Escuadras y colonias de las Antillas, para que favo-
reciesen del modo posible los objetos insinuados, y muy
especialmente las relaciones comerciales entre aquellos
habitantes y los subditos de S. M. B. que gozarán de
nuestro comercio, como una de las naciones más favo-
recidas.
Los Comisionados no deben terminar esta exposición
sin asegurar á S. E. el Marqués Wellesley que su defe-
rencia corresponderá en todos casos al modo franco y
amistoso con que S. E. les ha hecho el honor de tra-
tarlos.
Á estas proposiciones contestó el Gabinete
Británico en los términos siguientes :
II
Se dará la protección marítima de la Inglaterra á Ve-
nezuela contra la Francia afín de que aquella Provincia
pueda defender los derechos de su legítimo Soberano, y
asegurarse contra el enemigo común.
Se recomienda con ahinco que la Provincia de Vene-
BOLÍVAR 23
zuela intente inmediatamente una reconciliación cordial
con el Gobierno Central, actualmente reconocido en Es-
paña, y trate en primer lugar de establecer una acomo-
dación amistosa de todas sus diferencias con aquella
autoridad.
Se ofrecen cordialmente los buenos oficios de la Ingla-
terra para aquel propósito útil. Entre tanto, se emplea-
rán todos los esfuerzos de una interposición amigable
con el objeto de prevenir la guerra entre la Provincia y
la Madre Patria y de conservar la paz y amistad entre
Venezuela y sus hermanos de ambos hemisferios.
Con los mismos objetos amigables se recomienda con
ahinco que la Provincia de Venezuela mantenga las rela-
ciones de comercio, amistad y comunicación de socorros
con la Madre Patria.
Se emplearán los buenos servicios de la Inglaterra
para conseguir un ajustamiento de tal modo, que se ase-
gure á la Metrópoli la ayuda de la provincia durante la
lucha con la Francia, bajo las condiciones que parece-
rán justas y equitativas, conforme á los intereses de la
Provincia, y provechosas á la causa común.
Las instrucciones que se piden en este artículo, se han
mandado ya á los Oficiales de Su Majestad, con la
plena confianza de que Venezuela continuará mante-
niendo su fidelidad á Fernando Séptimo, y cooperando
con la España y con Su Majestad contra el enemigo
común.
El protocolo del asunto que á continuación
publicamos, dará una idea exacta de la nego-
ciación.
24 BOLÍVAR
Memorándum de las Conferencias celebradas entre el
Marqués de Wellesley y los comisionados de Venezuela,
entregado á ellos y á los Ministros de España el mismo
día 8 de Agosto de 1810.
En la primera conferencia habida entre el Marqués
Wellesley y los Señores Coronel D. Simón de Bolívar y
D. L. López Méndez, Comisionados de Venezuela, aquel
les enteró de las circunstancias que necesariamente im-
pedían toda comunicación formal ó de oficio entre el
gobierno de Su Majestad, y la provincia de Venezuela ó
sus Agentes en su condición actual.
Los actos públicos de las provincias, de los cuales se
habían comunicado copias á Lord Wellesley, y la repre-
sentación dirigida á Su Majestad por las Autoridades
provisionales, constituidas en Caracas, expresaban una
declaración de principios y de miras que permitía, al
parecer, una comunicación amistosa con los comisio-
nados, no sólo conforme con las relaciones que existían
entre Su Majestad y la Regencia de España, sino tam-
bién apetecible afín de conservar los derechos del legí-
timo Monarca de España, y de combinar las varias sec-
ciones del imperio español en un sistema de oposición
unida contra la usurpación de la Francia. De aquellos
documentos se deduce que Venezuela ha declarado cons-
tantemente su vigorosa adhesión á Fernando Séptimo,
ha constituido las Autoridades provisionales de su go-
bierno en el nombre y favor de aquel Príncipe, y ha
limitado la existencia de aquellas autoridades hasta el
momento en que se restituya al Trono de España.
Por los mismos testimonios parece que esta provincia
BOLÍVAR 25
ha declarado también su determinación de contribuir
con todos las esfuerzos posibles al socorro de la Metró-
poli, durante la continuación de la lucha contra Francia.
Además, ha expresado en los términos más enérgicos
una determinación firme de oponerse al progreso del
poder francés y de cooperar cordialmente con el Go-
bierno Británico, como aliado de Fernando Séptimo, á
los fines comunes de la Alianza.
No obstante la declaración de estos principios, y la
aprobación que merecen de parte del Gobierno de Su
Majestad : la separación formal entre la provincia y la
Autoridad Central reconocida en España, sugirió la ne-
cesidad de conducir la correspondencia entre la Ingla-
terra y Venezuela del modo que pareciera menos apto
para favorecer el espíritu de división entre las provin-
cias españolas de la América meridional y la Metrópoli:
para no correr el riesgo de una interrupción en las bue-
nas relaciones que ahora subsisten entre el Gobierno de
Su Majestad y la Regencia de España.
Esta precaución debe juzgarse igualmente provechosa
á ambas partes, unidas en una causa común, pues es
claro que el proceder más prudente á los intereses de Es-
paña y de los aliados, será aquel que combine la mayor
parte de los esfuerzos de las varias secciones del Impe-
rio español, afín de conseguir el objeto general de con-
servar la monarquía y de resistirá la Francia.
Estas consideraciones justificaron la acogida amistosa
de los Diputados de Venezuela, pero pareció que se con-
sultarían mejor los propios intereses de Venezuela por el
sistema de comunicación que se había adoptado, que
por algún otro más formal, que podría ser ofensivo á la
Regencia de España.
26 BOLÍVAR
Pero al acordar á los Diputados de Venezuela la aco-
gida á que eran acreedores, Lord Wellesley consideró
su deber principal el representarles sin reserva el peli-
gro á que se exponían los intereses generales de la Mo-
narquía Española y de los aliados por la separación entre
Venezuela y la autoridad reconocida en España, y por
esa razón procuró en primer lugar inculcar la utilidad
urgente de proseguir medidas de conciliación, que se
dirigiesen á reunir la provincia con la autoridad que ac-
tualmente ejerce el Gobierno de la Metrópoli en el nom-
bre de su Soberano común.
Lord Wellesley manifestó que esta unión era déla más
alta importancia para todos los objetos que la provincia
había indicado; para la conservación inmediata de los
derechos de Fernando Séptimo y de la Monarquía en su
integridad ; la armonía y orden completos; para la pro-
secución vigorosa de la guerra contra la Francia por
medio de una combinación eficaz y sistemática de todos
los recursos y poder del Imperio, y, especialmente, para
el objeto principal que se proponía públicamente la pro-
vincia de Venezuela, el de dar á la Metrópoli el socorro
más eficaz en la crisis de su destino.
Á fin de alcanzar ese empeño, no había medios más
oportunos que los derivados de la fuerza que se sacaría
por el Gobierno Central en la administración de los re-
cursos generales de la Monarquía gozando de la unión
constante y del apoyo nunca interrumpido de cada pro-
vincia y colonia.
Con respecto á los agravios locales ó temporales de
que la provincia se quejaba bajo el Gobierno provisio-
nal establecido en España, Lord Wellesley manifestó que
estas consideraciones eran más bien motivos para una
BOLÍVAR 27
representación urgente á aquel Gobierno, de un ajusta-
miento amistoso ó de la interposición de los buenos ofi-
cios de los aliados, que la justificación de una separa-
ción positiva y súbita del Gobierno general del Imperio.
Consintieron los Diputados en principio en estas re-
presentaciones, pero oponiéndose á la conclusión práctica
é insistieron en que la provincia de Venezuela, bajo la
forma que acababa de tomar, contribuiría con mayor
eficacia á mantener la causa de su legítimo soberano y
de la Metrópoli, que con una unión íntima con la Auto-
ridad que actualmente existe en España; y añadieron
que desesperaban totalmente de obtener cualquiera otra
reparación de sus agravios, que pudiera hacerles capaces
de cooperar eficazmente contra el enemigo común, si
no conservaban la forma de Gobierno que ya habían
constituido, como el único órgano por el cual pudieran
conservar los derechos de Fernando Séptimo en la pro-
vincia de Venezuela contra la usurpación de Francia.
Sobre todo, expusieron que los Gobernadores y Agen-
tes nombrados recientemente por el Gobierno Central de
España, en la provincia de Venezuela, estaban convictos
de mala voluntad hacia Fernando Séptimo, y de afección
álos intereses de Francia; y que la causa principal de
haber sido expulsados era la publicidad de su traición
á la causa española.
Además declararon que no tenían autoridad alguna
para tratar déla reunión de la provincia con la Autoridad
Central en España : que eran solamente Agentes del
Gobierno formado en Caracas, y que no estaban auto-
rizados para hacer más, que explicar los sentimientos y
las miras de aquel Gobierno á Su Majestad y recibir con-
testación.
28 BOLÍVAR
En este estado, no quedaba otra alternativa que la de de-
jar á la provincia de Venezuela queprosiguierasu camino
sin ninguna interposición amistosa departe del Gobierno
de Su Majestad, ó interponer sus buenos oficios, para
procurar solamente salvar la provincia de un peligro
inmediato, y deducir de los actos de ella, que parecían
de acuerdo con los intereses generales de España y de la
Alianza, los resultados útiles que pudieran presentar
medios de aplicar una parte de los recursos de Venezuela
al socorro de España en la crisis actual, y últimamente
preveer el modo de conservar á Venezuela para su legí-
timo Soberano.
Omitiendo esfuerzos para valerse de esta especie de
interposición amistosa, se hubiera dejado á la provincia
expuesta á todos los peligros que pudieran temerse de
las asechanzas del enemigo común, de la intriga y
facción interior de otras Potestades.
Era de temerse que Venezuela, en tal caso, pudiera
verse obligada á seguir un camino que habría podido
alejarla inmediatamente de los aliados, y separarla irre-
parablemente de su legítimo Soberano, y de la Corona
y Monarquía Españolas.
Pareció más prudente interponer los buenos servicios
de Inglaterra con el objeto de prevenir un peligro común
á España, á la América meridional y á la Alianza :
por consiguiente, se pidió á los Diputados de Venezuela
que se sirvieran exponer de un modo oficioso las miras
y objetos de aquella provincia en la Comisión que les
había confiado.
Del mismo modo y con idéntico objeto de conservar
en la crisis actual la mejor armonía posible entre Vene-
zuela y la Metrópoli, se recibieron las proposiciones he-
BOLÍVAR 29
chas por los comisionados, con sentimientos de amistad
y de benevolencia ; esperándose que sirvan de base á un
sistema de conciliación, tal, que prevenga la calamidad
de la guerra entre la Metrópoli y la provincia, y última-
mente promueva los grandes intereses de la Alianza.
Las proposiciones de los comisionados se hallan en el
documento N° (1) y la contestación á dichas proposi-
ciones en el documento Xo (2).
Los Comisionados del Gobierno de Venezuela suplican
á S. E. el Señor Marqués de Wellesley les permita hacer
dos observaciones relativas á la respuesta dada por
S. E. á su primera nota y al Memorándum de la comuni-
cación entre el noble Lord y los comisionados.
La Junta de Venezuela se prestará gustosa y cordial-
mente á negociaciones con la Regencia de una natura-
leza conciliatoria, no alterándose en ellas la base sobre
que se ha erigido el actual Gobierno de aquellas provin-
cias; á saber, la necesidad de no reconocer la Soberanía
del Consejo de Regencia. Sin embargo, las provincias
de Venezuela cooperaran eficazmente á la defensa de la
Madre Patria con todos los medios que se hallen á su
alcance.
En el memorándum se expresa que « los comisionados
expusieron particularmente que los Gobernadores y
Agentes recientemente empleados por el Gobierno Cen-
tral de España en la provincia de Venezuela, habían sido
convencidos de desafecto á Fernando Séptimo y de
adhesión á los intereses de la Francia, y que su expul-
sión había sido principalmente ocasionada por la noto-
30 BOLÍVAR
riedad de su traición á la causa española. » Los comi-
sionados conceptúan necesario aclarar estas expresiones
reduciéndolas á que, de los Gobernadores, unos proce-
dían abiertamente á favor del Imperio francés, y los
otros se hacían sobradamente sospechosos de la misma
adhesión y miras de reconocer la soberanía del intruso
rey de España.
Los comisionados, renuevan á nombre de su Gobierno,
el testimonio de su cordial gratitud á las benévolas in-
tenciones de S. M. B.
10 de Agosto de 1810.
El asunto estaba terminado sin ningún re-
sultado satisfactorio para Venezuela. Bolívar
así lo comprendió y resolvió al punto regresar
á Caracas. Véase la esquela verbal que dirigió
con este motivo al Ministro Británico.
D. Simón de Bolívar y D. Luis Méndez tienen el
honor de saludarás. E. el Marqués de Wellesley y de
felicitarlo por el restablecimiento de su salud.
Suplican á S. E. les permita hacerle presente que
habiéndose terminado los objetos de su venida á Ingla-
terra, les importa regresar á Venezuela con la posible
prontitud : y como el Gobierno de S. M. B. se ha servido
ofrecerles al intento un buque de guerra en que veri-
ficarlo con toda seguridad, han creido oportuno avisar
á S. E. que por su parte se halla todo listo y concluido,
BOLÍVAR :!l
al mismo tiempo que le ruegan se digne ser el órgano
de su respetuosa gratitud á S. M. por esta nueva prueba
de su Real benevolencia.
Londres, 30 de Agosto 1 SI 0.
El gobierno Británico hizo preparar en con-
secuencia un buque de guerra que trasladara
á los comisionados. De estos, permaneció en
Londres López Méndez, en tanto que Bolívar
volvía á su patria.
¿Llegó solo, como lo aseguran algunos
historiadores ó junto con el general Miranda,
según testimonio de otros ? Cuestión es ésta de
poco interés para la historia ; pero, á ser cierto
el último dato, la fecha de la llegada á la
Guaira deberá fijarse el 10 de Diciembre de
1810, y no el 5 como lo asegura la mayoría
de los historiadores.
En prueba de ello, lié aquí la carta dirigida
por el Señor Juan G. Boscio, ministro de rela-
ciones exteriores en Caracas, al general Mi-
randa, en respuesta á la que este le escribió
participándole su regreso. Este documento con-
32 BOLÍVAR
tradice muchas de las apreciaciones históricas
hechas hasta hoy con referencia á las dificul-
tades que, según se asegura, tuvo el gobierno
de Caracas para recibir á tan digno huésped.
Acaba de recibir' S. A. con el Oficio de Vd. de 10 del
corriente los despachos de cuya dirección se encargó
Vd. en Londres, Curacao y abordo del bergantin Argos.
Al instruirse de dicho oficio, S. A. ha tenido presente
igualmente el otro que Vd. remitió desde Londres el 3 de
Agosto último. Uno y otro no respiran más que amor
á la Patria; y esta virtud de que Vd. manifiesta estar pro-
fundamente penetrado, su concepto público, sus anti-
guas negociaciones en favor de la América, y las parti-
culares recomendaciones que han hecho en fayor de
Vd. los Comisionados de S. A. en Londres, D. Luis López
Méndez y D. Simón de Bolívar, han recibido de S. A. el
correspondiente permiso para que Vd. pueda pasar á
esta Ciudad con la brevedad que guste.
Al entrar en esta Ciudad, Vd. desconocerá sin duda
la Patria de quien se separó en años pasados. Entonces
ella estaba oprimida y degradada por el despotismo y
la tiranía : las bendiciones que el Cielo había prodigado
sobre estos países, eran infructuosas bajo el influjo de
unos enemigos de la humanidad, y cada Ciudadano
aislado al parecer entre sus propias paredes, apenas
podía consultar por su tranquilidad. Es muy distinta al
presente la perspectiva que esta misma Patria ofrece á
las miras de Vd. Á la antigua tiranía ha sucedido un
Gobierno, cuyo único objeto es la felicidad de los
BOLÍVAR 33
Pueblos que le están ú cargo: no hay mejora que no se
procure emprender; y cada ciudadano, intimamente
persuadido de que sus primeros deberes son hacia la
Suciedad, no es su propio interés, sino el bien común el
que solicita en todas sus acciones.
Vd. va á aumentar ei número de estos : y cuanto
mayores son las ventaja- que han proporcionado á Vd. la
ilustración, la experiencia y el conocimiento de las
Cortes extrangeras, tanto más son las obligaciones que
Vd, ha contraído en favor de un país que le vio nacer, y
que ahora lo recibe. Tales son las esperanzas que el
Pueblo de Caracas ha concebido al saber la llegada de
Vd ; y S. A. concediéndole el permiso que Vd. solicita
para venir á esta Ciudad, cree que serán realizadas. A
este efecto y de su orden superior lo comunico á Vd.
para su inteligencia.
Dios gue á Yd. m8 a8. Caracas Diciembre 11 de 1810.
Juan G. Roscio.
Señor D. Francisco Miranda.
Y si algo faltara para comprobar lo dicho y
esclarecer los proyectos del general Miranda,
la siguiente carta que dirigió al Gobierno
Británico desvanece no sólo aquella duda, sino
también algunas otras que tienen relación con
el infortunado General.
34 BOLÍVAR
Caracas 7 de Enero de 1811.
Al nobilísimo Marqués de Wellesley.
De conformidad con mi correspondencia escrita y
verbal con V. E. acerca del estado político de Sur-Amé-
rica, y particularmente de la provincia de Venezuela,
salí de Inglaterra el 40 de Octubre, llegué á Barbada
el 19 de Noviembre, á Curasao el 28 del mismo y desem-
barqué en la Guaira el 10 de Diciembre último. El Go-
bierno y pueblo de Venezuela me recibieron con gran
júbilo, amistad y afecto, confiriéndome en el acto re-
compensas civiles y militares. Por estos medios espero
ejercer la influencia requerida con el objeto de promo-
ver los intereses de la Gran Bretaña de un modo compa-
tible con la prosperidad y seguridad de estas provincias.
Á mi llegada á esta Capital comuniqué al Gobierno
las miras y deseos del de S. M. B. con respecto á la
seguridad de estas provincias, y al apoyo que ellas de-
bían al mismo tiempo dar á la causa española en la
península. Encontré sus sentimientos en perfecto acuerdo
con las miras de V. E. y no dudo que proseguirán en la
misma línea de conducta moderada, que se ha obser-
vado hasta hoy, á pesar de las provocaciones y del vio-
lento proceder de los Agentes de la Regencia española
en Puerto- Rico, sin los cuales no habría ocurrido distur-
bio alguno en Coro ni en Maracaibo, ni en esta Capital,
donde sus maquinaciones obligaron al Gobierno á tomar
violentas medidas muy agenas á sus deseos y al espíritu
de conciliación que estaban siguiendo ; se han reparado
ya los daños y nada turbará, así lo espero, la tranquili-
dad de que se disfruta en esta Capital.
BOLÍVAR 35
El muy honorable Nicolás Wansittart, como dije
á V. E. es mi apoderado; y como mi patria me ha com-
ferido ya cargos militares incompatibles, según lo con-
cibo, con cualquier emolumento extrangero, suplico
á V. E. se sirva disponer el ajuste de mi pensión de
conformidad con el memorándum que dejé cuando salí
de Inglaterra, reiterando mis más sinceras gracias al
Gobierno Británico, por el apoyo y pensión que me con-
cedió, mientras mi residencia en Inglaterra fué necesaria
con el fin de promover la emancipación y proteger los
intereses de las colonias Sur-Americanas.
En carta particular á Sir Richard Wellesley he men-
cionado algunas circunstancias relativas al interior de
la provincia de Caracas y al limítrofe reino de Santa
Fé de Bogotá. Si los hechos allí referidos interesan de
algún modo á V. E, puede tenerlos como ciertos.
Con el mayor respeto y la más alta consideración
quedo de V. E., Milor, su muy obediente y humilde
servidor.
Francisco de Miranda.
Hemos copiado esta carta, así como los
documentos insertos anteriormente, en los ar-
chivos de Londres, con la generosa venia del
gobierno británico.
III
No terminó el año de 1810 sin aconteci-
mientos de alguna gravedad. Casi todas las
provincias de Venezuela secundaron el movi-
miento de Caracas ; pero las de Guayana, Coro
y Maracaibo pretendieron contrarrestarlo con
las fuerzas militares de que disponían. Esta
resistencia contribuyó poderosamente á fo-
mentar la reacción en el sentido español, y á
encender en el ánimo de los patriotas y auto-
res del movimiento iniciado en 19 de Abril, el
deseo de llegar á la verdadera fórmula de la
revolución, ó sea á la independencia de Ve-
nezuela.
BOLÍVAR 37
En esta misma sazón llegó á Caracas la
noticia de las horribles matanzas llevadas á
cabo en Quito por las Autoridades españolas.
Sesenta personas, muy notables algunas, con-
tra las cuales se procedió enjuicio de conspi-
ración, fueron degolladas impíamente en la
prisión, y profanados sus cadáveres por la
tropa que ejecutó el crimen.
Este infame atentado que causó general
«hielo en Caracas, bien al contrario de desani-
mar á los patriotas, pintó más al vivo en su
imaginación el deseo de tomar represalias. En
la pira de la guerra, á medio arder, fueron
arrojadas una á una las pasiones del encono y
de la venganza. España contribuyó á fomen-
tar el incendio porque la Regencia de Cádiz,
al saber lo ocurrido, declaró rebeldes é in-
surgentes á los venezolanos y decretó el blo-
«meo de la provincia de Caracas, enviando á
I). Antonio Cortabarría con facultades omní-
modas....
Por entonces había ya corrido sangre en
varios puntos de Venezuela. Las fuerzas espa-
ñolas, estacionadas en Coro al mando de Ge-
38 BOLÍVAR
ballos, fueron atacadas con buen éxito por las
fuerzas venezolanas al mando de Toro. Las
de Miyares, que desde Maracaibo llegaron en
auxilio de Geballos, fueron también derrotadas.
Á este punto de la revolución se restituye-
ron á Venezuela Bolívar y Miranda. El pueblo
recibió á este con entusiasmo indescriptible, y
la Junta le nombró en el acto Teniente Gene-
ral. Su presencia en el país fué motivo de plá-
cemes y de confianza en el ánimo de los pa-
triotas todos.
Se hacían elecciones generales en Venezuela
con el fin de constituirla legalmente. Miranda
fué nombrado Diputado. El Congreso nacional
se instaló el 2 de Marzo de 1811, y uno de sus
primeros actos fué organizar el Poder Ejecu-
tivo á cargo de tres Ciudadanos eminentes,
los señores Padrón, Escalona y Mendoza.
El desempeño de su misión era para estos
Gobernantes extremadamente difícil, porque
Bolívar y Miranda habían constituido una
sociedad patriótica, compuesta de los más exal-
tados partidarios de la independencia ; en el
campo realista cundía la alarma y era cada vez
BOLÍVAR 39
menos hacedera la comedia del Gobierno en
nombre de Fernando Vil. De necesidad era
trazar una línea divisoria entre aquella primera
etapa de la revolución y las venideras, y á
ello contribuyeron principalmente Miranda y
Bolívar por medio de la Sociedad patriótica.
Los realistas imitaron á sus adversarios tra-
tando, bien que sin fruto, de restablecer el
perdido poderío. En Cumaná pretendieron
infructuosamente apoderarse de una fortaleza.
En Guayana quemaron y pusieron á saco el
pueblo de Cabruta. Á poco andar, la situación
se hizo tan difícil, que no fué posible prolon-
garla, y el Congreso Nacional se decidió á pro-
clamar la Independencia de Venezuela. Esto
ocurrió el 5 de Julio de 1811.
En esta fecha memorable fué completa-
mente desconocida la Autoridad de España en
Venezuela, y llamada ésta á constituirse en
Nación soberana é independiente, pudiendo
adoptar la forma de Gobierno que más le
conviniera.
Esta declaración lanzada en son de reto,
hizo que los realistas no perdieran tiempo en
40 BOLÍVAR
conspirar abiertamente contra el nuevo orden
establecido. Un movimiento que, dirigido por
varios isleños de Canarias se inició poco des-
pués en las cercanías de Caracas, fué sofocado
sin hacer uso de las armas.
Otro de mayor importancia ocurrió en Va-
lencia. Esta vez fué preciso combatir, y las
tropas republicanas, al mando del general
Miranda, entraron á fuego y sangre en aquella
(andad, después de vencer la obstinada resis-
tencia de los enemigos quienes se rindieron á
discreción. Esta campaña costó al Gobierno
Republicano más de 800 muertos y 1,500 he-
ridos. Bolívar se distinguió en el combate.
Muy censurado fué entonces el propósito de
los venezolanos de llevar á cumplido término
la independencia que acababan de proclamar.
En España particularmente, se les calificó de
ingratos, rebeldes, malvados y otros epítetos
no menos afrentosos, ora en documentos
oficiales emanados del Gobierno, ora en obras
y palabras de los más eruditos escritores. Gran
desastre era ciertamente para España la pér-
dida de sus colonias de América ; pero el he-
BOLÍVAR 4!
cho, juzgado á conciencia era lógico y fatal, é
inevitable sn realización en el orden providen
cial de los humanos sucesos.
Las Colonias tienen siempre una secreta
aspiración á la independencia ; más intensa,
mientras más grandes y ricas. Así como en el
mundo de la familia el hijo desea la mayoría
para emanciparse de la patria potestad, así en
el mundo de las naciones las Colonias desean
tener una patria propia y gobernarse por sí
mismas.
La sociedad civil ha fijado en sus Códigos la
edad en que por ministerio de la ley queda
relajada la autoridad paterna ; pero las socie-
dades políticas no han podido someter á reglas
sn dominación colonial. Los Gobiernos sabios
y previsores, como el de la Gran Bretaña,
otorgan á sus Colonias los mismos derechos
y regalías que disfrutan los Ciudadanos de la
Metrópoli. Este sistema ofrece la ventaja de
retardar, por lo menos, la época de la eman-
cipación. España procedió en América tic un
modo muy inconsulto, convirtiendo sus ricas
Colonias en patrimonio de mandatarios venales.
42 BOLÍVAR
En cuanto á la independencia de Venezuela,
el hecho no solamente fué legítimo si que tam-
hién inevitable. El sufrimiento de los venezo-
lanos había llegado á su colmo. Allí no se per-
mitía la instrucción, ni se toleraba la imprenta,
ni se concedía la lectura de libros ; el comer-
cio era privilegio exclusivo de los peninsulares,
así como también la industria ; los desdicha-
dos colonos apenas tenían permiso para culti-
var sus campos, bajo innumerables restric-
ciones y tributos, y debían invertir el tiempo
en oir pláticas y sermones en honra y enalte-
cimiento de los Reyes de España.
Para disfrutar de algunas garantías en sus
personas y bienes, los venezolanos tenían que
prosternarse ante sus señores, y adular tam-
bién á sus subalternos, por despreciables que
fueran ; pues no habia más ley que la volun-
tad del tirano. La muerte era preferible á ta-
maña servidumbre.
La nación que no habia consentido que
en Caracas se constituyera una Junta en favor
de Fernando Séptimo, mucho menos podía
soportar que aquel pueblo se declarara inde-
BOLÍVAR 43
pendiente. La base de la reacción existía ya en
el país, como liemos dicho anteriormente. Tres
provincias resistían. Nuevos auxilios al mando
del Brigadier Gagigal habían llegado á Coro, y
con ellos resolvió Ceballos emprender una cam-
paña en el interior de Venezuela. En su tropa
había un oficial llamado D. Domingo Monte-
verde, nativo de Canarias, tan ignorante como
presuntuoso y fiero. Con una fuerza que Ce-
ballos le confió, á veces siguiendo sus órde-
nes, á veces desobedeciéndolas, aquel hombre
tuvo la buena suerte de penetrar en el corazón
del país.
Á tiempo que este fatídico personaje al-
canzaba tales triunfos, ocurrió en Venezuela
un suceso que por su gravedad y consecuen-
cias bastaba para aniquilar la causa de la Re-
volución .
El 26 de Marzo de 1812, á las cuatro y siete
minutos de la tarde, sintióse el espantoso te-
rremoto que destruyó una gran parte de , Ve-
nezuela, particularmente las ciudades de Cara-
cas, La Guaira, San Felipe, Barqnisimeto y
Mecida : no sólo quedaron destruidas muchas
44 BOLÍVAR
ciudades y sepultados bajo las ruinas sus habi-
tantes, sino que los pocos que sobrevivieron á
tan horrible catástrofe, apenas pudieron pensar
más que en salvarse.
De este desastre salió ileso Monteverdo,
quien aprovechando el momento para prose-
guir su marcha, y desenterrar pertrechos de
guerra, logró ocupar la ciudad de San Carlos
después de haber vencido las fuerzas republi-
canas que pretendieron impedirle el paso.
El Congreso Venezolano reunido en Valen-
cia, concedió facultades omnímodas al Go-
bierno para que hiciera frente á la situación.
Este las delegó en el Marqués del Toro, y
como no aceptara fué nombrado para reem-
plazarle el general Miranda, con el carácter de
Generalísimo, título que prefirió al de Dictador.
Varias provincias, en el estupor de la desgra-
cia, creyendo que el terremoto era castigo del
Cielo por haberse rebelado contra su amado
Fernando VII, se adhirieron al punto á la
causa realista .
Casi todos los pueblos son supersticiosos,
pero especialmente los dotados de imagina-
BOLÍVAR i.;
cion ligera y ardiente, ó sumidos como el de
Venezuela, en aquella época, en la más com-
pleta ignorancia.
¡ Con tan pobres elementos debía contar el
General Miranda para alcanzar la indepen-
dencia de su patria !
Como militar de consumada pericia, hizo
cuanto pudo, reclutando y armando hombres.
y estableció su Cuartel general en Maracay.
Fué una de sus principales disposiciones ase-
gurar la Plaza y fortaleza de Puerto-Cabello
con el jefe y tropa de más confianza, y para
ello nombró á Bolívar comandante general.
Vanos esfuerzos, porque Monteverde, te-
niendo segura su retaguardia con la adhesión
de las provincias occidentales, avanzó alcan-
zando parciales triunfos sobre los republicanos,
hasta acantonar en el pueblo de San Mateo.
Miranda retrocedió con su ejército colecticio á
La Victoria; pero sabiendo que el enemigo
carecía de pertrechos, antes de comprometer
un combate formal, ordenó que fuese tiroteado
por Las avanzadas consecutivamente cada día,
hasta obligarlo á rendirse, puesto que le era
46 BOLÍVAR
imposible recibir elementos de guerra de Coro,
distante 80 leguas de aquel lugar.
La fatalidad había dispuesto las cosas de
otra manera, y el 30 de Junio de aquel año se
sublevó la fortaleza de Puerto-Cabello, enar-
bolando en el acto el pabellón de Castilla. Un
oficial indigno, seguido de los presidiarios y de
los reos políticos que allí estaban encerrados,
efectuó con buen éxito aquel movimiento.
Bolívar que era el Jefe militar de la plaza,
hizo cuanto pudo por someter los rebeldes,
pero sin resultado alguno. Disputó la ciudad y
sus alturas á viva fuerza, buscó la muerte por
doquiera ; pero abandonado por la tropa y
extenuado después de cinco dias de combate y
fatigas, embarcóse para La Guaira, seguido
apenas de algunos oficiales de su Estado
mayor.
Las cartas que ahora insertamos referentes
á tan triste suceso, ven por primera vez
la luz pública. Durante setenta y un años han
permanecido secretas en el importantísimo Ar-
chivo que dejó el general Miranda, y que
poseemos hoy.
BOLÍVAR 47
Más tarde publicaremos por separado otros
documentos de más importancia llamados á
esclarecer ciertos hechos históricos que esta-
ban envueltos en las sombras de la duda y
de las conjeturas.
Las dos cartas que Bolívar dirigió á Miranda
al llegar á Caracas, son dignas de la más com-
pleta admiración : revelan el militar pundono-
roso, honrado y valiente, en lucha contra el
infortunio y la adversidad de los humanos
sucesos. No pueden leerse estas cartas sin ex-
perimentarse una emoción profunda.
« ¡ La patria se ha perdido en mis ma-
nos!... » exclama Bolívar, presa del desa-
liento. ¡Y era él quien debía salvarla más
tarde, y ser el verdadero padre de la patria y
el fundador de la República é Independencia
de casi todo un continente !
Caracas 12 de Julio de 1812.
Mi General. Después de haber agotado todas mis fuer-
zas físicas y morales ¿con qué valor me atreveré á tomar
la pluma para escribir á V. habiéndose perdido en mis
manos la Plaza de Pt0 Cabello ? Mi corazón se halla des-
48 BOLÍVAR
trozado con este golpe aún más que el de la Provincia.
Esta tiene la esperanza de ver renacer de en medio de
los restos que nos quedan su salud y libertad : sobre
todo P10 Cabello no espera más que ver parecer el ejér-
cito de Venezuela sobre Valencia para volverse á noso-
tros; pues nada es más cierto que aquel pueblo es el más
amante á la causa de la Patria, y el más opuesto á la
tiranía española. Á pesar de la cobardía con que al fin se
han portado los habitantes de aquella ciudad, puedo
asegurar que no por eso han cesado de tener los mismos
sentimientos. Creyeron nuestra causa perdida por que
el ejército estaba distante de sus cercanías.
El enemigo se ha aprovechado muy poco de los fu-
siles que teníamos allí pues la mayor parte de ellos los
arrojaron á los bosques los soldados que los llevaban, y
los otros quedaban muy descompuestos : en suma
creo que apenas lograrán doscientos por todo.
Espero se sirva V. decirme qué destino toman los
oficiales que han venido conmigo. Son excelentísimos,
y en mi concepto no los hay mejores en Venezuela. La
pérdida del Coronel Jalón es irreparable, valía él solo por
un ejército.
Mi General : mi espíritu se halla de tal modo abatido que
no me hallo en ánimo de mandar un solo soldado : pues
mi presunción me hacía creer que mi deseo de acertar, y
el ardiente zelo por la Patria suplirian en mí de los ta-
lentos de que carezco para mandar. Así ruego áV. ó que
me destine á obedecer al más Ínfimo oficial, ó bien que me
dé algunos dias para tranquilizarme y recobrar la sereni-
dad que he perdido al perder á Pt0. Cabello : á esto se
añade el estado físico de mi salud que después de trece
noches de insomnio, de tareas y de cuidados gravísimos,
BOLÍVAR 49
me hallo en una especie de enagenamiento mortal. Voy á
comenzar inmediatamente el parte detallado de las opera-
ciones de las tropas que mandaba,)- de las desgracias que
han arruinado la ciudad de Pt0. Cabello, para salvar en
la opinión pública la elección de V. y mi honor. Yo hice
mi deber, mi General, y si un soldado me hubiese que-
dado, con ese habría combatido al enemigo. Si me aban-
donaron no fué mi culpa. Nada me quedó que hacer
para contenerlos, comprometerlos á que salvasen la
Patria; pero; ah! ésta se ha perdido en mis manos.
De su subdito.
S. Bolívar.
Caracas 14 de Julio de 1812.
Mi general : lleno de una especie de vergüenza me tomo
la confianza de dirigirá usted el adjunto parte, que ape-
nas es una sombra de lo que realmente ha sucedido.
Mi cabeza y mi corazón no están para nada. Así, suplico
á usted me permita un intervalo de poquísimos dias
para ver si logro reponer mi espíritu en su temple ordi-
nario.
Después de haber perdido la mejor plaza del Estado,
¿cómo no he de estar alocado, mi general?
¡ De gracia, no me obligue usted á verle la cara I Yo
no soy culpable, pero soy desgraciado y basta.
Soy de usted, con la mayor consideración y respeto, su
apasionado subdito y amigo que
B. S. M.
Simón Bolívar.
4
50 BOLÍVAR
P. D. — Todavía no han llegado aquí los oficiales que
vinieron conmigo.
S. Gmo D. Feo Miranda.
Hé aquí el parte original dirigido por Bolívar
á Miranda en su cuartel general y firmado de
su puño y letra, conforme con el borrador que
aparece publicado en las Memorias del General
O'Leary. Muy plausible y digna de elogio es
la intención que guió la pluma del distinguido
publicista Guzman (Antonio Leocadio) al escri-
bir con motivo de estos sucesos el notable folle-
to publicado en Caracas en Agosto de 1876.
Pero contiene errores históricos que deben ser
rectificados, pues ni el suceso ocurrió el 29 de
Junio, como lo asegura el escritor, ni los partes
que ha consultado para referirlo son autén-
ticos.
Honorable Generalísimo,
Cumpliendo con mi deber tengo el dolor de haceros
una relación circunstanciada de los sucesos desgraciados
que han obligado á la Plaza de Puerto-Cabello á
sucumbir.
BOLÍVAR ol
Hallándome en mi posada á las doce y media de la
tarde el día 30 del próximo pasado, llegó apresurada-
mente el teniente Coronel Miguel Carabaño, á darme la
noticia de que en el Castillo de San Felipe se oía un
ruido extraordinario, y se había levado el Puente, según
se le acababa de informar por una mujer. Que el Coro-
nel Mires había ido inmediatamente á saber la novedad
que ocasionaba aquellos movimientos. Aún no habia
bien llegado al Castillo dicho Oficial, cuando se le intimó
desde lo alto de la fortaleza que se rindiese, ó se le
haría fuego : á lo cual respondió con la negativa, y
revolviéndose hacia el bote que le había conducid» i allí,
se reembarcó y volvió á la Plaza.
Inmediatamente después de este acontecimiento em-
pezó el fuego del Castillo sobre la ciudad, enarbolando
una bandera encarnada, y victoreando á Fernando 7o.
Un momento antes de comenzar el fuego habia venido
á mi casa el Comandante del Castillo Teniente Coronel
Ramón Aymerich, á quien pregunté qué novedad era
aquella que sucedía en el Castillo, y me respondió igno-
rarla : entonces supe que el Oficial destacado allí, era el
Subteniente del batallón de Milicias de Aragua, Francisco
Fernandez Vinony, el cual, de acuerdo ó seducido por
los presidiarios y reos de Estado que estaban en aquella
fortaleza, se habría sublevado para cooperar con las
fuerzas del enemigo. En consecuencia, mandé reunir
todas las tropas que se hallaban dentro de la Plaza, y al
mando del Coronel Mires, y Teniente Coronel Gara-
baño, tuvieron orden de cubrir los puestos mas avan-
zados hacia el Muelle y la fortaleza del Corito;así lo
ejecutaron y rompieron el fuego de artillería y fusi-
lería contra los rebeldes; el que fué suspendido poco
52 BOLÍVAR
tiempo después, por orden mía, con el objeto de
mandar al Castillo la intimación que consta bajo el N° 1.°
en que les ofrecía libertad, vida y bienes, á condición de
que le entregasen con todos los efectos y demás per-
trechos de guerra que en él se hallaban. Me contestó
según el N° 2.° que rindiese la Plaza; envíase á buscar
al G. Domingo Taborda ; entregase, interina el mando
(N.°l.°)Los reos, Oficiales, Cabos y soldados que actualmente se
hallan sublevados en el Castillo de San Felipe, pueden contar con
un perdón absoluto de vida y bienes bajo todas las seguridades que
puedan exigir para la evacuación del Castillo, y su marcha
adonde tengan á bien y deseen irse; con la condición de que en
el término de una hora hayan de entregar dicho Castillo con
todos los pertrechos y demás efectos de guerra que haya en él ;
en inteligencia de que no hacerlo asi y continúen en la obstinada
hostilidad que pretenden hacernos, serán pasados al filo de la
espada irrevocablemente dichos reos y delincuentes. Esta misión
no tiene otro objeto que el de salvar la sangre humana que
deberá correr si yo empiezo á hacer jugar mis baterias de las
Vijias y la Plaza.
Puerto Cabello, Junio 20 de 1812. Simón Bolívar. Á los indivi-
duos que actualmente se hallan en el Castillo de San Felipe.
(N.° 2.) El comandante del Castillo de San Felipe de la Plaza
de Puerto Cabello, ha hecho enarbolar el pabellón del Rey
nuestro Señor Don Fernando 7°, y como sus fieles vasallos pro-
meten defenderlo hasta derramar la última gota de sangre, ha
intimado la rendición de la Plaza al Comandante de ella, inteli-
genciado, que lo demás es una temeridad, y querer derramar
sangre inútilmente. Pide después de dicha entrega por Comandante
de la misma Plaza al C. Domingo de Taborda, despachando
inmediatamente á buscarle con un bote; y en el ínterin que venga
que quede por sustituto el C. Faustino Garcés; viniendo para
este convenio los Comandantes de la Plaza, Artillería y Cuerpo
veterano. Ciudadanos Simón Bolívar, Diego Jalón y Miguel
Carabaño.
Dios guarde á Vd. Ms. As. Castillo de San Felipe 30 de Junio
de 1812. Fancisco Fernandez Vinony. Ciudadano Comandante de
Puerto Cabello, Simón Bolívar.
B0L1VA1Í 53
al Teniente Coronel Garcés, y faese yo personalmente
en compañía del Coronel Jalón y Teniente Coronel Cara-
baño, a concluir aquel convenio en el Castillo.
Hice segunda intimación notificando á los sublevados
que si no cesaban sus fuego-, y se rendían en el término
de una hora, no tendrían después perdón, y serian pasa-
dos al filo de la espada : la contestación fué negativa,
en los mismos términos que la primera (N° 3.°).
Repetí tercera intimación (Xo 4.°) que no tuvo contes-
tación alguna, porque los fuegos de ambas partes se
cruzaban, y era ya de noche. Viendo la obstinada resis-
tencia de los reos, me determiné á batirlos con todas
las fuerzas que estaban á mi mando : para lo cual mar-
chó á la Vijía del Solano el Capitán Montilla, á relevar
al Teniente Coronel Garcés que la mandaba, con orden
de hacer fuego desde allí ; pero observando que no
alcanzaban, sino por elevación, y sin ningún acierto,
juzgué más conveniente hacerlo cesar para ahorrar las
municiones. Y después de haber tenido una conferencia
N.° 3.) Todo lo que no sea venir á este Castillo los Coman-
dantes nombrados en el primer Oficio es supérfluo tratarse, por
que todos los individuos de él están resueltos á perder su vida
untes de rendirse, y por lo que respecta á cesar los fuegos, se
verificará en el momento que se rinda la Plaza ó suspenda los
suyos y toda operación militar, y vengan acá los sujetos nom-
brados.
Dios guarde áVd. Ms. As. Castillo de San Felipe; 30 de Junio
de 1812. Francisco Fernandez Vinuny ; Señor Comandante de la
Plaza. D. Simón Bolívar.
(N.° 4) Yo cesaré el fuego cuando Vds. capitulen, y entonces
les concederé la vida, y la libertad.
Puerto-Cabello 30 ile Junio de 1S12. Simón Bolíyar. Señor
Comandante del Castillo de San Felipe.
.54 BOLÍVAR
con Garcés, lo devolví á su destino, por haberlo hallado
en mi concepto inocente, y más que todo, porque su
popularidad y gran crédito entre la clase de Pardos, lo
hacían temible si se le hacía el ultraje de quitarle el
mando y desconfiar de él como sospechoso; y en este
caso no me quedaba recurso alguno para sostener la
Plaza, pues los únicos que la defendían eran pardos.
El bergantín Zeloso, bajo los fuegos del enemigo,
salió del Puerto con la mayor bizarría, y aunque con
algún descalabro lo salvamos. El Bergantín Argos se
sostuvo por nosotros á pesar de los repetidos cañonazos
que le tiraron, y la marinería á nado vino a tierra. El
Comandante del Apostadero, C. Juan Bautista Marti-
nena, fué sorprendido á bordo de su buque, y condu-
cido al Castillo, donde permanece preso con la mayor
severidad.
La goleta Venezuela, la tomaron, y llevaron parte
de la marinería al Castillo.
Toda la noche del día 30 hubo un combate el más
obstinado de artillería y fusilería entre el Castillo y
nuestras baterías; éstas estaban cubiertas de nuestras
tropas que se portaron con un valor extraordinario ; y
en particular el Teniente Coronel Carabaño y el Capi-
tán Granados que fué muerto de un tiro de metralla,
como también varios cabos, sargentos y soldados.
La causa que tuvo, según las conjeturas, el subte-
niente Vinony para vender la fortaleza, fué hallarse
quebrado de los fondos de su compañía, por una parte,
y la seducción de mando ó riqueza que esperaba este
traidor por recompensa de su felonía, luego que los reos
de Estado estuviesen en libertad, y su paisano Monte-
verde se apoderase de la Plaza.
BOLÍVAR 55
Este Oficial, indigno de serlo, es un hombre de una
conducta detestable, sin honor y sin talento. Yo igno-
raba todo esto. El Comandante del Castillo Ramón
Aymerich que vivía en él, es inculpable ; además de ser
un oficial de honor é inteligencia, es tan prolijo en el
cumplimiento de sus deberes, que es dudoso se halle
otro alguno tan capaz de gobernar el Castillo de San
Felipe con el celo y vigilancia que él : este había sido
su destino mucho tiempo antes, y lo desempeñaba á
toda satisfacción, como es notorio.
En cuanto á haber acopiado en el Castillo víveres para
subvenir á la manutención de trescientos hombres para
tres meses, es claro que nada era más indispensable que
esta medida, para en caso que fuese sitiado como no era
imposible en el estado actual de las cosas.
El haber almacenado la mayor parte de la pólvora en
dicho Castillo, era de igual necesidad, porque en los
almacenes que se bailaban fuera de la Ciudad no estaba
segura, y por esta razón la había mi antecesor transpor-
tado á la goleta Dolores, que tampoco presentaba más
seguridad; sobre todo, cuando el Comandante Martinena
me ofició repetidas veces que la pólvora iba á perderse
totalmente porque la goleta hacía agua.
El resto de las municiones han tenido siempre sus al-
macenes en el Castillo, como el puesto más seguro y
retirado del enemigo.
A las dos de la tarde del mismo día 30 os di el primer
parte de este acontecimiento. (N.° 5). Á las tres de la
;.V. 5.) A la una de la tardo se han apoderado del Castillo de
San Felipe un Oficial infidente con la tropa de su mando y todos
los reos que allí se encontraban; han roto un fuego terrible sobre
fsta Ciudad : en el Castillo se encuentran 1,70U quintales de
56 BOLÍVAR
mañana os di el segundo, repitiéndoos lo mismo que en
el anterior (N.° 6).
El día 1.° de Julio el enemigo continuó sus descargas
de artillería y fusilería contra la Ciudad, del modo más
terrible y mortífero, causando tantos estragos en las
casas y habitantes, que arrebatados estos de un terror
pánico, hombres, mujeres, niños y ancianos, empezaron
á abandonar sus hogares, y fueron á refugiarse á los
campos distantes.
Dos marineros del bergantin Argos mandados por
nosotros le cortaron los cables, y vararon hacia nuestra
Costa, con el doble objeto de aprovechar sus pertrechos
y cuanto fuese útil, y así evitar que el enemigo se apo-
derase de él : pero apenas vieron estos perdida la espe-
pólvora y casi toda la artillería y municiones de esta Plaza : esta
padece sumamente, sus casas son derribadas, y yo trato sin
víveres ni municiones defenderla hasta el extremo. Los marineros
de los buques, forzosamente han pasado al Castillo, y él se hace
temible : espero que á la mayor brevedad me enviéis cuantos
recursos estén á vuestro alcance, y que me socorran antes que
sea destruido.
Puerto-Cabello, Junio 30 de 1812. Simón Bolívar. Honorable
Generalísimo.
(N.° 6.) H. G. Ahora que son las tres de la mañana os repito
como un Oficial indigno de serlo con la guarnición y los presos
se han sublevado en el Castillo de San Felipe, y han roto un
fuego desde la una de la tarde sobre esta Plaza : en el Castillo
están casi todos los víveres y municiones, y sólo hay fuera diez y
seis mil cartuchos : la goleta Venezuela y el Comandante Marti-
nena han sido apresados, los demás buques se hallan bajo sus
fuegos como bajo los mios, y solamente el Zeloso se ha salvado
muy estropeado. Debo ser atacado por Montevcrde, que ha oido
ya los cañonazos; si vos no le atacáis inmediatamente, y lo derro-
táis, no sé cómo pueda salvarse esta Plaza, pues cuando llegue
este parte debe él estar atacándome.
Puerto Cabello, 30 de Junio de 1S12. Simón Bolívah.
BOLÍVAR 57
ranza de tomarlo cuando empezaron á cañonearlo con
mucha frecuencia; y al cabo de dos horas de hacerle
fuego, lograron acertarle uñábala roja que incendián-
dolo lo voló y convirtió en cenizas; produciendo un
temblor tan universal en la ciudad, que rompió la
mayor parte de los cerrojos de las puertas de las casas,
y rindió muchas de ellas : de cinco marineros que esta-
ban extrayendo los efectos del Argos, dos se salvaron, y
tres perecieron.
El Capitán Camejo que se hallaba á la cabeza de
120 hombres en el destacamento del Puente del Muerto,
se pasó con toda su tropa y oficiales en este día á Valen-
cia, seducido por Rafael Hermoso, oficial de Contaduría,
que la noche antes habia desertado de la Plaza, y fué á
llevar al enemigo la noticia del suceso del Castillo.
En todo el día 1.° estuve combinando la operación
única que podía hacernos dueños del Castillo, y era la
de asaltarlo con 300 hombres, por la parte del Horna-
veque que es la más accesible : pero la dificultad de
buques menores para transportar los soldados, fué mi
obstáculo invencible; y no obstante, el entusiasmo que
tenían las tropas y los patriotas en aquel momento, no
pude aprovecharlo por el indicado inconveniente.
El dia 2 los insurgentes siguieron siempre sus tiros de
artillería, aunque con menos fuerza que los anteriores;
pero el terror que infundió en los habitantes el fuego
destructor del Castillo, los acobardó de tal modo, que
en este día desapareció lodo el mundo de la ciudad, no
quedando en ella, arriba de doscientos hombres de la
guarnición, y rarísimos paisanos.
Conociendo la importancia de retener á los habitantes
de la ciudad, y contener la deserción de las tropas, tomé
S8 BOLÍVAR
desde el principio todas las medidas de precaución que
puede dictar la prudencia : primeramente, puse guar-
dias en las puertas de la ciudad ; mandé patrullas fuera
de ella á recoger los que se refugiaban en los campos :
oficié á la Municipalidad y Justicias para que cooperasen
á esta medida, comprometiéndolos fuertemente : rogué
á los Párrocos exhortasen á sus feligreses para que vinie-
sen al socorro de la Patria; mas todo inútilmente porque
desde el Venerable P.e Vicario hasta el más humilde
esclavo, todos la abandonaron, y olvidándose de sus
sagrados deberes, dejaron aquella ciudad casi en manos
de sus enemigos.
Los soldados, afligidos al verse rodeados de peligros,
y solos en medio de ruinas, no pensaban más que en
escaparse por donde quiera; así es que los que salian en
comisión del servicio no volvían, y los que estaban en
los destacamentos se marchaban en partidas.
El día 3 no ocurrió novedad particular, excepto la de
baber recibido un Oficio (N° 7) del Alcalde de i.a elección
en que solicitaba una Junta para tratar sobre los acon-
tecimientos del día, con el objeto real de comprome-
terme á capitular con el enemigo, según me insinuó el
(N°. 7.) Conviene á la felicidad de esta ciudad y á nuestro
propio honor, el que tengamos una Junta do rabudo el día de
hoy para tratar sobre las extraordinarias ocurrencias que ha
habido desde el 30 de Junio próximo, en cuya inteligencia he
mandado citar los miembros de la Municipalidad para esta tarde
á las tres, debiendo reunirse en la Casa del C. Pedro Herrera
como más segura di' los fuegos que hacen del Castillo de San
Felipe, y espero os sirváis asistir á dicha Junta, pues debe deter-
minarse el asunto con vuestro acuerdo.
Dios os guarde Ms. As. Puerto-Cabello Julio 3 de 1812. José
Domingo Goneu.. C. Comandante. Político y Militar de esta Plaza.
BOLÍVAR b!>
mismo Alcalde y .algunos Regidores; aloque contesté,
que primero sería reducida la ciudad á cenizas, que
lomar partido tan ignominioso, añadiendo que jamás
había tenido tantas esperanzas de salvar la ciudad,
como en aquel momento en que acababa de recibir noti-
cias favorabilísimas del ejército, y que el enemigo había
sido batido en Maracay y San Joaquín; y para más
apoyar esta ficción, hice publicar un boletín anunciando
c<tas noticias, haciendo salvas de artillería y tocando
tambores y pífanos, para elevar de ese modo el espíritu
público que se hallaba en abatimiento extremo. Logré
mi tanto mi designio, y si' concibieron por entonces
esperanzas de salud.
El día i los insurgentes redoblaron sus fuegos para
atemorizarnos en aquel mismo día en que ellos espera-
ban nos atacasen los Corianos; así sucedió por la parte
del Puente del Muerto, camino de Valencia, en donde
estaba un destacamento nuestro de cien hombres á las
órdenes del Coronel Mires, el cual rechazó al enemigo
y persiguió victoriosamente hasta donde estaba su
cuerpo de reserva, que reforzado entonces en número
muy superior al de los nuestros, obligó al Coronel Mires
á retirarse al Portachuelo, á distancia de una milla de
la ciudad, en donde le mandé detener y esperar soco-
rrosde municiones y tropas; en esta acción, la pérdida
fué igual de ambas partes, y nuestros soldados se por-
taron con valor.
Yo mandé en este día aumentar las municiones de
boca y guerra de todas las alturas, con el linde hacer
• ■n ellas una obstinada defensa, en el caso extremo de
no poder defenderme dentro de la ciudad, como era
muy probable, porque ya la guarnición apenas mon-
60 BOLÍVAR
taba á ciento cuarenta y un hombres (N.° 8), como
consta por este documento, porque la defensa que debía-
mos hacer contra los Corianos era precisamente en la
batería de la Princesa, bañada por los fuegos del Cas-
tillo, y consiguientemente atacada por la espalda como
el frente.
El mayor inconveniente que presentaba la defensa
dentro de la ciudad, era la carencia de agua, que habría
sido absoluta, porque los enemigos, apoderándose del
río, nos impedirían el tomarla; y no pudiendo recurrir
al pozo del Castillo, no habría otro partido que rendir
la Plaza ó morir de sed ; pues el expediente de hacer
excavaciones para extraer agua, no es adaptable en
Puerto Cabello, porque estando la ciudad á nivel del
mar, el agua es impotable.
(jS'°. 8.) Estado que manifiesta la Fuerza con que se halla la
cortina de la Plaza de Puerto Cabello.
PUESTOS. 0fics. Sar,?\ Tamb"
Casa del Capitán del Puerto. 1 » »
Artillería. n 1 »
Id. 2° cañón. . » » »
Infantería 3er punto » 1 »
Cortina de la izquierda. » » »
Infantería del Corito.... » » »
Artillería 1 » »
Id. de la Factoría i 1 >.
Casa de Dn. Gaspar 1 2 i
Hospital, punto de la iz-
quierda 1 1 »
Artillería » 1 »
Total 131
Señor Comandante. Ochenta y un infantes tiene la guarnición
de Murallas para dentro. Jal'»-.
Cabs.
Solds.
Total.
1
¡j
6
2
8
11
1
7
8
2
12
lo
»
»
»
1
18
19
2
16
18
3
8
12
3
15
21
o
10
13
»
7
8
BOLÍVAR Gi
El día o el enemigo atacó el destacamento del Palilo
que estaba al mando del Subteniente Cortés, el que fué
totalmente derrotado, sin que escapase más que el ofi-
cial y cinco soldados sin armas. Esta novedad llenó de
consternación á los poquísimos soldados que me queda-
ban, no menos que á los Oficiales de la guarnición, como
que se hallaban cercados por todas partes y sin espe-
ranzas. Entonces yo, de acuerdo con los Coroneles Mires
y Jalón, determiné reunir el mayor número de tropas
que fuese posible, y atacar con ellas primero á los ene-
migos más inmediatos, y después á los que estaban más
distantes, para evitar así, si era posible, la reunión de
sus fuerzas totales en las avenidas de la ciudad, en
donde no era posible resistirlos por las razones que
tengo expuestas.
El Coronel Mires con el Coronel Jalón y Capitán Mon-
tilla tuvieron orden de marchar inmediatamente con dos-
cientos hombres á atacar al enemigo á San Esteban.
Allí encontraron un fuerte cuerpo de Corianos com-
puesto de infantería y caballería, el cual fué atacado
por nosotros, pero con tan desgraciado suceso, que á la
media hora de combate, sólo pudimos reunir siete hom-
bres porque los demás fueron muertos, heridos, prisione-
ros y dispersos, habiendo quedado el Coronel Jalón que
mandaba la derecha envuelto por los enemigos con el
corto número de soldados que le seguía, sin que haya-
mos podido tener noticia alguna de este benemérito y
valeroso Oficial, cuya pérdida es bien lamentable y
costosa,
Hallándose el Coronel Mires en esta cruel posición,
tomó el partido de retirarse á la Plaza con la guardia
que había dejado en el Portachuelo, y por orden mía
62 BOLIVAR
fué á situarse al fuerte del Trincherón, en donde había un
destacamento de treinta hombres, grande acopio de
pertrechos y municiones de boca y guerra, que anticipa-
damente había hecho almacenar allí para sostenerme en
aquel puesto hasta el exterminio, como el más propio
para ello, en razón de su fuerte situación y fácil comu-
nicación con el Puerto de Borburata, en donde estaban
anclados el bergantín Zeloso, las lanchas cañoneras, y
trasportes con víveres.
La ciudad quedó reducida á cuarenta hombres de
guarnición, y consiguientemente era imposible se sostu-
viese contra el Castillo, guarnecido de doscientos hom-
bres, y los destacamentos Corianos que cubrían ya las
avenidas de la Plaza. El número de estos destacamentos
no es fácil fijarlo porque sus avanzadas fueron las que
derrotaron nuestras partidas; más yo conjeturo que el
enemigo no excedería de quinientos hombres.
Las alturas estaban amunicionadas para sostener un
sitio de tres meses ; sobretodo, la Vijía de Solano que
es inexpugnable; sus fuegos, es verdad, son poco temi-
bles al enemigo, por ser demasiado fijantes : pero podría
servir de padrastro contra la Plaza, y favorable á noso-
tros cuando volvamos á tomar aquella ciudad. El Co-
mandante de estas alturas era el Teniente Coronel Gar-
cés, hombre reputado por un respetable C. y el corifeo
de los militares de laclase de Pardos : amado de estos.
y estrechamente ligado con los que se dicen Patriotas.
Por estas consideraciones, y el saber yo evidentemente
que si le despojaba del mando de aquel puesto, se au-
mentaría el embarazo en que me hallaba para defender
la Plaza, juzgué prudente continuarlo en él, en lugar de
quitárselo. Nada deseaba yo tanto como encerrarme en
BOLÍVAR 03
aquella fortaleza, para sepultarme entre sus ruinas ;
pero, ¿con qué tropas podría ejecutar revolución tan
gloriosa? No las tenía ; al contrario estaba rodeado de
soldados llenos de pavor, y consiguientemente prontos
á la infidencia y deserción. Tampoco era justo que diese
el mando á uno de los valerosos Oficiales que me sostu-
vieron hasta el fin ; pues habría sido un sacrificio tan
cruel, como perjudicial alas armas de Venezuela, por la
falta que nos haría cualquiera de ellos.
En la mañana deloya mi situación era tan desesperada
que nadie juzgaba pudiese mejorarse; y por esta caúsame
instaban de todas partes para que tratase de proporcio-
narme una retirada, aunque sólo fuese para mi persona y
la plana mayor (como consta del N° 9). Sin embargo mi
resolución no varió jamás un punto de batirme mien-
tras hubiese un soldado; para esto di orden al Mayor
de Plaza Campos, para que mantuviese el fuego y sostu-
viese la ciudad hasta el extremo, que yo por mi parte
molestaría al enemigo en el campo y ciudad exterior,
con las alturas y el Trincherón : su contestación fué la
que se halla bajo el N° 10.
(N°. 9. P. D.) La llegada a este buque de los Ciudadanos Gara-
baño, Monasterios, Herreras, Champaña y otros, me obligó a
mandaros al último a tratar con vos, sobre el mejor partido que
conviniese tomar. Ellos me pintaron vuestra situación sin espe-
ranza, pero vuestro último oficio me anuncia lo contrario, y
aunque se los he manifestado, permanecen á bordo.
Dios os guarde. Bergantín Zeloso en la boca de Borburata á
5 de Julio de 1812. Pedro del Castillo. C. Comandante déla Plaza
de Puerto Cabello.
(N°. 10.) Ahora que son las diez y media de la noche acabo de
recibir vuestro oticio y en contestación os digo : que me sostendré
cuauto sea posible en la Plaza, pero debo advertiros que me hallo
con pocas municiones de toda anua. Habiendo recorrido la línea
64 BOLÍVAR
El día 6 al amanecer tuve noticia que la Ciudad aca-
baba de capitular por el documento (Xo 11), en que el
C. Rafael Martínez oficiaba al Comandante de las alturas,
para que siguiese la suerte de la ciudad.
En este estado traté de hacer un reconocimiento de la
derecha del Trincherún para observar si podría ser ata-
cado por el frente y espalda. Yo fui en persona á hacer
este reconocimiento, y aún no había concluido esta ope-
ración cuando ya se habían desertado los pocos solda-
dos que cubrían el Trincherón, pues la noche antes,
habíamos perdido muchos de ellos. Demás los Capitanes
Figueroa y Rosales capitularon de cobardes con el ene-
migo, y entregaron el Fuerte sin consultar á otros Jefes
superiores que había en él y sus inmediaciones.
El Coronel Mires, Teniente Coronel Carabaño,y Ayme-
he hallado alguna gente de menos, que creo se habrán ido para
el Trincherón en Cayucos, como lo ha hecho el Comandante de
Marina. Espero que me comuniquéis con oportunidad cuanto
creáis útil para mi conservación, y salvar la tropa que se halla
en la Plaza.
Puerto Cabello, Julio 5 de 1S12. Juan Campos. Ciudadano Coman-
dante General del Trincherón.
(N°. 11.) Habiendo tenido en consideración la situación de nues-
tra Plaza, la de haberse separado de ella las Autoridades que en
ella se hallaban, como haberse ido al punto del Trincherón, y
dejar esta Plaza expuesta á perecer sus habitantes, como es pro-
bable en esta consideración se ha capitulado, este pueblo inte-
rior, entre varios vecinos de él, con las condiciones de no padecer
en cosa alguna ni sus personas, intereses, ni empleos : en esta
virtud, verá Yd. arbolado el pabellón del Señor Don Fernaudo 7o :
quedo persuadido que Yd. se agregará á este partido, para lo
cual arbolará el mismo pabellón, y de no me contestará lo
mismo.
Dios guarde á VI. Ms. As. Plazainterina de Puerto-Cabello, 6 de
Julio de 1812. Rafart. Martínez. Seúor Comandante de lasYijias de
Puerto Cabello.
BOLÍVAR 65
rich, Capitán Montilla, el Comandante de Ingenieros
Capitán Bujanda, mi Secretario Ribas y dos Oficiales
más, se vieron solos y vinieron á la Playa de Borburata
á embarcarse en el Zeloso, pudiendo por fortuna v á
riesgo de nuestra libertad embarcar los pertrechos que
teníamos y los víveres que poseíamos, teniendo por des-
gracia que dejar dos obuses de bronce por falta de
quien los condujese á la playa.
En fin, mi General, yo me embarqué con mí plana
mayor á las nueve de la mañana abandonado de todo el
mundo, y seguido sólo de ocho oficiales que después de
haber presentado su pecho á la muerte, y sufrido pa-
cientemente las privaciones más crueles, han vuelto al
seno de su Patria á contribuir á la salvación del Estado,
y á cubrirse de la gloria de vuestras armas.
En cuanto á mí, yo he cumplido con mi deber; y aun-
que he perdido la Plaza de Puerto Cabello yo soy in-
culpable, y he salvado mi honor. ¡ Ojalá no hubiese
salvado mi vida, y la hubiera dejado bajo de los escom-
bros de una ciudad que debió ser el último asilo de la
libertad y la gloria de Venezuela !
Simón Bolívar.
Caracas, 14 de Julio 1812.
P. D. — Después de habernos embarcado se reunie-
ron sobre cuarenta soldados de Aragua que se hallaban
dispersos y se embarcaron en los trasportes y lanchas,
como también más de doscientos fusiles, municiones de
boca y algunos paisanos.
S. B.
IV
La pérdida de Puerto-Cabello fué señalado
triunfo para la causa realista, porque Monte-
verde que se hallaba en San Mateo en situación
muy crítica, se proveyó inmediatamente de
cuantos elementos de guerra le faltaban, y se
apoderó de la primera fortaleza del país.
Esta triste nueva llegaba al cuartel general
de Miranda, al mismo tiempo que otras de
carácter no menos alarmante. Los esclavos de
la costa Oriental se habian sublevado, por su-
gestión de algunos españoles, y cometían,
mientras avanzaban contra Caracas, las mayo-
res atrocidades.
BOLÍVAR 67
La situación del ejército republicano, com-
puesto en su mayor parte de tropas indiscipli-
nadas, era en extremo grave. Si á esto se
agrega que el Generalísimo no tenía gran con-
fianza en su gente porque las deserciones eran
constantes, y que él mismo era víctima de la
hostilidad que le declararan las medianías que
casi siempre flotan en las revoluciones, se
comprenderá fácilmente que bajo tales auspi-
cios se hacía imposible proseguir la campaña.
Al frente del ejército republicano estaba el de
Monteverde bien provisto ya de municiones ; á
retaguardia tenía el Generalísimo la ciudad de
Gara cas amenazada de muerte por los negros de
la costa : en el resto del país cundía el de-
saliento, la miseria y el terror causado por el
terremoto.
Miranda que unía á la experiencia de la
guerra la seriedad del carácter, comprendió
que su patria sería víctima de inauditas des-
gracias, si no se obtenía á tiempo una avenen-
cia con el enemigo, y en consecuencia propuso
una capitulación á Monteverde. Esta fué fir-
mada el 2") de Julio, obligándose el Jefe espa-
68 BOLÍVAR
fiol á respetar la vida, libertad y propiedad
de los venezolanos, cualesquiera que hubieran
sido sus opiniones ó proceder en la revolución,
y por su parte el generalísimo se obligaba á
entregar á Monteverde las provincias depen-
dientes del Gobierno republicano y los ele-
mentos de guerra que poseyeran.
Miranda, como los demás jefes republicanos,
estaba en libertad de quedarse en el país ó
expatriarse. Rosolvió lo segundo, y se apres-
taba para embarcarse en la Guaira en la cor-
beta inglesa de guerra Saphire, surta en aquel
puerto á sus órdenes, con rumbo á Cartagena.
Era su plan solicitar de su amigo el general
Nariño, en Nueva Granada, recursos con que
emprender desde la frontera una nueva cam-
paña sobre Venezuela, y contribuir así á su
salvación.
Las tropas de Monteverde ocuparon á Cara-
cas el 29 de Julio. Para esa fecha se habían
trasladado á la Guaira varios jefes republica-
nos con el propósito de expatriarse ; Bolívar,
Ayala, Montilla, Castillo, Madariaga y otros.
En la Guaira había dos autoridades distin-
BOLÍVAR 69
tas, el coronel Manuel de las Casas, jefe militar
del puerto, y el Doctor Miguel Peña, Gober-
nador Político y subdelegado de Hacienda.
Casas, más antiguo que Peña en el puesto
militar que ocupaba, fué siempre amigo y
admirador de Miranda. Su correspondencia con
el Generalísimo, que acabamos de leer, así lo
demuestra.
Peña había entrado á desempeñar la Gober-
nación al terciar el mes de Junio. Un mes más
tarde ya había reñido con Casas. La siguiente
carta de este á Soublette, primer edecán y se-
cretario de Miranda, dirigida al cuartel general,
da una idea perfecta de esta enemistad.
CASAS A SOUBLETTE.
Guaira, 9 de Julio de 1812.
Mi querido Carlos : Según te signifiqué en mi anterior
de este día pretendía que la ocurrencia con Peña no tras-
cendiese nunca á conocimiento del General ; pero lu
conducta que ha observado éste de esta mañana acá me
hace pensar ya de otro modo.
Este hombre comía en mi mesa y en todos los asuntos
nos entendíamos á la voz ; hoy se ha excusado de venir
á comer y para todo se ha propuesto hacerme perder
70 BOLÍVAR
el tiempo (precioso para mis ocupaciones), en oficios y
contestaciones, dando á la ley marcial una arbitraria
interpretación, y manifestando en todo un declarado
rompimiento, á que opondría mi prudencia en obsequio
á los deseos del General, á no ser que se trata como
sucede con un hombre demasiado orgulloso y amigo de
su opinión, y que para conseguirlo necesitaría sacrificar
mi precioso honor.
La adjunta copia te impondrá de su decidida disposi-
ción á chocar contra el fiel sentido de aquella ley, apro-
bada por el General y como en este concepto puede lle-
gar un momento en que nuestras discordias tengan al-
guna sensible trascendencia a un vecindario delicado en
las presentes circunstancias, puedes enterar de todo al
General haciéndole presente que pues ha llegado á su
colmo tan sensible occurrencia, necesitamos ambos de un
corte que asegure de antemano la general é individual
tranquilidad, pues estoy firmemente persuadido que no
es posible continuar cumpliendo con los objetos que se
ha propuetso el Jefe Supremo que nos ha destinado.
Su presunción, sus opiniones condicionales sobre su
alianza con el General, su poca gana de consultarme en
calidad de Asesor, y últimamente, su pretendida prepon-
derancia y carácter mezquino, me han hecho sufrir bas-
tante antes de ahora; pero las ulteriores ocurrencias
exigen no más sufrimiento, y en consecuencia te repito
que pues debe cortarse un lance se releve á uno de los
dos de su comisión : pues de otro modo y perseverando
en su insultante conducta no será extraño que lo en-
cuentren Vds un día en ese cuartel General.
Queda á tu disposición este sincero amigo.
Gasas.
BOLÍVAR 71
Después de haber leido esta carta y estu-
diando el temperamento de aquellas dos autori-
dades, Casas, frío y reflexivo, Peña, ardiente
y atolondrado, se comprenderá que el desa-
cuerdo entre ambos debió durar hasta el fin de
sus dias.
El Doctor Peña hizo renuncia de su empico
el 29 de Julio. El oficio que con tal motivo
dirigió al Generalísimo, fué el último papel que
éste depositó en su archivo antes de enviarlo á
bordo de la Saphire.
Transcribamos este oficio que es importan
tí simo : ¡ el misterio comienza á aclararse !
PENA A MIRANDA.
Mi permanencia en este puerto como Comandante Po-
lítico y subdelegado de Hacienda, puede ser pesarosa á
varios de los que ya tienen preparada su marcha. Esto
me mueve á suplicará Vd; se sirva removerme inmedia-
tamente del encargo; pues de otra manera Vd. conoce mi
carácter y este me hará proporcionar muchos disgustos
cjue pueden evitarse con el favor que pido ahora áVd. y
á que creo accederá inmediatamente.
El buen orden será sostenido conforme á su urden de
ayer.
72 BOLÍVAR
Dios guarde áVd. muchos años, Guaira 29 de Julio
de 1812 : 2.° de la República.
Miguel Peña.
En este documento declara Peña que su per-
manencia en el Gobierno sería pesarosa á va-
rios de los patriotas que estaban en el puerto,
preparados para embarcarse. Por consiguiente,
confiesa que estaba resuelto á impedirles la
partida, y causarles así un gran pesar.
En la noche del 30 de Julio, cuentan los his-
toriadores, se preparó un complot en la Guaira
entre las autoridades locales y los patriotas que
allí estaban reunidos, para arrestar al genera-
lísimo Miranda. Á las tres de la mañana del
31 de Julio, dicho general estaba ya preso y
encerrado en un Castillo.
El Doctor Peña salió inmediatamente para
Caracas á anunciar á Monteverde lo ocurrido.
En el camino encontró el posta que conducía
ya la orden de Monteverde para Casas orde-
nando la clausura del puerto, y la consiguiente
detención de Miranda y los demás patriotas.
Algunas horas más tarde tomó posesión de
BOLÍVAlí 7:J
la plaza de la Guaira el comandante Cerveriz,
enviado expresamente por Monteverde para
sustituir á Casas en su destino.
¡ El Doctor Peña había cumplido su pala-
bra !... Nos hemos limitado á referir los he-
chos y á publicar los documentos.
Setenta y un años hace que se cometió
aquella felonía, hasta la fecha mal explicada
por la falta de documentos. Hoy se lava la
mancha, que algunos historiadores arrojaron
sobre Bolívar, considerándole injustamente
como el alma de aquella maquinación, y hasta
como ejecutor de una gran parte del proyecto.
Bolívar y sus compañeros todos, así como
también el desgraciado Miranda, fueron víc-
timas de la astucia, del talento y de la elo-
cuencia del Doctor Peña, puestas en habilísimo
juego aquel día para realizar su propósito de
impedir que se embarcaran los patriólas. Si
Miranda hubiera aceptado la renuncia de Peña,
el plan se habría ejecutado de otro modo,
pero sin embarcarse nadie. Peña quería desha-
cerse del carácter de subalterno de Miranda
para no cargar con la responsabilidad de
74 BOLÍVAR
la traición ; pero de todos modos hubiera
sido pesaroso á los patriotas.
Gran fortuna fué para el general Miranda
que su archivo se salvara, pues cuando se pu-
blique, Venezuela agradecida hará justicia á
aquel mártir de la República, cuya reputación
se ha tratado de empañar haciéndole aparecer
como traidor á la patria, porque celebró una
capitulación con Monteverde, exigida por las
circunstancias y creyendo que así libraría á su
patria de los horrores de una campaña infruc-
tuosa.
Consumada la prisión de Miranda por sus
propios compañeros, fácil fué á Monteverde
burlarse de la capitulación, y ejercer contra
aquel desdichado general y los otros republi-
canos, todo género de violencias y persecu-
ciones.
Miranda fué trasportado de las Bóvedas de
la Guaira á los calabozos de Puerto Cabello,
luego al Morro de Puerto Rico, y finalmente á
Cádiz, donde se le encerró en el arsenal de la
Carraca. Allí se le dio el trato más indigno que
imaginarse puede : con cadena al cuello se le
BOLÍVAR 75
tuvo atado á las paredes de la prisión, y al fin,
consumido por los tormentos, murió en la ma-
ñana del 1 4 de Julio de 1 8 1 0 .
No se le permitió al honrado criado que le
acompañó en su prisión y agonía, que hiciera
al cadáver ningunas exequias. Apenas expiro
Miranda, le enterraron precipitadamente,
amortajado con la ropa de cama. ¡Así con-
cluyó á la edad de sesenta años el Decano de
los Libertadores de Venezuela !...
Cerveriz redujo á prisión en la Guaira á
cuantos pudo haber de los patriotas que allí
estaban, pero Bolívar tuvo la buena suerte de
salvarse , pasando disfrazado por entre los
guardias españoles, y se ocultó en Caracas en
la casa de un amigo. Poco después, obtuvo de
Monteverde por influencia de un dignísimo es-
pañol, amigo personal del dictador, un pasa-
porte para el extranjero. Nos complacemos
ahora en estampar aquí el nombre de este ge-
neroso castellano, D. Francisco Yturbe, á
quien de mozos tuvimos la honra de conocer.
BOLÍVAR 77
Algunos escritores españoles pretendieron
entonces empañar la reputación de Bolívar,
asegurando que aquel pasaporte le había sido
concedido por Monteverde en recompensa de
la prisión de Miranda.
Esta especie no merece los honores de la re-
futación. Allí está en pié la América indepen-
diente dando el más elocuente mentís.
Embarcóse Bolívar el 26 de Agosto para Cu-
racao con algunos cámara das, y de allí pasó á
(Cartagena adonde llegó el 14 de Noviembre.
En el acto le concedió el Gobierno republicano
que allí funcionaba la comandancia de Ba-
rranca, con su propio grado de Coronel. Poco
después fué enviado á libertar el Alto Magda-
lena. En Mompox desalojó á los españoles de
las posiciones que ocupaban á orillas de aquel
río, con la misma gallardía con que poco antes
se había apoderado del pueblo de Tenerife.
Libertó en seguida á Santa Marta y mereció
del Gobierno granadino el mando de una
nueva expedición contra Cúcuta y Pamplona.
Abriéndose paso por entre las guerrillas ene-
migas que en diversas parajes estaban escalo-
78 BOLÍVAR
nadas, llegó á las inmediaciones de San José de
Cuenta, donde el coronel Correa, jefe realista,
le aguardaba al frente de 800 infantes. Bolívar
sólo tenía 500.
Dio la batalla el 28 de Febrero al rayar el
día; pocas horas después, el éxito más com-
pleto coronó sus esfuerzos. Correa y los suyos
estaban en fuga y Cuenta quedó en poder de
Bolívar con un rico botin.
Una vez allí exaltóse en Bolívar el deseo de
libertar á Venezuela, deseo que no le había
abandonado desde su salida de Caracas, y pidió
permiso al Congreso de la Nueva Granada para
emprender con sus tropas la campaña.
Vaciló aquel cuerpo en darlo, teniendo por
azaroso y aventurado el proyecto de Bolívar,
pero fueron tantas sus instancias y ruegos, que
al fin se le concedió, aunque condicionar-
mente, pues debía someterse á las órdenes del
Gobierno granadino, y proceder en sus mar-
chas y aventuras con ciertas restricciones.
Aceptólas él, porque era muy grande el anhelo
de redimir á su patria. Pronto veremos el caso
que hizo de ellas.
BOLÍVAR 79
Comenzó Bolívar sus operaciones sin pér-
dida de instantes. Dispuso que el coronel Cas-
tillo con 800 hombres atacara á Correa, atrin-
cherado en la Grita. Titubeó este jefe, ani-
mado de una gran rivalidad contra Bolívar, en
ejecutar por lo pronto sus órdenes; pero, al
íin, vióse en el caso de cumplirlas, y los
realistas fueron derrotados el Ib «le Abril
de 1813.
Castillo renunció el mando después de la
acción, y las ventajas ya adquiridas se habrían
perdido por las intrigas granadinas puestas en
juego para sustituirle, si Bolívar no hubiera
nombrado para reemplazarle al Oficial vene-
zolano Rafael Urdaneta.
Apenas le quedaban, por efecto de tales con-
tratiempos, 500 hombres; pero en compensa-
ción de tan exiguo número, tenía excelentes
Oficiales. Allí estaban Urdaneta, Jiraldot, D'E-
luyar, José Félix Ribas y otros jóvenes vale-
rosos, ora granadinos, ora venezolanos, infla-
mados todos del mismo ardor y deseo (pie sn
jefe.
Emprendió éste la marcha hacia Mérida en
80 BOLIVAK
persecución del realista Correa, quien, al sa-
berlo, se intimidó retirándose á Escuque.
Ocupó Bolívar aquella ciudad el i.° de Junio
y restableció en ella el Gobierno republicano,
tal como existía antes de la invasión de Mon-
te ver de.
Aumentó y organizó su tropa ; y si hubiera
tenido armamento, habría puesto en pié de
guerra un numeroso ejército, pues los hombres
se le presentaban en considerable número y
voluntariamente, para tomar las armas.
Un hecho grave vino á fijar su atención en
aquellos dias. El Coronel venezolano Antonio
Nicolás Briceño formó por su cuenta un cuerpo
franco con el cual había celebrado el compro-
miso de dar muerte á cuantos españoles y ca-
narios cayesen en sus manos y de repartirse
sus bienes. Opúsose Bolívar al atroz designio
de Briceño, y logró hacerle desistir de su in-
tento, pero no lealmente, pues, poco después,
este publicó en San Cristóbal un bando, decla-
rando la guerra á muerte. Hizo pasar por las
armas dos inocentes españoles del pueblo, y
envió las cabezas de estos infelices, una á Cas-
BOLÍVAR 81
lillo, jefe de una fuerza republicana, y otra al
propio Bolívar.
Indignado este decretó en «'I acto sn cap-
tura : pero apenas supo Briceño que se le bus-
caba, se fugó y trató de enderezarse con unos
cuantos inespertos jinetes hacia Guasdualito.
Avistado en la llanura por una fuerza realista
al mando de Yañez, filé derrotado y hecho pri-
sionero con siete más de sus compañeros.
Todos murieron fusilados en Barinas por orden
del Comandante español Tiscar, el cual hizo
fusilar también á varios amigos y parientes de
aquel cabecilla.
Entonces fué cuando Bolívar concibió el
pensamiento de la guerra sin cuartel, pero se
limitó por el momento á publicar una proclama
el 8 de Junio, en la cual amenazaba á l«>> pea-
listas con una guerra desoladora.
Sin hablar de lo que entonces pasaba en el
Perú, Quito, Nueva Granada y Méjico, habían
sido degollados eil Venezuela casi Indos los
patriólas vencidos en el campo de batalla ó
aprehendidos en sus casas.
Ordenó Bolívar que D'Eluyar marchase con
S2 BOLÍVAR
una columna sobre Trujillo para desaloja]' á
Correa acantonado en Ponemesa. Correa huyó
en dirección de Maracaibo, y Trujillo fué ocu-
pado por los republicanos. Uu cuerpo realista
estacionado en Carache fué batido comple-
tamente.
Con la ocupación de las provincias de Me-
cida y Trujillo, terminaba el encargo confiado
á Bolívar por el Congreso de Nueva Granada.
¿ Se detendría él ahora, y dejaría entregada
su patria á las venganzas de Monteverde y de
sus secuaces ?... Ni un momento vaciló en pro-
seguir la campaña, y desobedeciendo las ór-
denes del Congreso, asumió toda la responsa-
bilidad del hecho, promulgando el lo de Julio
en Trujillo el decreto en que declaraba la
guerra sin cuartel.
« ¡ Españoles y Canarios !... Contad con la
muerte, aun siendo inocentes.
¡ Americanos !. Contad con la vida, aun
siendo culpables. »
Á ser hoy promulgado tal decreto, merece-
ría el calificativo de bárbaro porque en ninguna
ocasión es justificable la muerte del inocente ;
BOLÍVAR 83
pero en las circunstanciasen que fué dictado,
es decir, hace 70 años, ayudo á la indepen-
dencia <1<- Venezuela, pues la situación quedó
definida y la guerra regularizada. Demás de
esto sólo fué aplicado rara vez á los inocentes,
y esto por haberse creido imprescindible, de
manera que más bien hubo un juego de pala-
bras en <'l concepto antitético tai que se ofrecía
la muerte á los i ;entes y el perdón á los cul-
pables,que verdadera intención de sacrificar á
los primeros y dejar impunes á los últimos.
El Gobierno Constitucional <1<' España había
sido el primero en ordenare! sacrificio délos
Americanos, aprobando el plan de Monteverde,
que consistía en pasar á cuchillo todos l<>s in-
surgentes que osaran resistir con las armas, á
sus cómplices de cualquier clase juzgarlos
como reos de Estado y condenarlos al último
suplicio, y ¡i los demás, confiscarles sus bienes.
Difícil era entonces la situación de los pa-
triotas. Apenas contaban con 500 hombres de
vanguardia al mando le Jiraldol j 300 en
Mérida ;i las órdenes de Ribas, mientras que
el ejército realista tenía en Barinas 2, 600 ú
84 BOLÍVAR
cargo de Tiscar, y tropas considerables en
Maracaibo, Coro y el centro del país. Bolívar
se ocupó del peligro más inmediato que era el
de Barinas, y salió con su vanguardia hacia
Guanare porel camino deBoconó, ordenandoá
Bibas ([ne se incorporara á su ejercito.
Quedó Urdaneta en Trujillo con un desta-
camento <\r 50 hombres para acompañar una
parte del material. En la noche al reunirse con
Bibas en Boconó, ambos jefes supieron que
800 realistas al mando de Martí, acababan de
llegar á Niquitao, enviados por Tiscar, el cual
suponía á Bolívar en dirección al Tocuyo.
Propusiéronse destruir aquella fuerza para
facilitar la victoria de éste sobre Tiscar, y
aunque la tropa de aquellos no excedía de
350 indios reclutas y parecía imposible derro-
tar con ella á 800 veteranos, buscaron al ene-
migo y lo destrozaron en el sitio de las Mesi-
tas en un coinhale que duró seis horas, apode-
rándose de todas las armas de los realistas y ha-
ciéndoles 450 prisioneros. Estos fueron incor-
porados al ejército de Bibas, quien en cambio
permitió á los indios regresará sus hogares.
BOLÍVAR
Al recibir Bolívar la noticia de tan feliz
suceso, redobló marchas en solicitud de 'Pis-
car, pero éste que por los fugitivos había sa-
bido Lo ocurrido, abandonó á Barinas, retirán-
dose á Nutrias perseguido por Jiraldot, y de
allí á Angostura.
En Barinas organizó Bolívar sus fuerzas ;
creo el batallón de Valerosos Cazadores al
mando del Comandante español Santinelli, \
montó sus primeros cuerpos de caballería.
En seguida dispuso que Ribas siguiera al
Tocuyo, que las tropas de Jiraldot regresaran
de Nutrias para seguir con ellas á Ospino,
Árame \ San Carlos, y Urdaneta, nombrado
Jefe de vanguardia fué llamado á Guanare.
Las fuerzas realistas comprendiendo mal los
movimientos de Bolívar, contribuyeron al
Imen éxito de la campaña, pues el jefe español
Oberto <pi<' mandaba una columna de 800 in-
fantes y 190 jinetes, fué batido por Ribas que
^ólo tenía 500, en <d sitio i\<' los Horcones el
22 de Julio, dejando en su poder armas j
bagajes; \ Bolívar pudo, como resultado d<-
esta victoria v de la retirada hacia Valencia de
86 BOLÍVAR
las fuerzas españolas al mando de Izquierdo,
oeifpar la ciudad de San Carlos el 28 de Julio.
Allí pasó revista á 2,500 hombres y siguió
al encuentro de Izquierdo que tenía otros tan-
tos, la mayor parte veteranos. Encontráronse
las avanzadas el 31 en las saltanas de los Pe-
gones. Esquivó Izquierdo el combate y siguió
replegándose hacia Valencia ; pero Bolívar que
comprendía la importancia de destruir aquella
tuerza, antes de que se guareciera en la Se-
rranía, donde habría sido imposible atacarla,
hizo montar en las grupas de los caballos
cuantos infantes pudo y desmontarlos repenti-
namente al llegar frente al enemigo. Trabóse
allí un combate sangriento, y fué tan grande el
arrojo, que desordenado y acribillado el ejér-
cito de Izquierdo, todo él quedó en poder de
Bolívar, escapando á duras penas un Oficial
([lie llevó é Monteverde la noticia del suceso.
Izquierdo mismo herido en el campo, donde
peleó valerosamente, fué trasportado á San
Carlos que le sirvió de tumba.
El 1 ." de Agosto continuó Bolívar su marcha
hacia Valencia. Monteverde que la defendía
i; o i. i v ai; 87
huyó á Puerto Cabello con 250 infantes y
algunos caballos. El ejército republicano ocupó
el 2 aquella ciudad y continuó ya sin dificultad
hasta Caracas, haciendo su entrada triunfal en
esta Capital el 7 de A.gosto.
¡ Maravillosa campaña emprendida con
100 hombres desde Cúcuta hasta Caracas !
¡ Cuan gloriosa [tara Bolívar y sus nobles
compañeros José Félix Ribas, Urdaneta,
D'Eluyar, Jiraldol y los demás !
Bolívar hahia concedido desde La Victoria
una honrosa capitulación á Fierro, teniente
de Monteverde, encargado por éste de la
defensa de Caracas, pero no Le aguardó en
la ciudad, sino que abandonando sus tropas y
partidarios, se había embarcado para Puerto
Cabello.
Descoso Bolívar de no mancillar su triunfo
con represalias ni violar su decreto de guerra
sin cuartel, nombró una comisión compuesta
en sn mayor parte de españoles, de los mis-
mos que á merced suya habían quedado por la
fuga de Fierro, para que, entendiéndose con
Monteverde en Puerto Cabello, le exigieran la
88 BOLÍVAR
ratificación del convenio que les garantizaba
la vida. Negóse éste á toda avenencia, dejando
así abandonados al rigor del vencedor aquellos
infelices que sólo él comprometiera.
El 8 de Agosto anunció Bolívar el restable-
cimiento de la República, bajo los auspicios
del Congreso Granadino, y asumió el mando
dictatorial como General en jefe del ejército,
hasta la conclusión de la guerra.
Este acto fué lógico y necesario. Los pue-
blos no hacen Dictadores, los dictadores se
hacen ellos mismos, cuando los precisa un país.
Dejemos un instante á Bolívar en Caracas,
que le saludaba ya con el título de Libertador,
mientras reseñamos concisa y rápidamente los
demás sucesos ocurridos en Venezuela desde
el día en que Bolívar se embarcó en Agoste»
del año anterior para Curacao y Cartagena.
VI
\ íolada por Monteverde la capitulación que
había celebrado ron el General Miranda, en-
tregóse aquel Jefe á todo género de persecu-
ciones contra los patriotas. Casi todos fueron
reducidos á prisión, desposeídos de sus bienes,
y atormentados de La manera más brutal : al-
gunos perecieron en Las prisiones, otros fue-
ron enviados á España con grilletes.
\ tiempo 1 1 1 1< - Bolívar salía de Curacao |>ara
La Nueva Granada, con el propósito de hacer
la gloriosa campaña que acabamos de narrar,
90 BOLÍVAR
embarcóse en Güiria para Trinidad el joven
Santiago Marino que desde 1810 había servido
la causa de la patria en tierras del Oriente, y
tenía para 1812 el grado de Coronel, bizarra-
mente ganado. Dirigíase á Trinidad con el fin
de concertar allí los medios de salvar á su
patria.
Reunidos sus amigos é informados de que
Monteverde había desconocido la capitulación
hecha con Miranda, resolvieron de común
acuerdo volver á Venezuela en son de guerra,
y nombraron al Coronel Marino Jefe supremo
de la expedición con plenitud de facultades.
Marino y sus compañeros Piar, los herma-
nos Bermudez, Valdés v otros no menos vale-
rosos, desembarcaron en la Costa de Güiria el
18 de Enero de 1812. Allí sorprendieron un
destacamento de 300 hombres al mando del
Jefe realista Gabazo, y se apoderaron de cuanto
tenía.
Con esta victoria aumentaron sus fuerzas,
y siguieron á Maturín. Atacado en el tránsito
uno de los Bermudez (Bernardo) por Cerveriz
á la cabeza de 400 realistas, tuvo la buena
BOLÍVAR 91
suerte <lc derrotarlo hasta dispersar su gente,
y en seguida ocupó el pueblo de Maturín.
Llegaron estas novedades á conocimiento
deMonteverde,el cual envió á Caimana una co-
lumna de 300 infantes, al mando del vizcaíno
Zuazola. Hizo éste de las suyas contra los pa-
triotas que no pudieron escapará su venganza.
Baste decir que degolló y desorejó tantos in-
felices, que una vez hizo á sus amigos los Ca-
talanes que residian en dimana el regalo de
varios cajones de orejas, con Las cuales ador-
naron estos las puertas de sus casas, usán-
dolas también en sus sombreros como escara-
pelas !...
Creyendo Zuazola tan fácil destruir á los
patriotas armados, como asesinarlos cuando
inermes, dirigió uno desús tenientes hacia Ma-
turín donde aquellos estaban organizándose,
• 'I cual les atacó el 20 de Marzo á la cabeza de
1500 hombres. Piar, que defendía la plaza,
tenía apenas 500, fingió retirarse, pero <»I»ser-
vando el desorden en (pie le seguía la tropa
realista, ignorante de aquella treta, volvió cara
ciin los SUyOS en c| momento oportuno, \ les
92 BOLÍVAR
<liú una derrota tan completa, que apenas se
salvaron unos pocos.
Irritado Monteverde al saber tales noticias,
resolvió ir en persona á restablecer su autori-
dad en aquellas comarcas, y se embarcó en la
Guaira con una expedición, dejando á Tiscar
encargado del mando durante su ausencia.
La expedición llegó á Barcelona el día 3 de
Mayo, y el 2o se presentó Monteverde frente
¡i Maturín con 2,000 hombres. Piar le esperó
con fuerzas muy inferiores.
Trabóse el combate, remolineó la gente de
Monteverde, creció en denuedo la de Piar, y
el Jefe español fué completamente derrotado,
dejando en el campo 179 muertos, de los
cuales 27 eran oficiales, cañones, fusiles, per-
trechos, dinero y el propio equipaje de Mon-
teverde.
Salvóse éste en la fuga auxiliado por un
práctico, y regresó aterrado á Caracas, donde
destituyó á Tiscar, reemplazándole con Fierro.
De Caracas salió precipitadamente para Va-
lencia, con el fin de conjurar la tempestad que
le traía Bolívar desde el Occidente.
BOU VA I i 93
Y por ahora le dejaremos en los muros de
Puerto Cabello.
Marino, con el auxilio de los Rlargariteños,
dirigidos por Arizmendi, preparó el ataque
contra la plaza de Cumaná. El Gobernador An-
toñanzas, encargado de su defensa, huyó cobar-
demente lo mismo que su segundo Nepomu-
ceno Quero. Alcanzados por la flotilla Marga-
riteña, perdió Antoñanzas la mayorparte de sus
embarcaciones, salvándose mal herido con su
Teniente y á poco murió en Curaca o.
Cerveríz, <pie estaba acantonado en Yaguara-
páro con 400 hombres, al punto que tuvo la
noticia de la pérdida de Cumaná, se embarcó
para Guayana, no sin dejar nuevas pruebas de
su crueldad en la comarca.
El ejército de Marino ocupó la plaza de Bar-
celona el 19 de Agosto, habiéndola abando-
nado el Mariscal de campo Cagigal, (]ue por
orden de Monteverde la defendía. Retiróse el
Marisca] con su gente á Guayana como teatro,
ajuicio suyo, más favorable para sus futuras
operaciones. Dos (]c >us oficiales, Boves y Mo-
rales, que obtuvieron más tarde gran celebri-
n bolívar
dad, se internaron con sus jinetes por los llanos
de Caracas.
Libre la provincia de enemigos, fué recono-
cido Marino como Jefe supremo del Oriente, y
Piar su segundo, quedando constituida así una
nueva dictadura frente á frente de la de Bolí-
var. Envió Marino comisionados á éste para
darle noticias de sus triunfos, y ponerse de
acuerdo con él acerca del sistema de gobierno
que conviniera adoptar para Venezuela.
Bolívar no recibió con agrado la noticia de
aquella dictadura, y sin combatirla abierta-
mente, decidió aprovechar los recursos de Ma-
rino en bien de la causa que ambos defendían.
En consecuencia judióle la escuadrilla con el
fin de estrechar el sitio contra Puerto Cabello
donde Monteverde se había refugiado.
El disentimiento que existió desde entonces
entre Bolívar y el Jefe Oriental fué causa de
mal éxito y retardo en muchas operaciones
militares.
Aunque la primera campaña había con-
cluido, el país de Occidente no estaba some-
tido, ni mucho menos pacificado. Comprendo
BOLÍVAR 9S
Bolívar la necesidad de proceder activamente,
y en consecuencia despachó á leda neta con
tropas á Valencia, y él mismo le siguió luego
para emprenderlas operaciones de sitio contra
la plaza de Puerto Cabello. El resultado de
estas tenía que ser lento y dudoso. Las fuerzas
de Jiraldot y Urdaneta se apoderaron de las
Vigías y del pueblo exterior; pero de allí era
ya difícil penetral' intramuros. Los sitiados
hicieron una salida y fueron rechazados. Dos
compañías republicanas á su turno penetraron
por unos escombros, pero sin más fruto que la
captura de Zuazola que mandaba el mirador de
Solano, y creyéndose perdido, tanto era su
miedo, se descolgó por las murallas, y fué
cogido al día siguiente entre los montes por los
patriotas.
Bolívar propuso á Monteverde el canje de
Zuazola por el Coronel Jalón, preso en Puerto
Cabello desde el año anterior, y aún ofreció
más prisioneros, si preciso era en cambio de
aquel patriota : pero el Jefe realista, como
de costumbre, rechazó la propuesta. Znazola
fué en consecuencia ahorcado al siguiente día.
06 BOLÍVAR
El 13 de Setiembre presentóse frente á la
Guaira la expedición enviada de España en
auxilio de Monteverde, compuesta de varios
buques de guerra y 1200 hombres de desem-
barco. El 16 entró en Puerto Cabello sin que
la estratagema concebida por Bolívar y ejecu-
tada por Ribas para apoderarse de dicha expe-
dición en la Guaira hubiera tenido más resul-
tado que la muerte y captura de los primeros
que desembarcaron, creyendo que el puerto
estaba en poder de las armas españolas.
Desconcertado Bolívar con la llegada de
tales refuezos á Puerto Cabello, levantó el sitio
y se dirigió á Valencia. Á Jines del mes salió
Monteverde con el grueso de sus fuerzas en
persecución de la muy exigua de Bolívar, y
situó su vanguardia compuesta de 500 hom-
bres en el cerro de Barbuda. Bolívar aprovechó
este movimiento y dispuso el ataque con tres
columnas al mando de Jiraldot, D'Eluyar y
Urdaneta. Los realistas fueron derrotados, de-
jando en el campo muertos y prisioneros ; pero
la República tuvo el dolor de perder en aquel
combate al ilustre Jiraldot, que murió de un
BOLÍVAR ".'7
balazo <'ii la frente en el momento en que con
su propia mano plantaba e] pabellón tricolor
«MI las JlItlIL'.IS.
Jiraldol era granadino, y su muerte causó
profundo pesar cutre sus compatriotas que
juraron vengarle, y en efecto, el 3 de Octubre,
1000 hombres al mando de D'Eluyar, grana-
dino como Jiraldot, atacaron á Monteverde en
el sitio de las Trincheras, derrotándole com-
pletamente, é hiriéndole en la cara de un
balazo, por lo cual tuvoque refugiarse al punto
en Puerto Cabello, y se restableció d sitio.
Boves había alcanzado en esos dias una fácil
victoria en los Llanos sobre una fuerza repu-
blicana y avanzaba hacia Villa «le Cura. In-
quieto Bolívar al saberlo y temiendo que Mon-
fceverde, que disponía del litoral, desembarcara
su tropa fu Coro, é invadiera junto con la de
Ceballos <-l Occidente déla República, ordenó
que el Brigadier Urdaneta con una columna de
Ton infantes y un escuadrón se dirigiese .i
aquellas provincias incorporando en el tr.in>ii<»
diversas fuerzas patriotas, acampadas hasta
Barquisimeto. Boyes y Moales deberían ser
98 BOLÍVAR
atacados en Calabozo por las tropas republica-
nas al cargo de Campo-Elias. No era este
republicano inferior á su adversario realista en
ferocidad ni en valor, y por eso le presentó
batalla el 14 de Octubre en el sitio de Mosqui-
tero al frente de 1500 jinetes. Tenía Boves
2000 hombres de caballería y 500 infantes, al
mando de Morales. Al principio la suerte faAO-
reció al realista ; pero luego tornóse y quedó
completamente desecha su tropa y tendida en el
campo, pues el republicano no dio cuartel á
nadie, matando á centenares los americanos que
el decreto de Trujillo exceptuaba. Estas y otras
crueldades hicieron , por odioso , estéril su triunfo .
Cuando esto ocurría en los Llanos, el pueblo
de Caracas, por el órgano de sus autoridades
aclamaba á Bolívar Capitán general del Ejér-
cito, y dábale además el título de Libertador.
El Brigadier realista Ceballos resolvió su salida
de Coro con 1 300 hombres y derrotó en Yari-
tagua la división de García de Sena, vencedora
anteriormente en Cerritos Blancos á cargo del
Coronel Valdés, que reemplazó en esta ac-
ción á Sena por el mal estado de su salud.
BOLÍVAí; 91»
Tras este fracaso ocurrió otro no monos
grave ; la pérdida de la provincia de Barinas,
que fué invadida por el realista Yañez con una
división de 2,500 hombres traída del Apure.
A Urdaneta, inactivo á consecuencia de la
derrota de Valdés, envió Bolívar, para que le
auxiliara, el batallón Aragua, mandado por el
Coronel Florencio Palacios , y el escuadrón de so-
berbios Dragones, regido por el Coronel Rivas
Dávila, y sin pérdida de instantes se trasladó
él mismo á Cabudare á dirigir el movimiento.
Era su plan atacar las fuerzas de Ceballos y
Oberto alojadas en la ciudad de Barquisimeto y
sus alrededores. Las fuerzas de Bolívar se
componían apenas de 1 200 hombres de infan-
tería, dos piezas de campaña y 200 jinetes, en
tanto que la realista tenía 2000 infantes, 9 pie-
zas de artillería y 500 caballos. Rompiéronse
los fuegos ; la caballería republicana envolvió
ala enemiga de tal modo que la llevó en derrota
hasta fuera de poblado. La infantería se batía
con admirable valor, y los patriotas saboreaban
ya el triunfo, y Ceballos se aprestaba á la fuga ,
cuando de repente se oyó el toque de retirada,
100 BOLÍVAR
y la voz Sálvese el que pueda. Las tropas de
Bolívar se desorganizaron y no hubo modo de
contenerlas ; la batalla estaba perdida, y sin
la oportuna llegada del escuadrón de Rivas
Dávila que impidió la persecución, el desastre
habría sido completo. Con todo, la batalla
causó á los republicanos una pérdida de mil
hombres entre muertos y heridos.
Esta victoria estimuló á Monteverde á enviar
de Puerto Cabello 1200 hombres al mando del
Coronel Salomón, con el fin de invadir los
valles de Aragua y llamar la atención de los
patriotas. El 20 de Noviembre presentóse en
efecto Salomón en las alturas de Yijirima.
Bolívar después de la rota de Barquisimeto
había venido á Valencia á reorganizar el ejér-
cito : mientras Urdaneta recogía los dispersos,
y contramarebaba á San Carlos. Estaba pues
en Valencia, cuando Salomón se presentí» en
las alturas de Vijirinm, y ordenó batirlo.
De Caracas acudió el general Ribas con
700 hombres para esta operación ; Bolívar
mismo llevó 1 ,300 desde Valencia. El 25 de
Noviembre fué atacado Salomón, y después de
BOLÍVAR 101
un reñido combate, retrocedió á sus posiciones
en la montaña, retirándose por la noche á
Puerto Cabello. Precisaba ahora destruir á Ce-
ballos, vencedor en Barquisimeto, y para
ello dispuso Bolívar que Campo Elias dejando
en Calabozo una división de 1000 hombres
para observar á Boves, se dirigiera á San Carlos
con el resto de sus fuerzas. Allí las encontró
Bolívar y con estos y otros cuerpos que llevó él
mismo de Valencia reunió una fuerza de
5000 hombres. La dividió en cuatro cuerpos :
vanguardia al mando del Coronel Manuel Man-
rique; centro á cargo del Coronel Florencio
Palacios: retaguardia regida por Villapol, y
reserva á las órdenes de Campo Elias.
El Jefe realista Yañez había ocupado para
esa fecha á Araure, y Ceballos se hallaba allí
con sus tropas. A ese punto se dirigió Bolívar
con las suyas cuando lo supo, y á él llegó el
i de Diciembre. Al día siguiente comenzaron
los reconocimientos, y no fué sino cuando la
vanguardia republicana estaba ya destruida
por el enemigo, que el resto del ejér-
cito patriota pudo darse cuenta de las ver
102 BOLÍVAR
(laderas posiciones de Ceballos y de Yañez.
Reparado en parte este desastre por la orga-
nización que Bolívar diera en el campo á las
fuerzas, rompiéronse de nuevo los fuegos y la
infantería realista se desordenó, declarándose
poco después en completa derrota.
Todos huyeron dejando en el campo más
de 1000 muertos. La persecución fué muy ac-
tiva ; y se hicieron más de 600 prisioneros es-
pañoles ó canarios que fueron fusilados.
Ceballos huyó á Guayana, y de allí pasó á
Coro ; Yañez fué al Apure.
La victoria de Araure fué muy favorable á
la causa republicana, porque aseguró por lo
pronto la posesión del Occidente ; pero queda-
ban todavía, Boves encerrado en las llanuras
de Caracas, donde acababa de obtener un
triunfo sobre Aldáo, sucesor de Campo Elias,
que le permitió aumentar sus hordas á más de
4,000 hombres, y Monteverde encerrado en
Puerto Cabello ; motivos ambos de alarma y
de amenaza para el porvenir.
Mucho se ha escrito contra Marino, porque
en aquellas circunstancias no prestó con sus
BOLÍVAR 103
tropas á Bolívar un apoyo franco y decidido
que habría bastado para destruir á Boves, y
precipitar el término de la guerra. Pocos hom-
bres han sido peor juzgados que aquel vale-
roso y modesto Jefe, tan noble en sus aspira-
ciones, como gallardo y leal en su persona y
en sus sentimientos.
Marino había libertado las provincias Orien-
tales, y sus compatriotas le habían nombrado
Dictador. Bolívar había redimido el Occidente,
y merecido por sus triunfos el mismo título.
El derecho de ambos era idéntico ; las aspira-
ciones eran las mismas. La ambición no os, á
veces, un defecto, sino una noble cualidad, y
la ambición de Bolívar era ciertamente mucho
más grande que la de Marino. ¿Por qué no se
entendieron aquellos dos hombres en bien de
la común patria? La razón era obvia; porque
Bolívar tenía una inteligencia propia y privi-
legiada, y la de su competidor, era pobre para
regir un Estado.
Bolívar concebía y ejecutaba, en tanto que
Marino, de carácter débil y complaciente, eje-
cutaba simplemente las concepciones de sus
104 BOLÍVAK
Tenientes y amigos, entre los cuales algunos
había dominados por una ambición desenfre-
nada é insensata. Si Marino hubiera descono-
cido abiertamente la autoridad de Bolívar y
proclamado la independencia de las provincias
Orientales, habría sido menos perjudicial á la
causa general, que limitándose á prestar algu-
nos auxilios á Bolívar, siempre á medias y
con extrañas reservas. Su error consistió en
la debilidad del carácter, pero no en el exceso
de su ambición, como lo lian escrito algunos.
Los sitiados en Puerto Cabello comenzaron
á sentirlos efectos del hambre. Ceballos había
pedido desde Coro refuerzos á Monteverde :
al fin se decidió éste á enviar en su auxilio el
regimiento de Granada, del cual apenas llega-
ron 400 hombres, después de una penosísima
marcha por el camino «le la Costa.
Cansados los sitiados de las torpezas de
Monteverde, le depusieron el 28 de Diciembre
de 1813, y pocos días después se embarcó para
Curacao. Así terminó su carrera^] llamado Pa-
cificador y Capitán General, violador de la ca-
pitulación de San Mateo.
VI
El a fu» de 1814, que <l«'l>ía concluir de un
modo funesto para la causa republicana, Le fué
benéfico en sus comienzos. — Estos contrastes
entre la apariencia halagadora y la triste reali-
dad, son muy frecuentes en lo físico y en lo
moral.
Bolívar, deseoso de conocer la opinión del
pueblo de Caracas, y hasta cierto punto in-
quieto pore] disentimiento de Marino, provocó
por medio del Gobernador \)v. Cristóbal Men-
doza una de las más notables figuras de la re-
volución), la convocación de una asamblea con
106 BOLÍVAR
el pretexto de dar cuenta de su conducta como
Dictador. Reunióse en efecto el pueblo el % de
Enero en el convento de San Francisco, y Bo-
lívar. (|ue concurrió con sus Secretarios á la
reunión, fué vitoreado y aclamado con entu-
siasmo, salvador déla patria. Sus poderes fue-
ron ratificados.
Satisfecho del entusiasmo de sus conciuda-
danos, les dio las gracias, asegurándoles al
fina] de su discurso que anhelaba por el mo-
mento trasmitir el poder y verse exento de
aquel carácter, porque sólo aspiraba á com-
batir á los enemigos, y no daría treguas á la
espada, mientras la libertad de la patria no es-
tuviera asegurada del todo.
« Nunca promesa fué mejor cumplida, —
dice el historiador Baralt : — mas en cuanto
.1 la autoridad, su venerable memoria nos per-
done, el la amaba como todos los que han na-
cido para ejercerla dignamente, o
Con la misma reverencia seános lícito decir
que la amó tal vez demasiado, y esto fué, si
nó su error, por lo menos su desgracia.
Convino al fin Marino en entenderse am Bo-
BOLÍVAR
livar. v .'ii consecuencia ofreció leahí
concurso. Este se dirigió entói alies
de Aragua con el propósito «1»- estrech
sitio de Puerto Cabello y emprender
raciones <1»-1 ( accidente.
Léase ahora la interesante carta «ju»- Bo-
lívar dirigió desde Maracay á Sh? Richard
Wellesley, haciéndole ana reseña de lo ocur-
rido en Venezuela hasta aquella fecha. Es ana
carta preciosa que existe depositada en 1"- Ar-
chivos Británicos y <[\w hemos copiado con
permiso de] Gobierno ingl<
Cuart- -
npre be conservado en mi memoria el en
con que V-l. me honró al separarme d - -
manifestándome un vivo ínteres i"-»r ~.ib'.-r los ac< i
mieni i parte '1^1 mondo qoe empezaba á -
ana revolución filantrópica. Ningún acontecímiei I
traordinarío podo decidirme á escribir á Vd.
!.•-.. . . : V - - t . - ranos
era un - - lamentable, qoe la - >h¡bía
108 BOLIVAlí
transmitir á Vd. y que su amor á nuestra independencia
hubiera recibido con amargura.
Huí de un país que volvía á poseer la tiranía; acababa
de ser testigo de las perfidias del Gobierno español, que
después de haber firmado una capitulación en San
Mateo, que aseguraba la inmunidad délas personas, no
obstante sus hechos y opiniones políticas, la infringió
escandalosamente : y Vd. puede considerar aún á la
vista misma de las Cortes y Regencia, detenidos en plazas
fuertes y presidios, y reducidos á la úllima miseria
aquellos á quienes especialmente protege el tratado.
Cuando empezaba á ejecutarse el plan de una destruc-
ción general, la fortuna me ofreció un pasaporte del
tirano, con el cual me salvé de la borrasca. Pasé á
Curacao, y de allí volé á Cartagena cuyo pueblo gene-
roso hacía esfuerzos por la independencia y por repeler
las agresiones de los españoles. Era momenlo crítico
para aquella ciudad ; pues las bandas enemigas, después
de haber paseado toda la Provincia, se hallaban inme-
diatas á ella.
Milité bajo los estandartes republicanos, á los que la
victoria siguió constantemente, y dirigí como Jefe algu-
nas de las últimas expediciones, lo que produjo que el
Gobierno de Nueva (¡ranada me diese cuatrocientos
soldados, y un permiso de libertar á Venezuela.
Ya habían pasado diez meses de su subyugación.
El sistema opresor del (¡nbierno español, Ja índole
cruel de los individuos de esta nación, la venganza «pie
animaba á todos, y los resentimientos particulares, son
consideraciones que harán imaginar ¡i Vd. el espantoso
cuadro que ofrecía en estos deplorables días mi patria
desdichada. En efecto, va se hallaba en láagonía mortal.
BOLÍVAR li>'.'
Las mazmorras encerraban, por decirlo así, pueblos
enteros. Allí, amontonados unos sobre otros, Los Venezo-
lanos estaban cargados de cadenas, reducidos á un
nocivo y escaso alimento, y perecían en aquellos >epul-
cros, ilomii' un arte perverso no permitía la entrada al
aire ni á la luz. Las ciudades estaban desiertas; no se
veía más que á lo? soldados del bárbaro, insultando la<
Lágrimas de la esposa y de la madre; pues el resto de
los I bres vivía en la< selvas más retiradas donde
huían de lo> satélites de la opresión.
Represéntese ahora Vd. que el despotismo atino
todos Los Estados déla sociedad. Los prófugos ó los enca-
denados eran tos agricultores, eran Los comerciantes, los
artesanos.
No había rentas, y el pillage suplía á su falta. Desa-
parecieron los lalirailuiv-. y se incendiaron sus chozas.
Aldeas grandes y pequeñas fueron reducidas á cenizas.
Añada Yd. que la- propiedades que no podían ser saquea-
das fueron embargadas; y los fraudes de los deposita-
rios, el abandono en que estuvieron consumaron la ruina
general.
Estos fueron los primeros pasos hacia atentados más
horrorosos. No se habían visto otras escenas sangrien-
tas, que !as de San Juan de los .Morros, donde los
vecino- pacíficos fueron casi todos inmolados en las
calles, en sus casas, y en Los montes, adonde se aco-
gieron; crueldades que ejecutaban por -us propias
manos lo- más notables Jefes españoles.
Pero ''ii aquellos días que yo me acercaba á Venezuela,
«■mpezó á rorrer la sangre sobn- los cadalsos, y la hoz
de loa asesinos mutilaba las víctimas en el seno del
reposo doméstico.
no bolívar
La villa de Aragua en Barcelona, la capital de Barce-
lona, las ciudades de Calabozo y Espino, vieron suce-
derse días funestos de carnicerías humanas; al tiempo
que las tropas que yo mandaba, tan fieras como las
águilas y más veloces en sus marchas, penetraban por
todas partes y salvaban las víctimas. En poco más de un
mes, Venezuela que ofrecía antes un aspecto desolador,
se vé de nuevo cubierta de sus hijos libres; se vé resu-
citar la naturaleza y los hombres en los campos culti-
vados y en las ciudades habitadas.
Las cadenas que arrastraban los Americanos, doman
entonces el furor de los tigres opresores. El General
Marino, que en el Oriente de Venezuela con cuarenta
hombres había emprendido el más audaz proyecto,
logró en el famoso campo de Maturín derrotar en una
gran batalla á Monteverde.
La Isla de Margarita desarmada y teniendo en pri-
siones á los principales habitantes, tiene el arrojo de
arrostrar al tirano y sus tropas; y auxilia después á los
vencedores de Maturín que acabaron entonces de libertar
las Provincias Orientales.
Mis primeros pasos no fueron tan felices. Había mar-
chado á la cabeza de cuatrocientos soldados y entré en
Venezuela con menos de trescientos. Sin embargo este
puñado pudo en cinco batallas campales destruir un
ejército de diez mil hombres y libertar las provincias de
Mérida, Trujillo, Barinas y Caracas. Arranqué entonces
al orgullo español actos humillantes que aún no había
ejecutado. No sólo propuso el Gobierno de Caracas una
vergonzosa capitulación, mas en un decreto que publicó
el 3 de Agosto del año pasado, nos reconoció como un
Gobierno legítimo.
BOLÍVAR iil
En medio de estos sucesos carecía de grandes ejérci-
tos; muchos españoles habían huido con el fruto de los
pillages, que ellos llamaban rentas públicas : no había
Marina, y la España bacía esfuerzos por sostener su
tiránica dominación.
Los más extraordinarios efectos de esta inicua tena-
cidad, se dejaron ver á pocos días, cuando arribó de
Cádiz la expedición más grande que hayan destinado
contra Venezuela. La debilidad ó más bien la nulidad
de nuestra situación me obligaba al mismo tiempo á
estar en el campo de batalla y á la cabeza del Gobierno.
Los recursos tenía que crearlos ; y también que dirigir-
los; y véame Vd. constituido por la necesidad Jefe
supremo del Estado y General del ejército.
Nuestras tropas se distinguían cada día con brillantes
victorias. La expedición española se redujo á unos
restos miserables, que no subsistirán mucho tiempo en
el inexpugnable Puerto Cabello, no pudiendo resistir la
estrechez de un sitio riguroso por lis tropas de tierra,
y un bloqueo por la escuadrilla de Cumaná y la Guaira.
Peor suerte han tenido los ejércitos de Yañez y Ceba-
llos, los más numerosos que han invadido á Venezuela.
En la jornada memorable de Araure quedaron comple-
tamente destruidos. Se habían formado en Coro en el
occidente de Caracas y San Fernando de Apure con los
auxilios de armas que recibieron; con los que enviaron
de Guayana, y con el fermento de sedición que levan-
taron en aquellos pueblos los españoles que generosa-
mente había dejado en libertad.
Algunas pérdidas que al principio experimentamos,
debilitándonos, aumentaron su ejército, que ya no existe.
Sucedió en Venezuela lo que yo siempre anuncié, que
I i 2 BOLÍVAR
si la Inglaterra no se declaraba por nuestra causa, la
guerra civil debía encenderse entre nosotros y sólo la
pública declaración de la tiran Bretaña conseguirá
apagarla.
Yo ejerzo aún el poder supremo. Yo protesto sin
embargo á Vd. eme no son mis miras de elevarme sobre
mis conciudadanos. Ansio por el momento de convocar
una representación del pueblo, para transmitirla mi
autoridad. El tres de este mes en una Asamblea popular
que invité espontáneamente, justifiqué mis operaciones,
presentando los informes de los tres secretarios de
Estado. En un discurso que dirigí á la Asamblea, terminé
renunciando la autoridad.
Los oradores y el pueblo so elevaron contra esta reso-
lución y consentí continuar de Jefe supremo hasta el
momento que, destruidos los enemigos, pudiera volver á
la vida privada, protestando al mismo tiempo no recibir
autoridad ninguna aunque el mismo pueblo me la
confiara.
He referido muy ligeramente á Vd. un acontecimiento
sin duda extraordinario ; pero como los principales
sucesos se lian detallado en nuestros papeles, yo me
tomo la libertad de remitir á Vd. á ellos para que los
considere en toda su extensión.
Permítame Vd. entre tanto suplicarle recomiende mi
afecto al Lord su padre el Marqués de Wellesley, cuya
bondad se sirvió distinguirme en el tiempo que residí
en esa Capital. Sufra Vd. que mi débil \<>z eleve hasta él
y hasta Vd. mi sincero júbilo por los triunfos inmortales
del gran Lord Welington. Su gloria no es más sensible
á Vd. y á su ilustre padre que á mí, interesado tanto en
los sucesos de la Inglaterra, como unido por el más
BOLÍVAR 113
vivo afecto á la excelsa familia de Vd. Tanto más celebro
estas victorias, cuya memoria durará junto con el
mundo, cuanto que las creo favorables á la independen-
cia de la América.
Aunque ella> aseguran también la de la España el
(¡alónete de San Jayme, decidido siempre por la eman-
cipación de la América, la escudará con su protección,
y sobre todo el Lord Marqués Wellesley, nn tan gran
resorte para el Gobierno de la Nación, la liará inclinar
en favor de la más justa dr la- causas.
Fueron desde el principio mis primeras di~posic¡ones
enviar Agentes extraordinarios cerca dr S. M. B. ; pero
he querido más bien aguardar el momento en que he
juzgado asegurada nuestra sm-rtr |>ara pedir la amistad
v auxilios de la Nación poderosa dr que es Vd. un prin-
cipal ornamento.
Soy con la mayor consideración dr Vd. atento servi-
dor Q. I¡. S. M.
Simón Bolívar.
Su; Richard Wellesley.
La situaciÓD desmejoraba notablemente de
«lía en día. García de Sena, sitiado en Barinas
porPuy, Teniente de Yañez, había evacuado
l,i plaza mu esperar l«»s auxilios que pidiera á
l rdaneta, dejando asi entregada aquella po-
blacióD n las venganzas de Puy, que la pasó ■<
cuchillo.
114 BOLÍVAR
Yañez, al tener noticia del triunfo de su su-
balterno, se dirigió á Ospino, pero tuvo la des-
gracia de encontrarse con Urdaneta que iba en
auxilio de García de Sena. El gallardo, vale-
roso y leal Urdaneta supo también lo ocurrido
en Barinas, y en el acto envió sus fuerzas á
Ospino, y otras más que destacó de Barquisi-
meto en defensa de aquella población, sitiada
ya por Yañez.
Quiso éste impedirles el paso, y se trabó el
combate. Lenta y laboriosa parecía la refriega,
cuando una bala derribó á Yañez, y dio tér-
mino á la lucha. Los pocos realistas que se
salvaron fuéronse á Guanare, donde recono-
cieron como sucesor de Yañez al Teniente Co-
mí irl de la Calzada, persona insigniñcante y de
malísimos precedentes.
La provincia de Caracas estaba herida mor-
talmente. Por los valles del Tuy se había pre-
sentado Bosete á inquietar las poblaciones, á
tiempo (pie Boves con una fuerza de 7,000
hombres emprendía desde Calabozo sumarcha
sobre Villa de Cura. En el sitio de la Puerta
encontróse con Campo Elias á la cabeza de
BOLÍVAR 113
3,000 infantes. La India era muy desagua] por
elnúmero, y la destrucción de la fuerza repu-
blicana fué completa, escapándose apenas
Campo Elias y algunos de los suyos.
Bolivar comprendió al punto la gravedad
del peligro, é hizo situar inmediatamente di-
versas fuerzas en La Victoria para contener á
Boves. Allí estaba ya el valeroso Ribas con
1000 hombres, cuando Boves atacó la plaza
el 12 de Febrero. La situación de los patriotas
era muy angustiosa. Reducidos al recinto de la
plaza, en ocho horas de combate habían per-
dido ya la mitad de sus fuerzas. Á Ribas tan
valeroso cuanto sereno, le habían muerto ya
tres caballos.
El conflicto era inminente cuando de súbilo
se apercibe una densa nube de polvo en el ca-
mino de San Mateo. Comprende Ribas que eran
los refuerzos que Bolívar enviaba, y facilita su
entrada destinando un cuerpode jinetes y ca-
zadores á recibirlos. Ribas aprovecha la lle-
gada de esta tropa ; sale de la plaza, acomete
con furia al enemigo y Le obliga á retirarse en
completo desorden , quedando dueño del
III. BOLÍVAR
campo. Pero el peligro no estaba sino con ju-
rado.
Por orden de Bolívar fueron ejecutados to-
dos los españoles y canarios que existían en las
prisiones de Caracas y la Guaira. Las ejecu-
ciones á cargo del Gobernador militar Coronel
Arizmendi duraron tres días. Existían como
800 presos en la Guaira y 400 en Caracas.
Esta horrible matanza fué calificada de diverso
modo por los amigos y enemigos de Bolívar.
Tal vez no eran todos culpables ; tal vez había
entre ellos algunos inocentes, y muchos inca-
paces de hacer daño ; pero de esto no puede
juzgarse con acierto sino retrotrayendo las cosas
al día de la ejecución. No había en ella cobar-
día ni premeditada crueldad. Aquel acto pare-
ció inevitable á Bolívar para la seguridad de la
causa, cuya defensa le había sido encomendada.
Era él, sólo llamado á decidir de la necesidad
v á asumir ante su conciencia la responsabi-
lidad moral del hecho, del mismo modo que
aceptaba ante sus enemigos las consecuencias
materiales.
Sea de esto lo que fuere, es lo cierto que
BOLÍVAR M*
Rósete seguía asesinando patriotas en los
valles del Tuy, sin respetar siquiera á los que
se refugiaban en los Templos, y que las pobla-
ciones emigraban en masa para salvarse de
sus crueldades ; de tal modo que Ribas, que
salió en su persecución y le derrotó el 20 deFe-
brero, encontró en Ocumare más de 300 cadá-
veres de niños y mujeres insepultos —
Preparóse Bolívar, después que Boves se
retiró de La Victoria para resistirle en San
Mateo, lugar accidentado y montañoso, donde
le sería menos difícil vencerle \ agrupó allí
una fuerza que apenas llegaba á 1800 hom-
bres de todas armas, con cuatro piezas de ar-
tillería.
Los combates parciales comenzaron el
28 deFebrero. En este día obtuvo Boves algu-
nas ventajas, pero fué herido y suspendió el
ataque. Su rival Campo Elias, herido también,
murió chas después. Mientras el Jefe realista
^c api-estaba de nuevo ,il combate, tuvo Rolí-
\,n' ocasión de socorrer á Caracas que se veía
de nuevo amenazada por la reaparición <!<•
Rósete \ destacó de sus exiguas fuerzas
118 BOLÍVAR
300 hombres al mando del bizarro Coronel
Mariano Montilla, en auxilio de la misma
Ciudad. Boves, á quién Bolívar pareció más
débil que antes intentó por medio de sus Te-
nientes varios ataques, pero sin éxito, hasta el
20 de Febrero, en que compareció personal-
mente en el campo : organizó allí sus huestes
y el 25 comenzó el asalto.
Encarnizada fué la lucha y hábilmente sos-
tenida por ambas partes, y tal vez la fortuna
habría coronado de laureles al despotismo si
en el momento en que las turbas de Boves se
apoderaban del parque de los patriotas, su in-
trépido y valerosísimo guardián, el granadino
Antonio Bicaurte, no hubiera sacrificado no-
blemente la vida en holocausto de su patria,
poniendo fuego á los pertrechos. La explosión
fué terrible, espantosa ; la columna de Boves
quedó carbonizada, y los pocos que sobrevi-
vieron á la catástrofe se pusieron en fuga.
Boves se retiró, dejando en el campo 800 hom-
bres entre muertos y heridos.
Bosete era entonces motivo de gran inquie-
tud. Antes de llegar las tropas que Bolívar ha-
BOLÍVAR ir»
bía enviado en auxilio de Caracas, organizóse
allí una expedición contra aquel al manilo de
Árizmendi, compuesta de 800 hombres, casi
todos estudiantes y jóvenes de las mejores fa-
milias.
Todos fueron sacrificados el 16, salvándose
apenas Arizmendi con algunos Oficiales. Mon-
tilla y Ribas se encargaron de vengar aquel
desastre, y el 20 encontraron ;'i Rósete en ( Ren-
iñare, y le derrotaron de tal modo, que es-
capó milagrosamente.
En estas circunstancias presentóse en el
Campo el Ejército de Oriente al mando del
General Marino. Fiel éste á las promesas que
hiciera á Bolívar, traía consigo un ejército do
3500 hombres, la mayor parte de caballería.
Muy á tiempo llegó este auxilio, porqut*
Boves, al tener la noticia, levantó el sitio do
San .Mateo, y corrió A sn encuentro. No le en-
contró en la Puerta, sitio donde lo buscaba,
sino en B o cachica, Lugar que eligió el Gene-
ral Marino. Fuéronse allí ;'i las manos el
;>1 de Marzo, y Boves, disperso y batido por
id Jefe ( oriental, hlVO «pie retirarse en la tarde.
120 BOLÍVAR
escaso de municiones, dejando en el campo
cerca de 1000 hombres.
Urdaneta ocupó después de mil peripecias á
San Garlos, donde le sitió Calzada y falto de
agua al octavo día, logró salir con su tropa
hacia Valencia, desde donde se comunicó con
Bolívar que estaba aún en San Mateo. Este le
dio la orden de defender á Valencia hasta
morir.
Ceballos y sus tropas en número de 4000
hombres tardaron poco en presentarse ante la
plaza, defendida apenas por ,280 hombres. Allí
donde les aguardaba el intrépido Urdaneta,
pereciera á ser preciso, si á los seis días de
sitio, en momentos en que Ceballos resolvía
tomarla plaza, no hubiera llegado á su campo
Boves huyendo de la persecución de Bolívar.
Ceballos creyó prudente abandonar el sitio, y
se retiró á San Carlos.
Bolívar entró en Valencia el mismo día.
Siguió tras de Ceballos el General Marino y le
buscó con sus fuerzas hacia San Carlos. En-
contróle, y no salió bien librado el Jefe pa-
triota, porque el realista le esperó en las afue-
BOLÍVAR IJ1
ras de la ciudad al trente do 2500 hombres.
Se rompieron inconsultamente los fuegos, pues
Marino no quiso seguir las indicaciones de
Urdaneta más perito que él, respecto del te-
rreno y de la situación, y el resultado fué (píela
fuerza republicana se desbandó, y toda habría
perecido aquel día, sin la apatía natural de
Ceballos. En la retirada hacia Tinaco acabó de
desbandarse, y hasta se perdió el parque.
Marino y Cedeño se reunieron con Urdaneta,
único Jefe que se retiró en orden con su infan-
tería, y juntos entraron en Valencia.
Incansable Bolívar, abandonó al saber esta
noticia las operaciones sobre Puerto Cabello y
se presentí'» en Valencia, donde reorganizó sus
fuerzas. Con ellas hizo una salida hacia To-
cuyito donde estaban ya los enemigos, les
encontró preparados el 17. No hubo allí serio
combate, sino más bien un torneo, porque
aquellos no se resolvieron á abandonar sus
trincheras, á pesar «le las provocaciones <le
los patriotas. Bolívar resolvió entonces retro-
ceder.
La fuerza realista se aproximo el .20 y Bolí-
122 BOLÍVAR
var se puso en marcha el 26, llegó á las lla-
nuras de Carabobo dos días más tarde, y
aceptó el combate. Su fuerza ascendía á
oOOO hombres. La de Cajigal y Geballos era
de 6000, Rompió Urdaneta los fuegos, y
avanzó. Se empeñó La hatada y Bolívar, atento
á todo, dictó disposiciones muy acertadas, en
medio del combate, y lo dirigió con tal pericia,
([lie el resultado fué la más completa derrota
de los realistas, pues hasta dos de sus cuerpos
se pusieron en fuga sin combatir, y en poder
de Bolívar quedaron 500 fusiles, S banderas,
municiones de guerra, papeles, 1000 caballos,
arneses, víveres, ganados y equipajes.
Pero Bolívar no incurría en imprevisiones, y
después de aquella victoria tan feliz para la
República, recordó que Boves hacía grandes
aprestos en Calabozo. Regresó pues á Tocuyito
y allí dispuso que Urdaneta con la división
Caracas siguiera en persecución de Cagigal y
que Marino ocupara la villa de Cura con
1500 infantes, 700 jinetes y 100 artilleros,
mientras él seguía á Caracas á buscar recursos
para proseguir.
BOLÍVAR 123
Boyes se movió de Calabozo á mediados de
Junio c<m un ejército de 8000 hombres de
los cuales 5000 eran jinetes y IJOOI) peones.
Marino con una fuerza <le 2,300 hombres había
tomado posiciones en la Puerta el I í. Al
siguiente <lía llegó Bolívar, tarde ya para
subsanar el error, pues Boves hizo su apari-
ción simultáneamente y dio tal arremetida con
sus masas que el ejército republicano fué des-
trozado, muriendo más «le mil patriotas y
desbandándose el resto. Bolívar. Marino y
otros Jefes pudieron escapar y Llegar á Cara-
cas. Boves persiguió á los vencidos hasta La
Victoria, envió de allí una división de
1500 hombres al mando del capitán González
para que ocupara á Caracas : con el resto
de sus Tuerzas se enderezó hacia Valencia,
Llegando á sus alrededores el 19, después de
haber acuchillado en el sitio de la Cabrera la
mayor parte <le los que allí le hicieron una
resistencia estéril, en el fortín cjue domina la
ruta . creyendo detenerle.
Escalona, Jefe de |,i plaza, resistió la en-
trega unos días ; pero sin recursos y sin espe-
124 BOLÍVAR
ranza de recibirlos de Occidente, donde Ja
situación de Urdaneta era muy crítica, resol-
vió capitular con Boves, y así lo efectuó el
10 de Julio.
Por algunas horas cumplió el caudillo
realista el pacto que había firmado de respetar
las vidas de los rendidos, pero al segundo día
ordenó el degüello y lo llevó á cabo.
Caracas fué ocupada antes que Valencia, y
Bolívar se retiró hacia Barcelona por Capa ya
y la costa del mar. La emigración de todas las
personas dignas y respetables de Caracas si-
guió á tan espantosa catástrofe.
Boves se armó con el mando en desdoro de
Cajigal que temeroso se refugió en Puerto
Cabello. Morales con una fuerte división fué
picando la retaguardia á Bolívar y Boves
mismo le siguió más tarde, el 26 de Julio.
Bolívar juntó en Aragua de Barcelona, con
las tropas (pie reunir pudo en el tránsito,
2,000 hombres. Marino le envió 1,000 de Cu-
maná al mando del Coronel Bermudez. Allí
estaba el 18 de Agosto cuando se presentó
Morales con im ejército de 8,000 hombres.
BOLÍVAR [25
Temerario era el combate, pero Lo autorizó
Bolívar por complacer á Bermudez, conocedor
del terreno y además querido de aquella tropa,
como Jefe Oriental. El hecho fué que Morales
Los venció con el número, mas no con e]
arrojo, y que «todo, imams e] honor» se perdió
en aquella jornada. Bolívar se retiró con al-
gunas tropas hacia Barcelona, y Bermudez,
con los restos del ejército por el camino de
Matará i .
Los patriotas tuvieron 1.000 muertos y
2.000 heridos. Morales pasó á cuchillo lodos
los prisioneros y muchísimos vecinos de] pue-
blo. Con estos y los que el perdió en el com-
bate, el número de muertos Llegó en aquella
jornada á 4,700.
De Barcelona se dirigió Bolívar á Cumaná
donde encontró á Marino. Ilutas y otros .leles.
Ed ¡unta de guerra se decidió evacuar dicha
ciudad, y así se efectuó el 2o, dirigiéndose Las
tropas á Maliirín. Bolívar y Marino se embar-
caron para Margarita en la escuadrilla de
Bianchi. Tomó aquel esta resolución para
poner á salvo todas las joyas de las iglesias,
126 «OLIVAR
que el alto clero de Caracas puso en sus manos
para atender á la guerra. Era un tesoro de
consideración que serviría para la compra de
armamento.
Bianchi , aventurero italiano al servicio de la
República, resolvió robar aquellas alhajas, y
seguro del éxito, á bordo de sus buques, no
tuvo rubor en declararlo así á Bolívar y á Ma-
rino. Á ruegos de estos les concedió una pe-
queña parte antes de llegar á Margarita, y dos
de sus buques para que se trasladaran á Car-
tagena.
Pero Bolívar y Marino en vez de seguir su
primera inspiración, se dirigieron á Carúpano
adonde llegaron el 3 de Setiembre. ¡ Cuál no
sería la sorpresa de ambos al saber que ha-
bían sido proscritos por la fuerza republicana
como desertores ! Ribas y Piar les reemplaza-
ban. Ribas se presentó el 4 en Carúpano y
puso preso á Marino, exceptuando de la pri-
sión á Bolívar, por ser su pariente. Piar no
c ntró sino el 8 con una fuerza que traía de
Margarita, á tiempo que Marino y Bolívar sa-
lían para Cartagena en los dos buques que les
BOLÍVAR i -27
facilitó Bianchi, que intervino en el asunto
con Ribas, amenazándole con su escuadrilla, y
logró de este modo la libertad de Marino y el
embarco de ambos Jefes.
Digamos ahora ligeramente lo que sucedía
en la provincia después de la marcha de Bolí-
var. Morales se presentó á las puertas de Ma-
turín el 7 de Setiembre con una fuerza de
6,500 hombres. Bermudez defendía la plaza
con 1,250. Los patriotas le atacaron el 12, y
en breves momentos de terrible lucha destroza-
ron casi toda la infantería, y dispersaron la
caballería persiguiéndola largo trecho. La pér-
dida de los realistas fué de 2,200 hombres
muertos, y 900 prisioneros.
Bermudez quedó además en posesión de
todos los pertrechos, 2,100 fusiles, 700 caba-
llos ensillados, 0,000 bestias en pelo y 800 re-
ses. Morales huyó por Barcelona hacia Úrica.
El o de Diciembre llegaron Ribas y Bermu-
dez al valle de Úrica donde les esperaba Boves
con 7,000 hombres. Dióse la batalla, y ya pa-
recía perdida por los realistas, cuando la suerte
dispuso que el caballo de Boves se encabri-
126 BOLÍVAH
tara al pretender retirarse, y un soldado repu-
blicano, sin renombre alguno, atravesó de un
lanzazo el pecho del jinete que cayó muerto.
Á pesar de este grave suceso los realistas se
rehicieron, y toda la infantería republicana
pereció, salvándose sólo Ribas y Bermudez.
Morales fué nombrado sucesor de Boves y
aprovechando la victoria de Úrica, cayó repen-
tinamente sobre Maturín con 1,500 hombres,
y el 10 de Diciembre atacó á los patriotas, des-
truyéndoles completamente .
Ribas se salvó con dos Oficiales, y tona'» el
camino de Caracas. Pocos días después llegó
á la montaña de Tamanaco, donde quiso des-
cansar de tantas fatigas. Allí fué sorprendido
por los realistas durante el sueño y asesinado
después. En una jaula de hierro fué colocada la
cabeza y exhibida en el camino de la Guaira.
Urdaneta, sin base posible de operaciones
en el Occidente, ocupado éste en su mayor
parte por los realistas, se dirigió á Nueva (Ira-
nada.
Digamos en pocas palabras lo que pasaba en
aquel país.
VI I í
El nuevo Reino de Granada efectuó «'1 2¡0de
Julio de 1810 un movimiento idéntico al de
Venezuela. ElVirey fué depuesto y arrestado,
y se constituyó la Junta revolucionaria ; la
Regencia española fué desconocida, y se con-
vocó un congreso compuesto de las 22 pro-
vincias del antiguo reino para determinar la
forma de Gobierno. Los diputados de Tunja,
Pamplona y otras provincias se confederaron
paca delegar la autoridad cu el Congreso ;
pero Cundinamarca no aceptó este sistema,
y se declaró en Pavor del centralismo. Era
130 BOLÍVAR
Nariño, Presidente de dicho Estado, Jefe del
partido. Unas veces por la persuasión y la
intriga, otras por la fuerza, empeñóse en que
aquellas reconocieran su sistema de gobierno ;
pero después de sufrir algunos reveses en sus
tentativas, aceptó la idea de un Congreso ge-
neral.
Este, reunido en Lena en Octubre de 1812,
le desconoció como Dictador.
Nariño cuyas excepcionales prendas de ta-
lento y de carácter eran reconocidas en su
patria y fuera de ella, herido en su dignidad
por aquella declaración, tan imprudente como
anti-patriótica, convocó una asemblea en Bo-
gotá, la cual le confirmó las facultades que
antes tenía, y dispuso que no se obedecieran
las órdenes del Congreso.
Este, ganoso de más seguridad, se trasladó
á Tunja.
Atacó Nariño dicha ciudad y fué derrotado,
regresando al punto á Bogotá, donde las tropas
del Congreso, al mando de Baraya, le cercaron
en los últimos días de Diciembre de dicho año.
Conocía Nariño que su posición era difícil,
BOLÍVAR i:M
y buscó en una avenencia decorosa y hasta
humilde la terminación de la guerra ; pero
Baraya, que pecaba por presuntuoso, rechazó
la transacción,)' enardecido el pueblo bogotano
con tal negativa, resolvió sostener á Nariño á
todo trance.
Atacó Baraya la plaza y no sólo fué derro-
tado, sino que también destruida la totalidad
de su ejército. Nariño, bueno de corazón, no
solamente no abusó del triunfo, sino que hizo
un tratado de paz y de amistad, en 30 de Marzo
de 1813, por el cual quedó reconocida la inde-
pendencia de la provincia de Gundinamarca y
la del Congreso, en representación de las
demás provincias.
El Yirey Pérez, nombrado por la Regencia
para Bogotá, logró reunir en Santa Marta una
fuerza de Í500 hombres, que llegó hasta
Ocaña, impidiendo la comunicación interior
por el Magdalena. Este movimiento realista se
hizo al punto de prosélitos, en tales términos,
«pie varios pueblos de la provincia se pronun-
ciaron por la causa real, quedando Cartagena
como bloqueada.
132 BOLÍVAR
Ocupábanse ya las autoridades en hacer
una transacción con el Virey y en someterse,
cuando en Noviembre de 1812 llegó Bolívar y
emprendió la campaña que hemos narrado
anteriormente.
Restablecido en España el Gobierno de Fer-
nando VII, preparóse sin demora contra los
insurrectos de la América del Sur una expedi-
ción (jiie salió de Cádiz para Venezuela el 18 de
Febrero de 1815, compuesta de 15,000 hom-
bres, y sesenta y cinco buques, entre los cuales
estaba el navio San Pedro Alcántara.
Iban en ella los regimientos de León, Victo-
ria, Extremadura, Barbastro, Valencey, Caza-
dores de Castilla y Cazadores de infantería ; los
regimientos de caballería, dragones de la unión
y húsares de Fernando VII, artillería de cam-
paña, artillería de plaza, zapadores y parque
provisto de todo. Llegó esta expedición á las
costas de Campano en los primeros días de
Abril, cuando Venezuela estaba en poder de
los realistas. Morales la recibió con regocijo,
incorporándose con 5,000 hombres que tenía.
De acuerdo ambos jefes, dirigióse la expe-
BOLÍVAR 133
(lición á la Isla <!•■ Margarita, único punto de
Venezuela, donde quedaban aún algunos pa-
triotas en armas, al mando de Arizmendi, que
se sometió, no bien se presentó en Panpatar
el general Morillo.
El Pacificador restableció el orden en la Isla
y en Cumaná y se dirigió luego con la expedi-
ción á la Guaira.
El once de Mayo entró .Morillo en Caracas,
y se encargó de la capitanía general de Ve-
nezuela. Mal comenzó la expedición, á pesar
de la lenidad que Morillo usó al principio,
porque Morales, ejerciendo sobre él una gran
influencia le dio consejos que contribuyeron
más adelante á perderle.
El navio San Pedro Alcántara se quemó en
La Isla «le Coche el 1\ de Abril y con él se
perdieron las municiones, armas y pertrechos
que contenia, y aún se dice que corrió igual
suerte la caja del ejército. Sin embargo, algu-
nos historiadores sostienen que ésta no salió
jamás de Cádiz, y que el navio fué incendiado
adrede, para encubrir el robo.
El Brigadier Moxó nombrado por Morillo,
134 BOLÍVAR
Presidente de una Junta de secuestros y encar-
gado más tarde de la capitanía general, fué el
mejor elemento de la reacción republicana,
porque no cesó de imponer empréstitos for-
zosos á los patriotas, de explotar sus propie-
dades y hasta de corromper sus costumbres.
Comenzaron, pues, á estallar los movimientos
republicanos.
En un principio fueron desgraciados los de
Oriente al mando de Monagas yCedeño, pues
no pudieron lograr su intento de apoderarse
de la provincia de Guayana y al acercarse á la
plaza de Angostura, los dispersó Gorrín.
Menos desgraciadas fueron las operaciones
en Gasanare, donde los patriotas en número
de 1,000 jinetes, derrotaron á Calzada, qui-
tándole dos piezas de artillería y destruyendo
sus jinetes. Si no hubieran distraído tiempo
en saquear los equipajes que quedaron en el
campo, le habrían destruido también los 2,000
infantes que llevaba, con los cuales derrotó á
Urdaneta en Chitagá el 30 de Noviembre.
Herraiz, gobernador de la Isla de Marga-
rita, nombrado por Morillo, desempeñaba dig-
BOLÍVAIt 13o
iiamente su autoridad, dando garantías á
todos, de tal modo, que hasta los más exal-
tados patriotas amaban su gobierno.
Esta conducta irritó en la Isla á los partida-
rios de los secuestros y de las prisiones, y fué
castigada por el Capitán generalMoxó con la
destitución de Herraiz.
Le sustituyó en el mando el Coronel Urreiz-
tieta, de condición aviesa que comenzó sin pér-
dida de instantes las persecuciones contra los
patriotas. Forzoso fia'' á estos alzarse para de-
fender sus propias vidas. Arizmendi con 30
hombres, tres fusiles y ciento veinte cartuchos
sorprendió la guarnición de Juan Griego, y la
pasó á cuchillo. Armó 80 más con los fusiles
«pie quitó á los enemigos, y tona'» á fuego y
sangre la casa fuerte que ocupaban en la villa
del Norte, matándoles más de 200 hombres.
A la tarde del mismo día tenía ya 1,500 <'ii
su campo, pero no pudieron sostenerse á
cansa de si i mal armamento, y fueron derrota-
dos, mas no destruidos, por Urreiztieta.
Bolívar y Marino llegaron á Cartagena en
la tarde del 2'.\ de Setiembre. Mandaba la
136 BOLÍVAR
plaza el Coronel Castillo, enemigo de Bolívar
desde Cúcuta, y esta circunstancia le indujo
á permanecer allí pocos días, y se dirigió
por el Magdalena á Tunja, donde estaba reu-
nido el Congreso.
Allí fué recibido con entusiasmo por este
Cuerpo y por el Gobierno general y aun se
le admitió en el seno mismo del congreso,
donde tuvo ocasión de explicar su conducta y
su campaña sobre Venezuela. El buen éxito
fué completo, y el Gobierno le confió el encargo
<le reducir á Bogotá que continuaba separada
de la unión, no ya á cargo de NariñO si que-
de su sucesor Alvarez.
Bolívar emprendió sin vacilar la campaña
presentándose frente á la plaza . Allí in-
timó la rendición á los bogotanos, acordán-
doles todas las garantías; pero la propuesta
fué negada y se hizo preciso apelar á las ar-
mas. Después de tres días de combate los
sitiados capitularon, y el Gobierno general
aprobó lo hecho. Bolívar fué nombrado Capitán
general de los ejércitos de la Confederación.
De Bogotá salió para Tunja, á ponerse de
BOLÍVAR 137
acuerdo con el Gobierno General acerca del
plan contra los realistas que ocupaban á La
sazón las provincias de Santa Marta, Kio del
Hacha y Maracaibo, y se revolvió á libertar
en primer término á Santa Marta.
Se componía la expedición de §¡000 hombres,
pero era preciso tomar las armas y municio-
nes en Cartagena, donde estaban depositadas;
y allí mandaba su implacable enemigo el Co-
ronel Castillo, por lo cual dudó, y con razón,
de la entrega.
Púsose Bolívar en marcha á la cabeza de sus
tropas el 24 de Enero de 1815 con dirección á
Honda y allí las envió, rio ahajo. Hasta Mon-
pox todo fué bien; pero supo luego Bolívar
(pie no debía contar con Castillo, el cual pro-
testaba no tener armas ni municiones suficien-
tes para la defensa de la plaza, y que en
consecuencia no podía entregar las que se le
pedían.
En vano agotó Bolívar sus esfuerzos, en-
viando un comisionado tras otro al Jefe de
Cartagena, y aún pidiéndole una entrevista.
Castillo ofreció concurrir v no concurrió. El
138 BOLÍVAR
Canónigo Miramón que fué enviado por el
Gobierno para decidir á Castillo, apoyo á
éste.
Resolvió entonces Bolívar bajar el Magda-
lena, y al llegar á Barranca, envió nuevos co
misionados con la misión de explicar á las
autoridades de Cartagena sus pacificas dispo-
siciones ; pero la respuesta fué aún más inso-
lente.
Avanzo hacia Turbaco para acortar las dis-
tancias y entenderse mejor con los disidentes.
De allí les envió por quinta vez un coini-
sionado que fué recibido á balazos en la plaza.
En tan violento estado de relaciones, celebro
Bolívar una jinda de guerra, la cual decidió
que se aproximaran las tropas á la plaza, y en
electo el 29 de Marzo ocuparon el Cerro de
la Popa, cuyas aguas habían sido envenenadas.
Allí sufrieron, sin contestar, los fuegos del
Castillo, y hasta ofreció Bolívar á los de Car-
tagena enviarles su renuncia si se le daba un
buque en Savanilla para trasladarse á una
Colonia cualquiera, puesto que sin armas, le
sería imposible combatir contra los españoles.
BOLÍVAR 139
Una nueva junta de guerra convocada por
él, acordó que no podía renunciar el mando
sin órdenes del Gobierno de la Union, y que
sn deber era estrechar el sitio de Cartagena
hasta i[iie llegaran nuevas instrucciones.
Tuvo, pues, <uie acatar aquella resolución,
y aguardó, pero en vano, porque después de
haber escrito casi diariamente á los Cartage-
neros, rogándoles la avenencia, recabó por
contestación grandes ultrajes, que él no vengo
por evitar una lucha fratricida.
Al cabo de un mes de ansiedades, súpose
allí la llegada de la expedición de Morillo á
Venezuela. Bolivar convocó una nueva Junta
de guerra, y manifestó la necesidad en que se
hallaba de separarse de sus soldados y de la
Nueva Granada. La Junta accedió enternecida á
sus deseos poniendo por condición ({lie á todos
los < Ificiales les sería también permitido renun-
ciar sus empleos y ausentarse del país.
Bolívar se enmarcó el 8 de .Mayo con rumbo
,i Jamaica. Marino y otros .leles le siguieron
después.
En Kingston se salvó casualmente de la
140 BOLÍVAR
muerte. Un criado que le acompañaba fué
seducido para que le asesinara. Se atribuye la
sugestión de este crimen á un español pagado
por Moxó.
Dormían Bolívar y Amestoy, emigrado de
Caracas, en la misma habitación, el primero
en una hamaca, y en una cania el segundo.
Recogióse Amestoy cierta noche más temprano
que de ordinario, y mientras llegaba su com-
pañero, se acostó en la hamaca. Allí se durmió,
v cuando llegó Bolívar tuvo pena de desper-
tarle y se acostó en la cama.
Apenas había pasado una hora, cuando el
negro, dirigiéndose cautelosamente á la ha-
maca, di(') de puñaladas á Amestoy, dejándole
muerto.
Se le arrestó, y convicto del crimen, fué
ahorcado. Permaneció Bolívar en Jamaica
hasta fines de 1815, y de allí fué á los Cayos
«le San Luis en Haití, donde el patriota Luis
Brión armaba una expedición en auxilio «le
Costa firme.
Conviene advertir para mejor comprender
esta historia, que el General Morillo, poco
BOI.INAli 141
después de su arribo á Caracas, decidió lle-
var una parte de su expedición sobre Nueva
Granada, y en electo se embarcó en la
Guaira para Puerto Cabello, y de allí á Santa
.Marta y Cartagena, plaza ésta que ocupo
después de una heroica resistencia. Bolívar,
á los pocos «lías de otar en Los Cayos, recibió
.'i los Fugitivos <le Cartagena «pie se dirigieron
á aquel punto.
Organizóse allí al mando de Brión á quien
se dio el título de Almirante, una expedición
compuesta »le siete goletas mercantes armadas
en guerra, y 250 nombres <le desembarco,
oficiales l.i mayor parte con elementos <le
guerra abundantes que facilitó el Presidente
Petion, el cual había recibido á Bolívar ron
cordialidad y entusiasmo, á tal punto que sin
su intervención oficial, habría sido imposible
llevar á buen leí-mino el patriótico designio
de la expedición. Contra el éxito de ésta,
obraban, sirviéndose de las más viles intrigas,
muchos de los recien Llegados de Cartagena.
Dióse la expedición á la vela en el puerto «le
Vcquín el ;>() de Mayo de L816. \llí iban
142 BOLÍVAR
Bolívar, como General en Jefe, Marino, Sou-
blette, Piar, Mc.Gregor, Briceño Méndez, Zea,
y otros probados ya en las lides patrias, así
como también en el crisol de la lealtad. La
expedición hizo rumbe á Margarita y no llegó
á la isla, sino el 3 de Mayo, habiendo tenido la
fortuna de capturar dos buques de guerra que
la bloqueaban por el rumbo de Occidente.
Bolívar fué reconocido en una Asamblea
popular como Jefe supremo, y Marino como
segundo.
El primero de Junio fué ocupado Carú-
pano sin resistencia y de allí envió á Marino á
organizar tropas en Güiria y á Piar á Maturín.
Las tropas realistas acantonadas en Cumaná al
mando del brigadier Cires, vacilaron en ata-
car á Bolívar creyéndole al frente de un ejér-
cito numeroso ; y esta circunstancia le permitió
reembarcarse el 29 con rumbo á Ocumare de
la Costa .
Era su plan invadir la provincia de Caracas,
aprovechando la ocasión de hallarse Morillo
en la Nueva Granada con la mejor parte de su
ejército expedicionario.
li O L 1 V A l\ I fc3
Desembarcó pues el 6 de Julio en Ocumare,
y <'ii e] acto envió á Soublette con .'500 hom-
bres á ocuparlos valles de Aragua, operación
que qo dio buen resultado, porque Morales
estaba ya en Valencia, y Caracas ocupado pol-
lina fuerza de línea. Poco después atacó Mo-
rales á los epedicionarios y los derrotó en la
cumbre de los Aguacates, pero los patriotas
pudieron retirarse en buen ordena Ocumare,
llevándose sus heridos.
La situación se hizo crítica, porque los
realistas no podían ser ya sorprendidos ; bien
al contrario, todos vivían alerta, y además
acababan de obtener un triunfo. Bolívar juntó
un Consejo de guerra que decidió la marcha á
(ihoroni, tomar allí una fuerza patriótica, des-
cender a] valle de Onoto y seguirá los llanos
en busca de los cuerpos de caballería de
Monagas y de Zaraza.
De la expedición de Brión sido habían que-
dado en < Icumare dos trasportes y un buque de
guerra al mando de Viüaret.
Aprobada la resolución del Consejo por
Bolívar quiso éste activar él mismo el envío de
144 BOLÍVAR
su cuantioso parque, y con este motivo se
trasladó á la marina, algo distante de la pobla-
ción, disponiendo que se le diera aviso de cual-
quier novedad. La inesperada aproximación
de Morales fué causa de que se resolviera á
emprender la retirada á las 8 de la noche, y
asi se le participó á Bolívar con uno de sus
edecanes, el cual por cobardía ó traición le
dijo que los enemigos estaban entrando ya en
el pueblo, y las tropas expedicionarias reple-
gando al trote. Villaret levó anclas y se pre-
paró á la fuga con sus dos trasportes. La cons-
ternación fué inmensa ; hasta se tiraron al
agua varias personas que allí estaban, buscan-
do á nado las embarcaciones antes de partir.
Bolívar, juzgando ya imposible incorpo-
rarse ¡i su fuerza, cedió á las repetidas instan-
cias de todos, y se embarcó en el buque de
guerra, yendo en pos de Villaret.
Y todo fué obra de una falsa alarma. La
división aguardó á los dispersos basta las
nueve de la noche y emprendió luego una reti-
rada, que será memorable en los anales de la
gn era.
BOLÍVAR i.:¡
Me. Gregor, escocés inteligente y valeroso
fué reconocido como Jefe de la expedición.
Narremos á vuela-pluma este tan glorioso
incidente de la magna guerra.
Salieron los expedicionarios á las nueve de
la noche : llegaron al siguiente día á Ckoroní ;
una fuerza republicana se les incorporó en <i!
camino de Maracai.
Bajaron tranquilamente al valle de Onoto.
Una columna realista que se les opuso, fué
derrotada. Continuaron por los Valles de Ara-
gua. En la montaña de Güere, encontraron
29 republicanos asesinados por Chepito Gon-
zález, en cumplimiento de una orden de
Mox(') .
Ocuparon la ciudad de La Victoria, dirigié-
ronse en seguida al Pao de Zarate, después á
San Sebastian, donde dispersaron las fuerzas
del realista Rósete.
Continuaron los expedicionarios su retirada
por San Francisco de Cara y Camatagua,
atravesaron el río Orituco, dirigiéronse á Cha-
guaramas, donde se apoderaron del estanco
del Tabaco, é intentaron someter un destáca-
lo
140 BOLÍVAR
mentó español que se había atrincherado en
las casas, al aproximarse los patriotas.
Allí fué depuesto Me. Gregor por el mal
éxito de esta operación, y nombrado Soublette
para proseguir la retirada.
Continuó la marcha el Io de Agosto, per-
noctando la expedición en el Socorro, donde
fué repuesto Me. Gregor, en virtud del arre-
pentimiento de sus compañeros.
Allí se incorporó una columna republicana
al mando de Infante. Á poco andar, hubo una
refriega con una fuerza realista dirigida por
el traidor Quero, cuyo solo nombre bastó
para derrotarle. Siguieron los expedicionarios
á Santa María de Ipire, á donde llegaron el 3.
Allí se incorporó Zaraza con una fuerza, y se
continuó la retirada hasta San Diego de Ca-
brutica , donde se hizo alto para incorporar las
fuerzas de Zaraza y Monagas. Hecho esto y
mejorado el personal y material de la infan-
tería, se emprendió la marcha hacia la villa de
Aragua.
En el sitio de los Alacranes se aprestó la
expedición, que contaba con 1,300 hombres
BOLÍVAR 147
á librar batalla contra una división española
al mando del coronel López. Se dio y se ganó el
combate pereciendo casi toda la fuerza enemiga ,
y por último fué ocupada Barcelona el día 13.
Los que conozcan la inmensa distancia que
separa á Choroní de Barcelona, recorrida por
aquel puñado de héroes, la fragosidad de las
tierras, la dificultad en las marchas de un ejér-
cito, ora expuesto á la lluvia torrencial, ora á
la acción de un sol abrasador, y la falta de
subsistencias y de abrigo en los desiertos,
pueden apreciar la importancia de tan admi-
rable retirada.
Entre tanto Bolívar logró alcanzar los dos bu-
ques de Villaret, reunióse á Brión en Bonaire, y
siguió á Güiria junto con Bermudez, que se le
incorporó en aquella isla. Pero apenas había
llegado, que fué desconocida su autoridad por
las tropas que allí tenía el general Marino,
alegándose que el Jefe Supremo había aban-
donado la expedición de Ocumare. Marino se
hizo nombrar primer Jefe, y Bermudez se-
gundo. Ambos fueron los autores de tan es-
candalosa trama.
10*
148 BOLÍVAR
Quedó, pues, Bolívar destituido por el mo-
mento, é incapacitado para reunirse á las
leales tropas de Me. Gregor, y marchó para
Puerte Príncipe en Haiti.
Pero no tardó mucho su ausencia, porque
los patriotas de Barcelona comisionaron á Zea
para que fuera á las Colonias á buscarle, y el
mismo deseo de tenerle á su lado manifesta-
ron las fuerzas de Margarita y de otros pun-
tos. Para el 28 de Diciembre estaba ya en Juan
Griego, y el 31 en Barcelona á la cabeza de
las tropas. Y desde ese día en adelante, no
abandonó más el suelo de América.
Pero, antes de narrar sus nuevas y gloriosas
campañas, precisa decir cuál era entonces el
verdadero estado de la guerra.
No parecía tan mal trecha la reacción patrió-
tica en el resto del país. En Oriente, Marino
conservaba sus posiciones ; Piar había mar-
chado con 1,500 hombres á unirse con Cedeño,
que con 1 ,300 operaba sobre Guayana ; y la
provincia de Margarita estaba toda en poder
de los republicanos. En las llanuras de Casa-
nare y del Apure había surgido Paez, predes-
BOLÍVAR 14í>
tinado á ser el Aquiles de la Epopeya Ame-
ricana.
Á la cabeza de un cuerpo de caballería
compuesto de 500 hombres, se había apode-
rado del pueblo de Guasdualito. Querido de
sus llaneros, sn prestigio era cada vez mayor.
La acción de .Mata de la Miel, tan gallarda-
mente ganada en las llanuras de Apure contra
las fuerzas realistas al mando do López, dio á
Paez renombre extraordinario.
Tenía el Jefe realista 1,000 hombres y dos
piezas de artillería : las fuerzas de Paez eran
inferiores. Trabóse el combate á la caída de la
larde, y aún se discutió si se continuaría á tal
hora ó si se diferiría. El caballo que Paez
moldaba fué muerto á los primeros tiros. \
cayó sobre una pierna del general. Desem-
barazóse ésle del obstáculo, y dio orden de
avanzar. El combate formal se efectuó, y el
ejército enemigo fué completamente derro-
tado, quedando en el campo ÍO0 realistas
muertos, í<>(> prisioneros. 3,500 caballos, \
las armas.
Lo m;is singular de aquella batalla noc-
150 BOLÍVAR
turna fué que Paez, en el momento en que le
mataban el caballo y lograba levantarse del
suelo, dirigió á sus llaneros una proclama,
digna de recordación eterna :
« ¡Compañeros ! les dijo, me han matado mi
caballo ; y si vosotros no estáis resueltos á
vengar ahora mismo su muerte, yo me lanzaré
solo á perecer en las filas enemigas. » Todos
contestaron : « ¡ La vengaremos ! » y se lanza-
ron como furias entre las sombras de la noche
sobre el enemigo, aniquilándolo. Este rasgo
es más hermoso que el de Calígula, dando á
su caballo la dignidad consular.
Otros triunfos, y de mayor importancia,
obtuvo Paez ulteriormente, quedando dueño
de las llanuras.
IX
Veamos ahora las evoluciones de Bolívar.
Deseoso siempre de redimirá Caracas, resolvió
marchar sobre la provincia con una parte de
sus fuerzas; pero, derrotado en Clarines tuvo
que regresar á Barcelona á rehacerlas, y las
aumentó considerablemente, porque supo que
el brigadier Beal con un ejército de 3,500 hom-
bres, entre los cuales se hallaba Morales, se
dirigía á la ciudad citada. Marino se incorporó
al Cuartel general de Bolívar con 1,200 hom-
bres, dejando La provincia de Cumaná al mando
del coronel Antonio José de Sucre, que fué
años después el Gran Mariscal de Ayacucho, y
152 BOLÍVAR
uno de los militares más honrados de Ve-
nezuela.
Real se aproximó á Barcelona el 8 de Fe-
brero de 1817 con más de 4,000 hombres;
pero no libró combate limitándose á entretener
á los republicanos con cambios de posiciones,
que le permitían esperar á que llegara sn
artillería de sitio. La inacción del Jefe realista,
y el convencimiento que su adversario tenía
de que su gran base de operaciones descansaba
en Guayana, sitiada ya por Piar, influyeron en
el ánimo de Bolívar moviéndole á decidir el
viaje; pero contemporizando con Freites y otros
barceloneses que deseaban defender la plaza
si Real la atacaba, dejóles una fuerza de
700 hombres, suficientes para defender la
Casa fuerte y las familias refugiadas allí.
Marchóse Bolívar á Guayana á fines de
Marzo, con unos pocos Jefes y Oficiales.
Apenas salió de Barcelona, comenzaron las
rivalidades entre los Jefes, y aun discutieron
planes enderezados á desobedecerle. El resul-
tado fué cpie Marino y sus tropas salieron para
A ragua, y de allí al Chaparro en excursiones
BOLÍVAR 1S3
inútiles, y que los realistas atacaron entre
tanto á Barcelona, penetrando en la Gasa
fuerte, acuchillando á cuantos hubieron á
mano, v Bolívar, como consecuencia de esta
catástrofe, quedó solo en la provincia <le
Guayana.
felizmente, Piar, cuando vio frustradas sus
diversas tentativas para apoderarse de Angos-
tura, resolvió atacar á las misiones de los
Catalanes del Caroní, de donde salían alin-
dantes provisiones para aquella [daza, y logró
su intento de apoderarse de todas.
.Morillo había ocupado la Nueva Granada á
poca costa, y confiaba en el resultado de sn
gran empresa de pacificación, á tiempo que
recibió las noticias de lo que pasaba en Vene-
zuela. Abandonó entonces la Nueva Granada,
y púsose ni marcha, precedido de La Torre \
('-alzada quienes á principio de Enero llegaron
á Guasdualito con una fuerza de fcOOOsoldados,
entre los cuales había 1700 de caballería, y
con el intento de destruirá l\iez que con sido
1 100 jinetes se hallaba en Mantecal.
Encontráronse ambas fuerzas en las llanuras
l:>4 BOLÍVAR
<Ie Mucuritas. Los republicanos obtuvieron la
victoria. La caballería de La Torre fué des-
truida y alanceada gran parte de su infantería .
Hubiera sido completo el triunfo á haber dis-
puesto Paez de alguna fuerza de infantería.
Morillo y La Torre vinieron juntos hasta
San Fernando, pero el segundo se dirigió
entonces á Guayana con el propósito de recu-
perar las misiones. De temer era que no saliera
airoso de su empresa, atento á que iba á tener
en frente á un enemigo tan valeroso y astuto
como Piar. Fué lo cierto que La Torre creyó
< 'ánsar con un falso movimiento á la caballería
de Piar, y éste, comprendiéndolo anticipada-
mente, dispuso que le prepararan caballos de
repuesto, y cuando patriotas y realistas se
avistaron el 1 1 de Abril á las dos de la tarde
en el pueblo de San Félix, el error de La Torre
era ya irremediable.
Tenía este Jefe 1600 infantes y 200 jinetes.
Piar 500, armados de fusil, otros tantos de
flechas, 800 peones con lanzas y 400 jinetes.
El choque fué terrible y La Torrre operó bien ;
pero Piar tan hábil como sereno, combinó de
BOLÍVAR i.i.'i
tal modo el ataque que toda la fuerza de su
enemigo fué destruida y pereció en la reti-
rada, con excepción de La Torre y 17 oficiales.
Los realistas dejaron en el campo más de
500 muertos y 200 heridos. De los prisioneros
había 75 Jefes y Oficiales, entre ellos Ceruti, que
durante el combate no cesó de infundir ánimo á
sus tropas al grito de « ¡ Firme, Cachiri! » dicho
éste que fué después popular en Venezuela.
Dispuso Bolívar que el ejército vencedor
acantonase en las Misiones, mientras llegaba
de Margarita la escuadra de Brión, con la que
se intentaría un ataque simultáneo sobre la
plaza de Angostura.
En tal estado, llegó la noticia de que Mo-
rillo y Aldama reunidos con G,000 hombres
habían ocupado el pueblo del Chaparro el
J3 de Mayo, y se proponían, pasando el Ori-
noco, presentar batalla á las fuerzas republi-
canas ; y supo Bolívar que Marino le había
desconocido una vez más, promoviendo en
Cariaco la reunión de un Congreso, que designó
para ejercer el Poder ejecutivo á los Generales
Bolívar v Toro, v al ciudadano Francisco
156 BOLÍVAR
Javier Maiz ; designó á Margarita como resi-
dencia del Gobierno federal y nombró al pro-
pio Marino Jefe supremo del ejército, y Almi-
rante á Brión.
Tomaron parte en este movimiento, hom-
bres como Urbaneja, Zea, Maneiro y otros
cuyos servicios á la patria alejaban toda sos-
pecha de ambición ¿ Cuál fué, pues, el móvil
de estos patriotas ? La guerra hacía indispen-
sable la conservación de un Jefe supremo que
dirigiera las operaciones militares ; y hasta
entonces ese Jefe había sido Bolívar : pero los
patriotas de Cariaco y otros en el resto del
país comenzaron á sentir cierta inquietud á
causa de su dictadura y pensaron que el peli-
gro no sería tan grave si se formaba un go-
bierno en que fuese parte Bolívar, y se investia
á Marino de la dirección suprema de la guerra.
Fué inoportuno el plan, y por eso fracasó ;
fué también erróneo porque si se hubiera rea-
lizado, Marino no habría podido llevar á cabo
la grandiosa obra de Bolívar. Empero, en el
fondo había el patriotismo de los promotores
de aquel Congreso.
BOLÍVAR lo?
Difícil es penetrar, después de tantos años, los
motivos que aquellos patriotas tuvieran para pro-
ceder de tal modo, particularmente habiéndose
perdido las actas del Congreso ; pero si se con-
sidera la intimidad que existió más tarde entre
Bolívar y los hombres que allí figuraron sin
excluirlo á él, puesto que fué uno de los
miembros designados para constituir el Poder
Ejecutivo, puede inferirse racionalmente que
Bolívar mismo reconoció la pureza de aquellas
intenciones. Por lo demás, las dos cartas iné-
ditas que ahora publicamos, dan mucha luz
acerca de los móviles honrados que precedie-
ron á la constitución de aquel Congreso. —
Debemos á la galantería de la señora Vizcon-
desa de Rigny, hija del señor Zea, el poder
publicar hoy estos documentos que hemos en-
contrado en el precioso archivo de su ilustre
padre.
La carta de éste es un documento notable,
particularmente por las sanas ideas y juicios
exactos que contiene acerca del sistema fede-
rativo, que tantos males ha causado en la
América española.
158 BOLÍVAR
MARINO Á ZEA
Cariaco, 20 de Mayo de 1817. Á las 11 de la noche.
Mi amigo Zea : ¡Qué ocasión tan favorable se nos pre-
senta! La plaza de Cumaná reducida á una miserable
guarnición, vá á caer infaliblemente en nuestro poder, si
Vd. interesa sus respetos en favor del proyecto que con
esta fecha propongo al Gobierno. Venga el contingente
que pido y la cosa es hecha. Yo respondo con mi vida
que la tomo si el Gobierno accede á mis reclamos. La
principal fortaleza de Cumaná sólo tiene 8 hombres de
guarnición. Si Vd. me socorre con las tropas que soli-
cito para esta empresa, voy á marchar con mi guardia
de honor y á hacerme despedazar con ella.
El general Guerra y el coronel Isaba pasan á esa Isla
comisionados por mí para imponer al Gobierno de mis
proyectos y de los motivos que los originan : ellos infor-
marán á Vd. privadamente de todo. Yo suplico á Vd.
preste toda la atención que se merece al importante ne-
gocio que los conduce.
Yo no puedo hacer más que ofrecer mi vida en obse-
quio de la patria, del Gobierno, á quien respeto, y de
mis conciudadanos oprimidos. Yo seré muy dichoso si
logro perderla por cualquiera de estos sagrados de-
beres.
Sobre todo, interesa la reserva, y más que todo la
prontitud.
Soy todo de Vd. con la más perfecta amistad, affmo.
amigo y Seg°. Seror.
Marino.
BOLÍN Alt í:í9
ZEA Á MARINO
Pampatar 21 do mayo do 1811
Mi querido General : Como miembro del Poder Ejecu-
tivo, suscribo alo que éste dice áVd. acerca del proyecto
de establecer un Gobierno provincial en el estado de
Cumaná, y como amigo, que lo ama y que se interesa
en su gloria, le ruego desista de este empeño. Hay un
medio de que Yd. salga de él muy airoso, y no compro-
meta el gran nombre que acaba de adquirirse en polí-
tica, como ya lo obtenía en la milicia.
En todo el mundo va á resonar la grande operación
de Cariaco, y si á esta sucede la de un Gobiernito pro-
vincial, se creerá que el hombre de la segunda no era el
de la primera. Hablando en confianza, no hay mayor
absurdo en política que el Gobierno federativo. Toda la
historia depone contra él. Por él no existen ni la Grecia
ni el Peloponeso, y por él se ha perdido la Nueva Gra-
nada, y Venezuela mismo debe originalmente á él todas
sus desgracias. Pues, ¿porqué se ha restablecido? por-
que era el medio para constituir el que nos conviene, y en
el cual vaVd. á aparecer como el genio tutelar de Venezuela
y autor de su existencia política. Aseguro á Vd. que no
habrá un solo político en Europa, que al leer el acta de
Cariaco y la proclama de Vd. no se persuada que el
Gobierno restablecido sólo es un medio para formar el
que nos conviene : que Vd. ha tenido en ello las miras
más grandes y profundas, y que deben esperarse loa
ni is ventajosos resultados. Pero el Gobiernito de Cumaná
100 BOLÍVAR
los desengañará y perderemos todos los derechos que
hemos adquirido a la inmortalidad.
El Gobierno manda con tanta precipitación el expreso
conductor de estos pliegos, que no puedo extenderme
como quisiera, y es preciso acerca de tan importante
asunto. Créame Vd. que todo lo perdemos si en lugar
de extinguir el espíritu de provincia para formar el na-
cional, lo fomentamos con Gobiernos particulares que
perjudican y aún destruyen la unidad sobre que debe
fundarse la República. No se me oponga el ejemplo de
los Estados Unidos de Norte- América, cuya necia y ab-
surda imitación nos ha causado tantos males, por no
haber pesado la diferencia infinita de situación, relacio-
nes, luces, costumbres, clima, opinión, circunstancias y
necesidades.
¡ Pues qué ! porque en Filadélfia es forzoso encender
una estufa ó una chimenea desde Noviembre hasta
Abril, ¿lo será en la Guaira ó en Puerto Cabello? Así
han razonado en política estos legisladores.
No caiga Vd. mi amigo, en este despropósito, antes
convierta la Junta misma que se hacía para el Gobierno
provincial en apoyo del general. Puede Vd. decirles que
porque no viviesen en la anarquía los había reunido
para formar un Gobierno provincial; pero que resta-
blecido el general por un beneficio de la Providencia, á
éste deben todos adherir y reunirse para sostenerlo.
Jugo puede hacer un buen discurso sobre el particu-
lar. Yo lo haría, si á cada instante no me dijesen que
el expreso está detenido por mí.
Concluyo con el tema de mi sermón Benedeti y nues-
tros papeles. Nuestros papeles y Benedeti. Por Dios,
amigo, que el tiempo insta, y ambos asuntos nos inte-
BOLÍVAR 101
resan mucho. Encargo a Vd. la brevedad, haga los sa-
crificios que hiciere para ello.
Adiós mi amado General,
Suyo siempre
Zea.
Díganos Vd. de Oficio quien es su Secretario, para no
dirigir á Vd. en derechura los despachos que son pura-
mente de Secretaría.
Sea de ello lo que fuere, Bolívar rio paró
mientes en la Asamblea de Cariaco, y conti-
nuó sus preparativos para apoderarse de An-
gostura. Uno de estos era la construcción de
embarcaciones en el Orinoco, absolutamente in-
dispensables para el movimiento de las tropas.
Á punto de perecer estuvo Bolívar en el Caño
de Casacoima, adonde se había dirigido con
una escolta, con el íin de activar la salida de
aquellas embarcaciones, pues ocurrió que los
realistas, descubriendo la operación, se pre-
sentaron en el lugar á impedirla, y Bolívar
se apercibió del peligro enfrente del enemigo :
sr salvó arrojándose al ('año con sus pocos
compañeros, mientras los realistas pasaron do
162 BOLÍVAR
largo preocupados con rendir á la escuadrilla.
Poco después contrarrestó tal desastre la
entrada de la escuadra de Brión en el Orinoco,
la cual tuvo la buena suerte de encontrar á la
enemiga en el río, y destruirla parcialmente
en glorioso combate, facilitando así á los pa-
triotas la navegación del Orinoco.
La Torre, al saberlo, se retiró de Angostura,
y logró salir al mar en sus buques. Bermudez,
que sostenía el sitio de aquella plaza, la ocupó
el 19 de Julio, y después llegó Bolívar.
Á tiempo que esto sucedía, Morillo estre-
llaba su ejército contra Margarita. De Cu-
maná liabía salido para aquella isla con 3000
veteranos.
Una serie de combates con los Margariteños
le había demostrado la imposibilidad de ven-
cerlos. Tuvo entonces noticia de la ocupación
de Guayana por Bolívar y comprendiendo la
importancia de este suceso, evacuó la isla
y se dirigió á Caracas.
Bolívar declaró residencia provisional de
las primeras autoridades y capital del Gobierno
de Venezuela á la ciudad de Angostura ; creó
BOLÍVAR 163
un consejo de Estado, dictó hábiles medidas
en protección de las provincias ya libertadas,
y logró en una Junta de generales y jefes del
ejército, que se reconociera su autoridad de
una manera explícita y solemne.
Fué entonces que ocurrió en Guayana un
hecho que dio el mayor prestigio á su poder ,
la ejecución del general Piar, vencedor en San
Félix. Sometido de orden de Bolívar á un
consejo de guerra compuesto de los generales
Torres y Anzoategui, coroneles Ucroz y Car-
reño, y comandantes Piñango y Conde, fiscal
u»meral Carlos Soublette, y defensor coronel
Galindo, Piar fué condenado unánimemente á
muerte, el lo de Octubre de 1817 y á la de-
gradación militar por los crímenes de inobe-
diencia, sedición, conspiración y deserción.
Bolívar confirmó la sentencia en su primera
parte, mas no en la segunda; y á la tarde
siguiente, en presencia de todo el ejército, fué
fusilado Piar, muriendo con la misma sere-
nidad é intrepidez que mostró durante toda
su vida. Así terminó sus dias el jefe Oriental
que tantos laureles había segado en el campo
164 BOLÍVAR
de batalla; el hombre, de quién el mismo
Bolívar había dicho pocos meses antes estas
palabras : « La victoria obtenida por el general
Piar en San Félix, es el más brillante suceso
que hayan alcanzado nuestras armas en Ve-
nezuela. »
Muchos crímenes se atribuyeron á Piar,
pero no todos le fueron probados, ni él era
tampoco el más culpable de los que en aquella
época fueron tildados de desobedientes, sedi-
ciosos, conspiradores y desertores : pero lo
cierto es que Bolívar debía empezar por alguno
para restablecer de una manera efectiva la
moral del ejército, sin la cual fuérale imposible
libertar á su patria, y Piar dio motivo con su
conducta después de la reunión del congreso
de Cariaco, para ser tenido por sospechoso.
Hasta se le acusó de acaudillar una revolución
de negros. De manera que no puede censu
rarse á Bolívar por el hecho de confirmar la
sentencia del consejo de guerra; pero la his-
toria no le disculpará de no haber empleado la
misma severidad con otros jefes, menos acree-
dores á su clemencia.
BOLÍVAR i6o
También ordenó la prisión de Marino, pero
éste , trasladándose á Margarita, obtuvo clemen-
cia por mediación de sn compañero Bermudez.
Pasaban estas cosas en el campo repu-
blicano, cuando Morillo, atento siempre á
la campaña «pie intentar pudiera Bolívar, situó
el grueso de sus fuerzas en Calabozo, inclu-
yendo en estas las que el brigadier Canterac,
que acal jaita de llegar de la Península, llevó
consigo.
Este jefe se había marchado á Panamá con
algunos cuadros de caballería. Propúsose el
jefe realista reforzar ¡i Calzada en Nutrias,
para que cayera sobre Paez, y maniobrar con
La Torre contra las fuerzas de Zaraza. Paez.
al saberlo, se retiró á Arauca, pero no se salvó
Gedeño, quién fué derrotado por La Torre en
el sitio de la Hogaza con fuerzas inferiores,
quedando en pod<T de] vencedor, artillería,
armas, caballos, imprenta, banderas, equi-
pajes y más de mil muertos en el campo.
Pero Bolívar, sacando de Angostura las
fuerzas que allí le quedaban en número de
2000 hombres, se reunió con Paez á fines de
166 BOLÍVAR
Enero de 1818. El ejército republicano, fuerte
ya de 3,500 hombres, se puso en marcha
hacia Calabozo, donde estaba Morillo. Al llegar
á San Fernando, no se detuvo, porque Paez y
Aramendi con 50 hombres lograron tomar al
abordaje las embarcaciones enemigas situadas
al otro lado del río, y en ellas pasó el ejército.
Presentóse Bolívar frente á Calabozo <d
12 de Febrero. La marcha había sido tan
rápida que Morillo no tuvo de ella noticia anti-
cipada, y fué sorprendido y su caballería des-
truida ; pero no sucedió lo mismo con las
infanterías, porque estas, sea por errores en
los movimientos de las tropas de Bolívar, ó
por otro motivo, lograron salir de la plaza y
dirigirse por Villa de Cura á Valencia, después
de haber rechazado en el Sombrero al ejército
libertador. Debióse este fracaso á la diversidad
de criterio entre los generales Bolívar y Paez
en punto á las operaciones que preferente-
mente debieran hacerse. El hecho es que
Morillo, con fuerzas inferiores, se retiró ileso,
y que Paez fué enviado por Bolívnr á Barinas
con sus jinetes, llevando el nombramiento de
BOLÍVAR 167
comandante general de aquella provincia para
libertarla, luego que hubiera logrado la ren-
dición de San Fernando, motivo este ostensible
de sn separación del ejército en aquellos
momentos.
Bolívar dejó á Cedeño obrando con algunas
fuerzas en los llanos de Calabozo y emprendió
sn marcha sobre Caracas, «pie era el secreto
deseo de sn corazón, no siempre el más acei-
tado en achaques *h' guerra. Muy perjudicial le
í'uó csc empeño en Ocumare y en Clarines, y
más perjudicial habría de serle aún.
No digamos que la Junta de generales que
Bolívar convocó antes de la marcha así lo
dispuso, pues en esa Junta pocos fueron los
caracteres independientes que contrariasen el
deseo de Bolívar, entre ellos, su más leal amigo
y compañero general Urdaneta, quién opinó
por la ocupación preferente de San Fernando.
Barinas y Casanare.
Emprendió pues Bolívar una aventurad.)
campaña, porque iba á colocarse entre dos
fuerzas enemigas considerables, Morillo en Va-
lencia, v La Torre en Caracas. Y va estaba en
168 BOLÍVAR
el pueblo del Consejo, en seguimiento del úl-
timo, cuando supo que Morillo habia sorpren-
dido sus fuerzas en la Cabrera, y avanzaba.
Esto le obligó á emprender precipitadamente
la retirada bácia Villa de Cura y Bocacbica , pero
Morillo les alcanzó y les dio batalla, con buen
resultado al principio para la causa de los pa-
triotas, pero con gran desastre al fin, porque
la derrota fué completa. Ni se salvaron si-
quiera los papeles de Bolívar. Urdaneta, To-
rres, Valdés y otros jefes fueron heridos ; pero
también Morillo, por lo cual fué trasportado á
Valencia.
Retiróse Bolívar al Rastro, y allí rehizo el
ejército. En su auxilio vinieron diferentes fuer-
zas, entre ellas las de Paez, que para aquella
fecha había ocupado la plaza de San Fernando.
Tenía para el 20 de Marzo 2,800 hombres.
Buscóle La Torre que había reemplazado en el
mando á Morillo, pero no juzgó conveniente
atacarlo, por tener pocos jinetes. Los patriotas
le alcanzaron el 26, y le apagaron los fuegos,
pero el combate quedó indeciso, y La Torre
se retiró hacia Valencia.
BOLÍVAR 10'.)
Pensó entonces Bolívar en el antiguo plan
que Paez y Urdaneta le aconsejaran, y envió
al primero al Pao, y á Monagas á Barcelona.
Estableció después sn cuartel general en Rin-
cón de los Toros, cerca de San José de los Tiz-
nados. Cedeño se adelantó con sus fuerzas
hacia el Pao, y Bolívar quedó solo con 300 in-
fantes y 700 jinetes.
Al siguiente día en la uoche,se salvó milagro-
samente, porque habiendo sabido López por
un desertor republicano donde dormía Bolívar,
y hasta el santo y seña de la división, envié)
al capitán Renovales con 8 hombres compe-
tentes, para que se introdujeran en el campo
republicano, vio asesinaran.
En efecto, penetró Renovales en el campa-
mento, logrando engañar al coronel Santan-
der, (pie era sub-jefe de Estado Mayor; yá las
cuatro de la mañana le hizo creer que venía de
practicar un reconocimiento en el campo ene-
migo por orden del ¡efe supremo, y que estaba
en el deber de darle cuenta de su comisión.
Santander, que debía avisarle que todo estaba
preparado para la marcha, acompañó á Reno-
170 BOLÍVAR
vales, y le señaló la hamaca en que debía
dormir Bolívar. Al Ajeria, disparó Renovales
sus armas á quema-ropa, y se retiró creyendo
que, efectivamente, había dado muerte á Bolí-
var. Pero sucedió que éste acabada de levan-
tarse y dispuesto para la marcha, tenía ya
el pié en el estribo de su cabalgadura, cuando
sonaron los tiros.
El pánico que siguió á esto fué espantoso; y
al amanecer, aquella tropa desmoralizada por
el suceso que acababa de ocurrir, fué fácil-
mente batida por López. Los dispersos se reu-
nieron con Bolívar en Calabozo , á donde
llegó también Cedeíío con parte de sus fuerzas.
De allí siguió Bolívar á San Fernando.
Paez que había tenido la fortuna de apode-
rarse de San ( darlos, midió sus armas con La
Torre, en las llanuras de Cogedes, y fué de-
rrotado, retirándose al Apure. En San Pei-
nando estaba con Bolívar, cuando se les pre-
sentó Cedeño, derrotado por Morales, que con
las fuerzas de López ocupó á Calabozo dándole
alcance el 20 de Mayo cerca de la Laguna
de los Patos. La caballería de Cedeño huyó
BOLÍVAH 171
vergonzosamente, y los infantes, en número «le
250, fueron todos degollados. Paez, con sólo
su guardia de honor, contuvo á Morales e] 28
del mismo mes en el Guayabal, matándole
200 hombres, y obligándole á retirarse hacia
el Sombrero.
Bolívar consideró perdida la campaña de
aquel año, después de tantos desastres, y de-
jando á Paez la defensa de Apure, marchóse
con Cedeño, Soublette, Santander y otros á
Angostura, con el íiu de sacar nuevos recur-
sos de las provincias de Oriente. No podían
estas darlos muy abundantes. Cierto que Mar-
garita estaba en paz en poder de los republica-
nos, pero la capital de Barcelona permanecía
en manos de los realistas, y Cumaná estaba
completamente perdida.
A pesar de esto Bolívar vigorizó cuanto
pudo con sus disposiciones el estado de las
cosas, secundado por Bermudez y Urdaneta,
y obtuvo que Marino cooperara al plan co-
mún, dando tregua á sus habituales rencillas.
Ell tal estado, se le presentó Brión, con un
parque de ocho mil fusiles, pertrechos, mi
172 BOLÍVAR
tren de artillería y otros efectos de guerra.
Este auxilio no podía ser más oportuno.
La fortuna comenzaba á sonreír, cuando llegó
al cuartel general la infausta nueva de que
las tropas de Apure habían desconocido la au-
toridad de Bolívar, y nombrado á Paez jefe
del ejército y Director supremo del país.
Fué autor principal de éste motín el inglés
Wilson, que como otros extranjeros había ido
á Venezuela á correr aventuras. Paez desa-
probó lo hecho, y ordenó á Wilson que se
presentara en Angostura ante Bolívar para ex-
plicar su conducta. Este no hizo más que
reprenderlo y expulsarlo del país.
De Casanare pidieron á Bolívar un jefe que
regularizara las operaciones. En el acto des-
pachó con armas y municiones como jefe de
operaciones al general Santander con Lara y
otros beneméritos patriotas.
Entre tanto Marino perdió una división de
1500 hombres que ya tenía organizados en
Maturín, y hubo de refugiarse con unos pocos
en Santa María. Bolívar, que había salido de
BOLÍVAR 173
Angostura para reunírsele, tuvo que regresar
profundamente afligido.
¡ Con estos campeones tenía que contar para
llevar á cabo la independencia de su patria ! . . .
Sólo su perseverancia y su carácter habrían
podido triunfar.
X
Bolívar salió de Guayaría hacia Apure con el
propósito de combatir á Morillo, y se reunió
con Paez en San Juan de Payara el 16 de
Enero de 1819. En este día pasó revista al
ejército patriota, fuerte ya de 4,000 hombres,
de los cuales la mitad eran infantes. Si Paez
había tomado alguna parte en el motín que le
proclamó Jefe supremo, Bolívar que carecía
de medios para reducirlo por la fuerza, le
redujo por la persuasión. Es el hecho que la
entrevista fué cordial y que Bolívar dio á su
rival, como gaje de amistad y premio de sus
BOLÍVAR 17o
[tasados servicios, el grado de General de
división.
Morillo y La Torre reunidos en San Fer-
nando con un ejército de 6,500 hombres, la
mayor parte de excelente infantería, empren-
dieron su marcha contra los patriotas al co-
menzar el mes de Febrero. No era fácil em-
presa para estos medir sus fuerzas con las
contrarias en aquel punto, ni era prudente
comprometer un lance sin las seguridades del
buen éxito, por lo cual emprendió Paez la reti-
rada, hasta pasar el Arauca, limitándose á
dejar á retaguardia algunos cuerpos ligeros
que inquietaran al enemigo.
Pasaron también los realistas el Arauca en
seguimiento de Paez, y éste continuó su retirada
hasta el Orinoco, buscando de este modo que
el ejército expedicionario le atacara con sus
fuerzas de caballería, ó se fatigara con tantas
marchas inútiles. Y esto fué lo que al fin suce-
dió, pues Morillo decidió repasar el Arauca, y
situó á principios de Marzo su cuartel general
en Achaguas.
Bolívar instaló en Guavana el lo de Febrero
176 BOLÍVAR
un Congreso, y depuso en sus manos la auto-
ridad suprema que ejercía. Dicho cuerpo
dictó una Constitución para la República.
No nos detengamos á explicar las bases del
nuevo pacto social, que fué calcado sobre el de
1811. La reunión de aquel Congreso, al cual
sólo concurrieron los Diputados de las provin-
cias Orientales, que ya estaban redimidas, fué
dispuesta por Bolívar para dar cierta impor-
tancia á la revolución venezolana, haciéndola
aparecer ante el mundo, y particularmente
ante España como definitivamente consoli-
dada ; pero en el fondo faltaba la basa esencial
de un Congreso, las elecciones populares. Los
soldados bajo las órdenes de sus jefes hicieron
los nombramientos. Por lo demás, este Con-
greso sólo se compuso de 16 diputados, algo
más que el de Cariaco.
Por supuesto que el primer asunto en que
debía ocuparse aquella corporación, era la
renuncia de Bolívar, la cual no fué aceptada.
El Congreso decretó en consecuencia que aquel
desempeñara interinamente la Presidencia de
la República , y nombró Yice-Presidente á
BOLÍVAR 177
Zea. Bolívar se negó al principio á aceptar el
cargo, pero al fin ofreció desempeñarlo, y
organizó el 26 de Febrero su ministerio com-
puesto del Dr. Manuel Palacios para la Ha-
cienda, del coronel Pedro Briceño Méndez para
Guerra y Marina, y el licenciado D. B. Urba-
neja para interior y Justicia.
Dicho está que Bolívar no tuvo el pensa-
miento de retirarse del mando ni con su renun-
cia ni con su negativa á aceptar la Presiden-
cia . Harto sabía él que su autoridad era nece-
saria, pero conveníale demostrar respeto á la
autoridad del Congreso.
Allanada esta dificultad comenzó, pues, sus
preparativos para la próxima campaña. La
legión (pie llegó de Inglaterra fué confiada á
Manrique, con órdenes de reunirse á Paez en
Apure. Urdaneta pasó á Margarita á recibir
otros dos cuerpos extranjeros llegados á la
Isla, al mando de English y Uzlar. Con ellos y
otros auxilios que se le facilitarían allí, debía
Urdaneta desembarcar en las costas de Cara-
cas y ocupar la Capital. Marino y Bermudez
impedirían en Oriente la marcha del enemigo.
12
178 BOLÍVAR
Bolívar prosiguió también el viaje á Apure,
y el 17 de Marzo estuvo en Cunaviche. Para
esa fecha las fuerzas republicanas habían su-
frido un pequeño descalabro, pero las de
Morillo no estaban mejor libradas, pues el clima
y las continuas escaramuzas con los cuerpos
francos de Paez, las habían mermado conside-
rablemente.
Al fin, debían encontrarse ambos ejércitos,
y así fué para bien de la patria ; pues el pri-
mero de Abril, avanzando Morillo por la
izquierda del Arauca hacia las posiciones que
ocupaba Bolívar, logró Paez con estrategia
provocarlo al combate con sólo un cuerpo de
150 jinetes : con ellos atravesó el río y avanzó
sobre el enemigo.
Lanza éste toda su fuerza contra tan débil
adversario; retírase Paez fingiéndose derro-
tado, y cuando la caballería realista compuesta
de 1200 hombres que le seguían se alejó del
resto del ejército, volviendo cara los patriotas,
acometen y destrozan á sus contrarios. Paez
los arrolló y acuchilló sin misericordia, hasta
llegar á las filas enemigas. La infantería de
BOLiVAU 179
Morillo se refugió desordenadamente en el bos-
que, y la noche vino á salvarla. Allí dejaron
los realistas 400 muertos.
Tal fué la batalla de las Queseras del Medio,
una de las más heroicas en la vida militar de
Paez. Fué esta brillante acción la única que
por aquel tiempo tuvo lugar en Apure, pues
estando muy próxima la época de las lluvias r
juzgó prudente el jefe realista dirigirse á Cala-
bozo, dejando guarnecida y fortalecida la plaza
de San Fernando, y envió también varios
cuerpos á la provincia de Barí ñas.
Bolívar había pensado también dirigirse á
Bacinas y ya estaba en marcha con el ejército,
cuando recibió en Cañaí'ístolo el comisionado
que Santander le enviaba con excelentes noticias
de Casanare. Allí había logrado tan distinguido
granadino establecer el orden, y uniformarla
opinión en favor de la independencia y déla
autoridad de Bolívar. Además había puesto en
pié de guerra un ejército que no era para
despreciado.
Bolívar cambio entonces de propósito, y con
acuerdo de una Junta de guerra que fué con-
180 BOLÍVAR
vocada en el acto, decidió emprender la cam-
paña sobre Nueva Granada. En consecuencia,
dictáronse todas las disposiciones del caso, y
dejando á Paez en Apure para hacer frente al
enemigo, emprendió la marcha á Guasdualito
y pasó el Arauca con los batallones Rifles,
Bravos de Paez, Barcelona y Albión, el regi-
miento de caballería Guías de Apure y tres
escuadrones de lanceros y carabineros.
Esta fuerza, junto con la división de Anzoa-
tegui, reunida al ejército el 23 de Junio en
Pore, llegó al número de 2400 hombres ; pero
no todos iban á ser útiles, porque las lluvias,
la crecida de los ríos, el frío de las cordille-
ras, la fragosidad de las tierras, todo debía ser
parte para mermar aquel ejército en una
marcha tan larga como laboriosa. Al fin llegó
el 6 de Julio á Socha, pero en lastimoso estado.
Allí pasó Bolívar tres días, reorganizando y
equipando las tropas, y aún intentó, bien que
sin fruto, un ataque contra las fuerzas realistas
al mando de Barreiro que ocupaban la posición
de Gámeza. Obligado Bolívar á no perder
tiempo en sus operaciones para impedir los
BOLÍVAR 181
auxilios que Morillo pudiera enviar al conocer
su movimiento, se dirigió por una marcha de
flanco al valle de Zerinza. Al saberlo Barreiro,
abandonó sus posiciones para cubrir á Tunja y
Bogotá, situándose en los molinos de Bonza.
Allí le buscó Bolívar, y viendo que no salía de
sus posiciones, le atacó el 2o de Julio por
retaguardia, obligándole á combatir, aunque
en sitio desfavorable á los tropas republicanas,
en la hondonada llamada Pantano de Vargas.
Trabóse la lucha, y habría sido funesta para
los patriotas, si en el momento en que sus
infantes se hallaban envueltos por todas partes
y sin poder tomar de frente las posiciones
enemigas, la caballería de los patriotas no
hubiera atacado ambos flancos del ejército
realista, desalojándolo de las alturas y facili-
tando así la derrota. No fué ésta completa
porque sobrevino la noche, pero Barreiro
de¡<» ni el campo 500 hombres entre muertos
y heridos, muchos prisioneros y elementos de
guerra .
Bolívar les persiguió en la derrota y volvió
á atacarles el 3 de Agosto, quitándoles sus
182 BOLÍVAR
posiciones. El 4 permanecieron ambas fuerzas
estacionarias, pero en la tarde de dicho día,
contramarchó Bolívar, haciendo creer á Ba-
rreiro que volvía á sus posiciones de Bonza ,
pero en vez de esto, se dirigió por el camino de
Toa á la ciudad de Tunja, dejando á retaguar-
dia el ejército realista. El 5 ocupó á Tunja apo-
derándose de la guarnición y del parque, y
aumentando sus fuerzas.
Era grande el entusiasmo de los granadinos,
y todos acudían voluntariamente á alistarse
en las filas patriotas.
Barreiro siguió las huellas de Bolívar, y al
acercarse á Tunja, decidido á esquivar el com-
bate, porque tenía el plan de acudir en auxilio
del Yirey de Bogotá, tomó el camino que
para dicha ciudad guía por el puente de Boyacá .
Bolívar que merced á su bien organizado
espionaje conocía anticipadamente el plan de
Barreiro, apenas supo que había tomado aquella
dirección, corrió en seguimiento suyo, y encon-
trándole en el puente de Boyacá, dio una de
las batallas más memorables de la guerra de
la Independencia, en la cual quedó destruido
BOLÍVAR 183
para siempre el poder español en Nueva Gra-
nada. Hagamos una ligera descripción de tan
brillante suceso.
Ascendía el ejército de Barreiro á 3,000
hombres; el de Bolíyar apenas contaba dos
mil. El combate comenzó á las dos de la tarde
entre las respectivas descubiertas, en las inme-
diaciones del puente de Boyacá; cada fuerza
buscó sin embargo sus posiciones antes de
declararse en formal batalla. Las columnas
principales de Harreiro se situaron en una
altura con una batería de artillería en el centro
y dos cuerpos de caballería á los costados.
Tenían además en la cañada que mediaba
entre ambas alturas, un batallón.
El ejército patriota marchó sobre el ene-
migo en línea de batalla. Anzoategui desalojó
de la cañada el batallón realista ; el combate
se hizo general, las columnas realistas per-
dieron las alturas y no pudieron recuperarlas ;
sus granaderos de á caballo emprendieron la
fuga ; simultáneamente la vanguardia de Ba-
rreiro fué derrotada por el ala izquierda del
ejército republicano. No había retirada posible.
184 BOLÍVAR
El ejército realista se rindió á discreción, que-
dando en poder del vencedor sus jefes, casi
todos los oficiales, 1600 soldados, todo el
armamento, municiones, artillería y caballos.
Sólo se salvaron unos 50 hombres que huyeron
al principio de la batalla.
El Virey Sámano, al saber el día nueve lo
ocurrido en Boyacá, se puso en fuga, dejando
en Bogotá un millón de duros y cuanto allí
había, y con algunos empleados principales y
su guardia se dirigió velozmente á Honda.
Calzada, que había sido enviado allí por Mo-
rillo, se retiró á Quito con 400 hombres.
Bolívar hizo su entrada triunfal en Bogotá
el 10 de Agosto á las cinco de la tarde, en
medio de las aclamaciones populares más
entusiastas, pero no se embriagó con tan
gloriosa victoria ; antes bien, consagrándose á
aprovecharla, destinó varias fuerzas á Po-
payán para combatir á La Torre, otras á Pam-
plona con Soublette ; y envió á Guayana fuer-
tes sumas en dinero para auxiliar á los
patriotas de aquella región, y en fin, organizó
el país granadino en sus diversos ramos adini-
BOLIVAK iHV>
nistrativos. Una gran Asamblea popular le
aclamó Libertador de la Nueva Granada.
Nombró Bolívar á Santander Yice-Presi-
dente de la República, y marchó hacia el
Norte con fuerzas considerables. El 20 de Se-
tiembre ya estaba en Puerto Real, al día
siguiente en camino para el Socorro, y de allí
á Guayana.
Digamos, pues, lo que había ocurrido en el
Oriente de Venezuela desde la ausencia de
Bolívar. Urdaneta había salido para Margarita
á encargarse del mando de las legiones extran-
jeras, que en realidad no constituían por el
número ni por la calidad un auxilio valioso.
Antes al contrario formadas imprudente-
mente en Europa, habíanse hecho ofertas á los
alistados, que la República no podía cumplir,
y de ahí los disgustos de muchos al llegar á
Margarita. Si á esto se agrega que el general
Arismendi se oponía á dar á Urdaneta el con-
tingente de 500 hombres que Bolívar había
ordenado, se comprenderá que le fué forzoso
á aquel jefe el retardar la campaña sobre las
provincias de Barcelona y Cumaná que Bo-
186 BOLÍVAR
lívar le encomendó á su salida para la Nueva
Granada. Ni paró en esto, porque Urdaneta,
decidido á hacerse respetar, tomó en serio el
asunto, y harto ya de subterfugios y de ame-
nazas hizo presos en un buque de guerra á
los sediciosos, y el mismo Arismendi fué preso
después y remitido á Angostura para ser
juzgado.
Al fin salió Urdaneta para Barcelona con
1 , 200 ingleses y la escuadrilla ; pero care-
ciendo de caballería, y hallándose casi todos
los pueblos de la provincia ocupados por
realistas, difícil si no imposible habría de serle
el comunicarse con Bermudez. Si á esto se
agrega que las tropas inglesas disgustadas, y
en su mayor parte ebrias, habían comenzado á
desertarse, se caerá en la razón de haberse
frustrado la expedición de Urdaneta.
Reembarcóse este jefe para Cumaná el pri-
mero de Agosto, y después de un imprudente
y desfavorable ataque contra la plaza se dirigió
á Maturín, donde entregó el mando de sus
fuerzas á Marino en cumplimiento de una.
orden del Gobierno de Guayana.
BOLÍVAR 187
Hemos dicho ya que Bolívar, después de
haber libertado la Nueva Granada, se puso en
marcha para Guayana. Antes de llegar á An-
gostura, circularon sus enemigos la noticia
de que venía derrotado por Barreiro, solo y
fugitivo. El Congreso estaba reunido todavía.
Varios diputados partidarios de Marino y
Arismendi pretendieron que se juzgara á Bolí-
var por desertor, fundándose en que había
emprendido sin permiso de aquel Cuerpo, la
campaña de la Nueva Granada. Tal proyecto
no era sino el pretexto de una conjuración que
debía efectuarse más tarde en el seno del
Congreso para obtener la renuncia del Vice-
presidente Zea, su reemplazo con Arismendi
que estaba preso, y la proclamación de Ma-
rino como general en jefe del ejército de
< oriente.
Á los conspiradores se les logró el deseo á
pesar de los esfuerzos de Urbaneja, ministro
de lo Interior é interino de la Guerra, ende-
rezados á disuadirles de llevar á término tal
proyecto. Arismendi, á quién se libró triunfal-
mente déla prisión para llevarle al Congreso,
188 BOLÍVAR
se hizo cargo de la Vice-Presidencia de la
República .
En esto presentóse Bolívar en Guayana, y
en vez de castigar á los conspiradores y de
restablecer la magestad del Congreso, ultra-
jada por el motín del 14 de Setiembre, no
reconvino siquiera á sus autores, limitándose
á expresar su desprecio personal á ciertos
amigos cpie habían tomado parte en aquella
trama.
El 17 de Diciembre, á petición de Bolívar,
decretó el Congreso la reunión de las provin-
cias de Venezuela y Nueva Granada en una
sola República, bajo el nombre de Colombia,
dividida ésta en tres grandes Departamentos,
Venezuela, Quito y Cundinamarca, cuyas capi-
tales serían Caracas, Quito y Bogotá. Se dis-
puso que se practicasen en 1820 las elecciones
en todo el país para el Congreso constituyente
de Colombia, que se reuniría el primero de
Enero de 1821 en la villa del Rosario de
Cúcuta .
El mismo día 17 el Congreso, por unani-
midad, nombró á Bolívar Presidente de Co-
BOLÍVAR 189
lombia y Viee-Presidente á Zea. Santander foé
electo para la Vice-Presidencia de Cundina-
marca y Roscio para la de Venezuela. Difirióse
la elección de Quito hasta que las tropas repu-
blicanas entraran en dicha ciudad.
Dos sucesos, á cual más graves, apesadum-
braron en aquellos días el ánimo de Bolívar.
Fué uno la muerte súbita del bizarro general
Anzoategui, ocurrida el lo de Noviembre
de 1819, y fué otro la ejecución de Barreiro y
38 de sus oficiales en Bogotá, por orden del
Vice-Presidente Santander : acontecimiento éste
que merece execrarse, y que se ha prestado
siempre á la crítica «le los historiadores.
XI
La constitución de Colombia decretada por
el Congreso de Angostura, fué reconocida de
buen grado en Nueva Granada porque el Vice-
presidente Santander, amigo leal de Bolívar,
ejerció toda su influencia en ese sentido. Para
la fecha en que se hizo este reconocimiento,
12 de Febrero de 1820, la situación de las
provincias granadinas era satisfactoria. Apenas
quedaban en armas en favor de la causa rea-
lista las provincias de Cartagena, Santa Marta,
Río del Hacha y Panamá.
Los enemigos redoblaban sin embargo los
BOLÍVAR i'M
esfuerzos por todas partes, particularmente
Aymerich, Presidente de Quito.
En Venezuela la situación podía conside-
rarse como de simple espectativa. El ejército
realista, comprendiendo las divisiones acan-
tonadas en Mérida al mando de La Torre, en
Calabozo bajo las órdenes de Morales, en las
provincias Centrales y Oriente, ascendía á más
de 12,000 hombres. El ejército realista espe-
raba refuerzos de la Península, para empren-
der de nuevo una campaña decisiva.
Por su parte, á los patriotas les preocupaba
grandemente la idea de conservar la con-
quista de la Nueva Granada, y los sucesos que
habían comenzado á ocurrir allí.
El Virey, aislado en Cartagena, había en-
viado al interior una expedición al mando del
coronel Warleta.
El coronel Colombiano Obando había sido
derrotado en Popayán por una fuerza realista.
Tanto este desastre como los males que aquella
expedición pudiera hacer, habían sido contra-
restados por las disposiciones de Bolívar que
ordenó á Cordova diera el grito de insurrección
192 BOLÍVAR
en las llanuras del Corzal y en la ciudad de
Monpox, y á Maza batiera las fuerzas sutiles
que la asediaban, en tanto que las tropas del
coronel Carmona ocupaban á Ocaña, obli-
gando á Warleta á alejarse de muchas leguas.
Bolívar quería con estas disposiciones dar
pronto auxilio al general Mariano Montilla, á
quién había encomendado desde Guyana el
ataque contra Cartagena. Él y Montilla estaban
reñidos hacía tiempo, pero hallándose éste en
Angostura cuando Bolívar regresó victorioso
de la campaña de Nueva Granada, Montilla
que era acendrado patriota y cumplido caba-
llero, concurrió con los demás jefes y oficiales
á cumplimentarle. Bolívar agradeció como
debía la fina demostración de Montilla, y sin
rencor contra tan benemérito servidor, le es-
trechó de gozo en sus brazos. De aquel abrazo
salió la orden de marchar sobre Cartagena.
Pero la expedición no salió de Margarita
1 1 asta el 6 de Marzo en la escuadrilla de Brión,
conduciendo apenas 078 hombres, irlandeses
la mayor parte, y después de ocupar á Bío
Hacha el 13, y emprender las operaciones que
BOL Í YAK 193
las circunstancias aconsejaban, llegó á verse
en gran peligro por la sublevación de los ir-
landeses que componían su tropa, y hacían las
más extrañas exigencias, á virtud de sus con-
tratas de enganche, y en momentos en que le
amenazaba una fuerza realista de considera-
ción al mando del Coronel Sánchez. Montilla
tuvo á pesar de ésto, la fortuna de derrotar á
su enemigo con los pocos soldados venezo-
lanos que tenía en aquel cuerpo, y con ellos
invadió la provincia de Cartagena.
Los revoltosos irlandeses fueron embarca-
dos para Jamaica, no sin que saquearan antes
é incendiaran la población de Río Hacha. El
hecho es que Montilla, después de enseño-
rearse del Magdalena con la escuadrilla, y de
aprovechar cuantas ocasiones se le presenta-
pan de consolidar su situación, llegó á reunir
en Sabanilla un cuerpo de 800 hombres, y se
puso en comunicación con las fuerzas de Gór-
dova y otros jefes que, por orden de Bolívar,
marchaban en su auxilio. Poco después em-
prendió el sitio de la plaza de Cartagena.
En las demás provincias granadinas los pa-
13
194 BOLÍVAR
triotas habían obtenido varios triunfos y la
causa republicana se consolidaba diariamente.
Largo tiempo permaneció inactivo el ejército
realista que ocupaba á Venezuela, y la guerra
se limitó por el momento á escaramuzas de
poca importancia ; los diversos cuerpos pa-
triotas conservaban sus respectivas posiciones,
impidiendo así los auxilios que Morillo pre-
tendía enviar á Nueva Granada.
Bolívar decidió entonces enviar á Europa,
en desempeño de importantes comisiones, á
un agente oficial, y designó á Zea para dicho
cargo. El Congreso de Guayana le dio el per-
miso de ausentarse, nombrándole para reem-
plazarle en la Vice-Presidencia de Colombia al
Doctor Juan Germán Roscio, que fué á su
turno sustituido por Soublette, mucho más
competente en la dirección de la guerra. Zea
se embarcó el 1 .° de Marzo.
Los auxilios que el ejército realista aguar-
daba de la Península, no llegaron con motivo
de la revolución política que ocurrió en España
en 1820. Las Cortés acordaron ofrecer á los
Americanos una amnistía á cambio de su
BOLÍVAR 19o
adhesión á la Metrópoli. La revolución liberal
efectuada en España, contribuyó grandemente
al desenlace de la guerra en Venezuela, y la
nueva Constitución de la Monarquía, procla-
mada y jurada en Caracas en Junio de aquel
año, fué el punto de partida de los sucesos
que siguen.
El deseo de España era ya irrealizable. Ve-
nezuela no sólo pretendía constituirse liberal-
mente, sino que deseaba también su propia
independencia. Diez años de lucha no podían
borrarse ya de la historia, para dar campo á
una situación que presentaría á los patriotas,
seguros entonces de su triunfo, como some-
tidos al Gobierno peninsular. De aquí que las
primeras sugestiones de Morillo fueran recha-
zadas enérgicamente.
Los jefes republicanos á quienes propuso
una suspensión de hostilidades, contestaron
que sus operaciones dependían del Gobierno.
El Congreso de Cuayaiía, ante el cual acreditó
Morillo dos comisionados, Cires y Duarte, con-
testó que oiría con gusto las proposiciones que
hiciera el Gobierno español, siempre que tuvie-
196 BOLÍVAR
ran por base el reconocimiento de la soberanía
é independencia de Colombia.
Bolívar, al saber que dos comisionados s<>
dirigían con idénticas proposiciones á su Cuar-
tel General en San Cristóbal, contestó el 20 de
Agosto por medio de otros dos delegados, Bri-
ceño Méndez y Urdaneta, que era inadmisi-
ble toda propuesta de sometimiento constitu-
cional á España ; é injuriosa al desinterés y
patriotismo de los colombianos, la oferta de
conservarles en el mando, á trueque de la pér-
dida de la independencia de su patria.
Las proposiciones de Morillo, seguidas de
un rechazo tan enérgico por parte de los pa-
triotas, contribuyeron á mejorar mucho la
situación de estos. Los que tenían fé en el
triunfo, se confortaron en ella; los dudosos
no vacilaron más y se incorporaron á las filas,
y hasta los indiferentes creyendo oportuno
mostrar su adhesión á una causa que llevaba
trazas de triunfar, la ayudaron con sus sim-
patías. La independencia estaba asegurada.
Por lo que toca á la guerra, los triunfos de los
patriotas fueron más fáciles desde entonces, y
BOLÍVAR 197
Bolívar tuvo ocasión de exhibir desde aquella
época las dotes de gran político, como exhi-
biera antes las de gran guerrero. En conse-
cuencia, escribió á Morillo desde San Cristóbal
en 21 de Setiembre, acogiendo la propuesta
del armisticio, siempre que se dieran á Colom-
bia las garantías que había pedido, y ofre-
ciendo situar su Cuartel general en San Fer-
nando para facilitar las comunicaciones, sin
que por esto se suspendieran las operaciones.
Y en probanza de ello, Bolívar atacó con sus
fuerzas las del realista Tello, que esquivó el
combate. El jefe republicano ocupó á Mérida
el Io de Octubre, y libertada aquella provin-
cia, redimió la de Trujillo diez y siete días
más tarde.
Morillo que, por motivos personales, quería
regresar á España, y que tal vez no estaba muy
satisfecho del triunfo liberal en su propia pa-
tria, envió inmediatamente á Bolívar desde su
Cuartel general de San Carlos, tres comisarios
para tratar del armisticio, los cuales, á su
paso por Calabozo, recibirían instrucciones del
general La Torre.
198 BOLÍVAR
Impaciente Bolívar, al recibir la carta de
Morillo de 20 de Octubre en que aceptaba la
propuesta del armisticio, le anunciaba el envío
de sus comisarios, y bacía votos por el éxito
de la negociación. Escribió de nuevo á Morillo ,
enviándole directamente las bases del arreglo.
No las creyó aceptables el jefe realista, pero
eso no impidió que los comisarios siguieran
su viaje, y que Bolívar enviara en seguida al
campamento del jefe realista al general Sucre
y al coronel Plaza con el encargo de liacer
algunas explicaciones á sus comisarios.
Entre tanto, Morillo fijó su Cuartel general
en Carache y sus emisarios llegaron al campa-
mento de Bolívar el 19 de Noviembre. El 21
comenzaron las conferencias en Trujillo entre
estos y los comisarios de Bolívar que eran
Sucre, Briceño Méndez y Pérez; y después de
varias infructuosas, se llegó por fin á un
acuerdo el 2o de Noviembre, firmándose en
ese día un armisticio que duraría seis meses
ó más si fuere preciso, hasta haber obtenido
un tratado de paz. En este documento se inser-
taron las demás clausulas acostumbradas en
BOLÍVAR 199
esta clase de exponsiones. El acto de Trujillo
fué ratificado por uno y otro jefe.
El general Morillo manifestó deseos de tener
una entrevista con el general Bolívar, y éste
correspondió atentamente, poniéndose en mar-
cha hacia el pueblo de Santa Ana, acompañado
de sus edecanes yde algunos jefes. Morillo, que
llegó al mismo punto el 27 de Noviembre, envió
cuatro oficiales de alta graduación para recibir
á Bolívar, y él mismo, con su séquito, le esperó
á la entrada del pueblo.
Al encontrarse ambos, desmontáronse de
sus cabalgaduras para estrecharse con efusión
y afecto. La Torre se inspiró también en este
ejemplo, y el acto fué digno de la raza espa-
ñola. Diríase (pie aquel abrazo espontáneo y
sincero que unió en un banquete á los dos cau-
dillos del opuesto bando, era precursor del
que más tarde habrían de darse España y Ve-
nezuela cu c| Congreso de los pueblos cultos,
cuando, pota la valla de infundados enojos.
ambas naciones se holgaran de sus mutuas
proezas en una guerra que no tuvo vencedores
ni vencidos, sino españoles, tiranizados por
200 BOLÍVAR
el poder real, que permanecían estacionarios,
y españoles que despertaban con los primeros
albores de la libertad americana.
De Santa Ana se separaron amigos por
siempre, y á indicación de Morillo convinieron
en levantar allí una columna que perpetuara
la memoria de tan feliz suceso, y ambos colo-
caron la primera piedra, abrazándose de nuevo
durante ese acto.
Al amanecer del 28 se dividieron las dos
comitivas, con vítores á Colombia y á España
en una despedida amistosa, tierna y galante,
en la cual quedaron sepultados los tristes re-
cuerdos de la guerra á muerte
Para aquella fecha Santa Marta había caido
en poder de los patriotas al mando del bizarro
coronel Carreño después de reñidos combates,
y Montilla, que ocupaba la de Río Hacha, se
dirigía de nuevo á Cartagena con el propósito
de reducirla cuando le llegó la notificación del
armisticio, y paralizó sus operaciones.
Morillo se embarcó el 1 7 de Diciembre con
rumbo á Cádiz, haciendo uso de una licencia
que le había concedido su Gobierno. Anhelaba
BOLÍVAR 201
estar al lado de su compañera, á la cual so
había unido por poden1 durante su residencia
en Venezuela. Al retirarse entregó el mando á
La Torre, y fueron inútiles los ruegos de las
principales autoridades de Caracas y otras ciu-
dades para que supendiera su embarque, con
el fin de hacer la nueva campaña contra Bo-
lívar.
Poco tiempo duró el armisticio, porque á
fines de Enero de 1820 ocurrió un pronuncia-
miento en Maracaibo en favor de su indepen-
da. Aquella provincia había permanecido
adicta al Gobierno español hasta entonces; por
consiguiente, al proclamar su independencia
estaba en su derecho, y esto no constituía una
violación del armisticio. Pero sucedió que la
trama patriótica urdida y llevada á cabo por
Briceño, requería el concurso directo de las
tropas naeionales al mando de Urdaneta y
acantonadas en Trujillo, y este jefe, por órde-
nes secretas, según parece, de Bolívar, no tuvo
escrúpulo en apoyar el movimiento violando
el armisticio.
En vano protestó La Torre y pidió que las
202 BOLÍVAK
cosas se restablecieran al estado que tenían
antes de aquel suceso.
Bolívar no accedió á esta exigencia , y para
evitar nuevas complicaciones, no sólo participó
al jefe español que las hostilidades se renova-
rían en el término de cuarenta días, sino que
poco después, con el fin de conservar en su
poderla plaza de Maracaibo, intimó de nuevo
desde Trujillo la continuación de la guerra, ó el
reconocimiento de la independencia de Colom-
bia, que no podía ser aceptado por La Torre,
sin instrucciones de su Gobierno, y menos aún
estando pendientes las negociaciones de paz
entre los comisarios de ambos beligerantes.
Si el éxito de la campaña que Bolívar se
preparaba á emprender hubiera sido funesto,
la historia no le habría atenuado aquel acto en
que faltó á la fé pública, solemnemente empe-
ñada; pero como la independencia de Vene-
zuela quedó definitivamente asegurada en aquel
año, dicho está que estos pormenores no son
sino meros motivos para las apreciaciones de
la historia.
La Torre aceptó la declaración de Bolívar,
BOLÍVAR 203
y fijó el 28 de Abril para comenzar las hostili-
dades. Sus fuerzas ascendían en esa fecha á
10,400 hombres de todas armas. En Calabozo
tenía el realista 5000 soldados, 1900 en Cara-
cas y Valles del Oriente; 1000 en dimana, y
el resto en disposición de movilizarlo sobre
San Carlos y Aran re.
Las tropas republicanas emprendieron los
siguientes movimientos.
Urdaneta recibió la orden de pasar con sus
fuerzas de infantería á Maracaibo, y de orga-
nizar allí una expedición sobre Coro. Los cuer-
pos de caballería acantonados en Trnjillo sa-
lieron para Barinas. Bolívar mismo siguió esa
dirección, y de allí pasó á Achaguas para po-
nerse de acuerdo con Paez, después de lo
cual regresó a Barinas. Las tropas republica-
nas acantonadas en Barcelona recibieron la
orden de moverse al concluirse el armisticio
con dirección á Caracas. Bermudez debía
marchar sobre esta ciudad, y Zaraza con el
auxilio de los jinetes al mando de Monagas,
hacer la guerra en tierras de Calabozo y Orituco.
Aquel emprendió su marcha con 800 hom-
204 BOLÍVAR
bres, y á tambor batiente ocupó la ciudad de
Caracas el 14 de Mayo, y más luego el puerto
de la Guaira. En ambas plazas reforzó su
división, y con 1 ,300 hombres siguió su mar-
cha á los valles de Aragua en persecución de
Correa, que abandonando la defensa de Cara-
cas se había acantonado en el caserío del Con-
sejo. Allí le atacó y puso en fuga. Siguió Ber-
mudez la victoria, pero supo entonces que
Morales venía contra él y retrocediendo al
Consejo, aguardó en las alturas del Limón á
Morales, contra el cual combatió todo el día
24; pero, escaso de municiones tuvo que reti-
rarse con dirección á Caracas, y por órde-
nes del general Soublette, director de la
guerra en aquella provincia, continuó su reti-
rada hacia Guarenas con órdenes de acanto-
narse en la altura del Rodeo.
Consternado La Torre al saber en Araure la
ocupación de Caracas, retrocedió con el grueso
de sus fuerzas á San Carlos, y ordenando desde
allí que la caballería acantonada en Calabozo
se trasladase al Pao, continuó él mismo sumar-
cha hasta Valencia.
BOLÍVAR 20o
Caracas ocupada por Morales á consecuen-
cia de la retirada de Bermudez, quedó «i
cargo del realista coronel Pereira por haber
ingresado aquel jefe á incorporarse con La
Torre en Valencia.
De Pereira no podían mofarse impunemente
los republicanos, y si bien es cierto que una
columna mandada por uno de sus tenientes
fué destruida por las fuerzas de Bermudez,
combinadas con las del valeroso coronel Pa-
rejo, también lo es que alentado el jefe Orien-
tal con aquel triunfo, embistió á Caracas,
donde le aguardaba Pereira en posiciones
sobre el Cerro del Calvario. Trabóse allí la
batalla, y el resultado fué tan funesto para
Bermudez, que de sus fuerzas que ascendían
á 1500 nombres, apenas pudo salvar 200 que
despavoridos huyeron al Bodeo. Y no quedó
en esto el desquite, sino que la fuerza realista
derrotó á Padrón en la Guaira, y persiguiendo
á los patriotas por el camino de Guarenas, les
hizo correr hasta Ucbire.
Pero Bolívar, reunido ya á Paez en San Carlos
avanzaba sobre el campo de Carabobo, donde
206 BOLÍVAR
debía conquistarse la independencia de Vene-
zuela. Solemne era el momento, y todo presa-
giaba un grave suceso.
La fuerza realista ascendía á 6000 hombres.
Las de Colombia á otro tanto. La infantería
española era excelente, pero el ejército carecía
de unidad, porque Morales, hasta cierto punto
mal avenido con La Torre desde que éste
quedó como sucesor de Morillo, lejos de ser
un apoyo con su caballería, más bien era un
obstáculo, y acaso una traición.
De todos modos la acción era ya inminente
porque Bolívar avanzaba con su ejército re-
suelto á librar la batalla redentora. El 24 de
Junio una avanzada patriota al mando del co-
ronel Laurencio Silva, derrotó completamente
la descubierta enemiga. Este feliz suceso per-
mitió al ejército republicano penetrar por el
desfiladero al campo de Carabobo y observar
allí la fuerza realista. Componíase aquel de
tres grandes divisiones ; la primera al mando
de Paez, constaba de los batallones Británico
y Apure y además 1500 jinetes. La segunda
á las órdenes de Cedeño, se componía de los
BOLÍVAR 207
batallones tiradores Boyacá, Vargas, y el
escuadrón Sagrado, guiado por Aramendi.
La tercera división á cargo del coronel Am-
brosio Plaza, se formaba con los batallones
Rifles Granaderos, vencedor en Boyacá, An-
zoategui y un regimiento de caballería á las
órdenes del Coronel Rondón.
Difícil era para Bolívar penetrar de frente,
y por esto ordenó á Paez que entrara por un
atajo que guiaba á la derecha de los enemigos.
Trataron estos, al saberlo, de impedir aquel
paso por donde no aguardaban el ataque, pero
sin éxito alguno, porque Paez pasó cuando
llegó el batallón Británico en su auxilio, el cual
sostuvo con una serenidad inaudita la posición
conquistada, hasta que se encontró allí la pri-
mera división patriota, y las fuerzas españolas
de infantería fueron desalojadas de sus puestos.
Si Morales con su caballería les hubiera
socorrido, tal vez habrían evitado el desastre,
pero sucedió que sus jinetes se desbandaron,
y desde aquel momento quedó en completo
desorden el ejército de La Torre.
Los patriotas ocuparon sin resistencia en-
208 BOLÍVAR
tónces el campo de Carabobo, y la batalla se
hizo general. La caballería realista quedó casi
toda prisionera ó en fuga. Las fuerzas de infan-
tería perecieron en su mayor parte. El batallón
Barbastro se rindió á Paez y el de Valencey
replegó hacia Valencia precipitadamente, lo-
grando con dos cuerpos más llegar hasta el
pié de la cordillera de Puerto-Cabello.
Los patriotas tuvieron pocos muertos, pero
desgraciadamente fueron del número el ge-
neral Gedeño, y el coronel Ambrosio Plaza,
jefes ambos de indomable valor y de un pa-
triotismo á toda prueba.
Bolívar ofreció á Paez en el campo de ba-
talla el grado de general en jefe, á nombre del
Congreso de Colombia. Esta victoria fué deci-
siva para la causa de la independencia de la
República.
La Torre se retiró á Puerto-Cabello con los
restos de su fuerza. Bolívar ocupó á Valencia ,
dejó en dicha ciudad el ejército á cargo de
Marino, y se puso en marcha para Caracas
junto con Paez y algunas fuerzas con el fin de
atacará Pereira, á quien suponía ocupando la
BOLÍVAR 209
ciudad. Este jefe tuvo á bien no esperarle, sino
trasladarse preventivamente á la Guaira con
el fin de embarcarse para Puerto-Cabello.
Faltáronle los buques, y en consecuencia tuvo
que rendirse á Bolívar, quien, atento á su
buena fé y demás prendas militares, le acordó
una generosa capitulación el 4 de Julio.
Aprovechó el Libertador su corta residencia
en Caracas para concertar con el Vice-Presi-
dente Soublette varias medidas, tanto en el
orden político como en el militar de la Repú-
blica, y regresó á Valencia el 1.° de Agosto,
con el propósito de seguir á la Nueva Granada,
haciendo escala en Maracaibo. Entre aquellas
medidas son dignas de mencionarse por su im-
portancia el decreto que restableció en Caracas
la capital de Venezuela, y otro que dividió al
país en tres grandes distritos militares á cargo
de los generales Paez, Marino y Bermudez.
La suerte había coronado los esfuerzos de
los patriotas en Carabobo á tiempo que sus
armas en Coro no eran igualmente felices.
Aunque l nl.uicta había invadido dedse Mara-
caibo aquella provincia y sometídola fácil-
14
210 BOLÍVAR
mente, tuvo que retirarse con sus fuerzas hacia
San Garlos en cumplimiento de la orden de
Bolívar. Los enemigos surgieron después de
aquella retirada, y si bien Escalona que le
reemplazaba batió al realista Yncliausti, y más
tarde á Tello que vino de Puerto-Cabello en su
auxilio, enviado por La Torre, el Jefe republi-
cano fué sustituido por el coronel Justo Bri-
ceño, y en manos de éste, sea por incapacidad
ó negligencia, se perdió la provincia. Hasta su
propia tropa le reemplazó en la Vela con
Gómez que tuvo, poco tiempo después, que
capitular con La Torre llegado de Puerto
Cabello con una división de 1200 hombres
con la cual ocupó la provincia.
En cambio, Cartagena sucumbió, después
de un sitio muy hábilmente dirigido por el
general Montilla, cayendo la plaza en poder
del jefe republicano, el 11 de Octubre, en
virtud de una capitulación con el Gobernador
Torres. La entrega fué hecha bajo inventario,
y Montilla recibió 35 morteros, 293 cañones
de grueso calibre, toda la artillería que llevó
Morillo, 5,200 quintales de pólvora, 2000 fu-
BOLÍVAR 2M
siles, sables y demás elementos de guerra. La
provincia de Panamá proclamó poco después
su independencia.
Sucre, enviado por Bolívar á emprender La
campaña de Quito, se hallaba entonces en
Guayaquil, que había proclamado su inde-
pendencia. Sn [diincra campaña contra
Ayincrich no fué feliz, pero las demás fueron
dignas del Gran Mariscal de Ayacucho.
Hablemos ahora del segundo Congreso de
Colombia.
XII
Cuando Bolívar alcanzó la gran victoria de
Carabobo, el Congreso de Colombia estaba ya
instalado desde el 6 de Mayo en la sacristía de
la iglesia de la villa del Rosario de Cúcuta. Com-
poníanlo 59 diputados elegidos por las provin-
cias de Venezuela y Nueva Granada que no es-
taban ocupadas por los realistas. No dicen los
historiadores cómo se practicaron las eleccio-
nes, de manera que nuestra creencia de que al
igual de las del Congreso venezolano en 1819,
fueran hechas por los soldados bajo las órde-
nes de sus jefes ó por los Alcaldes de plaza,
no es absoluta, pero sí derivada del estudio
BOLÍVAR 213
que hacemos de los orígenes del régimen par-
lamentario en nuestra patria, con la intención
de dar á la publicidad otro trabajo.
Grande y justificado fué el júbilo del Con-
greso al saber la noticia de la victoria de Cara-
bobo, y en el acto promulgó un decreto en
homenaje á Bolívar y al ejército vencedor
bajo sus órdenes. Otra de sus preferentes
ocupaciones, fué juzgar de la renuncia que
aquel había hecho desde Barinas del cargo de
Presidente de la República que le confiriera
el Congreso Venezolano. Era esta la tercera
vez, pero no la última, que Bolívar renun-
ciaba su autoridad, más bien para pulsar la
opinión pública, que con el deseo sincero de
retirarse del poder, y por tercera vez fué des-
estimada su demanda.
El Congreso de Cuenta nombró en conse-
cuencia el 7 de Setiembre á Bolívar Presidente
de Colombia por una gran mayoría, y Vice-
presidente á Santander ; elecciones acertadí-
simas, porque no existían en Colombia dos
hombres más competentes para el desempeño
de estas magistraturas.
214 BOLÍVAR
Bolívar, que recibió en Maracaibo los ofi-
cios en que se le llamaba, púsose en camino y
llegó al Rosario el 29 del propio mes. Lo
mismo hizo Santander. El 3 de Octubre pres-
taron ambos magistrados el juramento legal
ante el Congreso, y firmó Bolívar la Consti-
tución promulgada por aquella corporación.
No nos detendremos en hacer aquí el análisis
de esta carta, algo parecida á la que se pro-
mulgó en Guayana en 1819, porque las Cons-
tituciones no han ejercido nunca influencia
alguna en la suerte de los pueblos Sur-Ameri-
canos. Las leyes han sido buenas, pero los lla-
mados á aplicarlas no han cumplido con sus
deberes.
Constituyó en seguida Bolívar su Gobierno,
compuesto del Dr. Gtial, ministro ue Rela-
ciones Exteriores, Castillo Rada, de Hacienda,
Restrepo, secretario del Interior, y el coronel
Briceño Méndez de Guerra y Marina, y poco
después emprendió la gloriosa campaña del
Sur. Antes de narrarla, digamos como con-
cluyó la guerra en Venezuela.
Promulgábase en Caracas la nueva Consti-
BOLÍVAR 215
tildón en Enero de 1822 á disgusto de todos,
porque señalaba á Bogotá como capital de la
República, á tiempo que el general Soublette
era nombrado director de la Guerra é Inten-
dente del Departamento de Venezuela, y Paez,
comandante general del mismo. Entre ambos
jefes debían surgir ciertas desavenencias,
bijas de la naturaleza misma, á veces incom-
patible de sus respectivos cargos.
Sucedió, pues, que habiendo dejado La
Torre, antes de encerrarse en Puerto Cabello,
varias fuerzas en el Tocuyo, y enviado en su
auxilio á Morales, dispuso Soublette batirlas,
y ya se ejecutaban sus órdenes cuando Paez
ordenó que se suspendieran los movimientos.
Esto fué causa de que Soublette se trasladara á
Valencia, para celebrar allí una entrevista con
Paez, la cual no tuvo resultado favorable,
puesto que fuerza fué que cediera la voluntad
de] director de la guerra quien regresó desai-
rado á Caracas. Faltó, pues, concierto entre
las dos autoridades principales, y Soublette se
trasladó en persona al teatro de la guerra.
La hacían por Con» y Marar-aibo los rea-
216 BOLÍVAR
listas, y contra ellos marcho el coronel Pi-
ñango con dos mil infantes y 200 jinetes li-
geros. Hubo en la provincia de Coro algunos
encuentros parciales que, unidos á las mar-
chas, bastaron para cansar la tropa de Pi-
fian go que se retiró á Carora, para reunirse á
Soublette.
Las tentativas realistas contra Maracaibo se
frustraron por entonces, pues la fuerza que al
mando de Ballesteros había desembarcado
cerca de la ciudad, se rindió, después de cru-
dísimo combate, al cuerpo republicano que
salió á batirla, y la otra columna que amena-
zaba por Perijá, capituló con el general Lino
Clemente, comandante general del Zulia, y se
rindió con 562 hombres.
Soublette logró á duras penas reorganizar
la fuerza de Piñango y salió de Carora el
18 de Mayo hacia Coro con 864 hombres. El
resto de aquella división se componía de en-
fermos que fué preciso dejar.
£1 25 derrotó una columna realista al
mando de Sicilia, y el 7 de Junio libró nueva
acción cerca de Dabajuro contra Morales que
BOLÍVAR 217
tenía fuerzas mucho mayores, y aún alguna
artillería. Recio fué el combate, y muy digna-
mente sostenido por el jefe republicano. Cierta
habría sido la victoria, á ser mejor la calidad
de sus tropas ; pero apenas había en la división
400 veteranos ; los demás eran bisónos, y Sou-
blette tuvo que retirarse á Carora á donde llegó
el 13. Rehecho más tarde, ocupó la provincia
de Coro el 2o de Julio con más de 2,000 hom-
bres ; pero Morales se había retirado ya á
Puerto Cabello, por lo cual Soublette enco-
mendó la defensa de aquella provincia á To-
rrellas y se dirigió rápidamente á Valencia.
La Torre, nombrado capitán general de
Puerto Rico, había llamado á Morales para
entregarle el mando ; y el nuevo capitán ge-
neral de Venezuela tenía que hacer algo ex-
traordinario que acreditara su autoridad. El
plan no le salió mal al principio, pero al iin
fué desastroso para su causa, porque la inde-
pendencia de Venezuela quedó para siempre
consumada.
Fué el hecho quo Morales engañó á los re-
publicanos con una salida que desde Puerto
218 BOLÍVAR
Cabello hizo el 11 de Agosto, con 1,800 hom-
bres, en dirección de Valencia, haciéndoles
creer que iba á librarles combate ; y después
que supo que el ejército patriota se había con-
centrado allí para batirle, regresó á Puerto
Cabello y se embarcó el 24 con 1,200 hom-
bres para la Costa de la Goagira, con el pro-
pósito, realizado sin mayor dificultad, de apo-
derarse de Maracaibo, que ocupó el 7 de Se-
tiembre, después de haber derrotado la víspera
á Clemente que trató de impedirle la entrada
en Salina Rica. El castillo de San Carlos y las
baterías de la barra se rindieron cobarde-
mente al jefe realista.
La ocupación de Maracaibo por Morales no
podía durar mucho tiempo, porque Soublettey
el Vice-Presidente Santander, no perdieron
tiempo en dictar las más oportunas órdenes
para destruir al jefe realista. La primera divi-
sión de 1,000 hombres al mando de Sarda,
enviada por Montilla desde Cartagena, se per-
dió, porque este jefe, violando las instruc-
ciones que traía, se internó en Sinamaica, y fué
derrotado completamente por Morales el 1 2 de
BOLÍVAR 219
Noviembre ; triunfo éste que le permitió ocu-
par seguidamente la provincia de Coro, y aún
intentar algunos movimientos sobre las de
Trujillo y Mérida, regresando poco después á
Maracaibo .
Precisaba, pues, desalojar á Morales de
Maracaibo, y paca esto era indispensable orga-
nizar una escuadra que forzara la barra, y
resistiendo á los fuegos del castillo, se apo-
derara del Lago. Esto fué lo que se hizo bajo
la muy hábil dirección del general Montilla,
y lo que tuvo el mejor éxito, premiando así el
inaudito arrojo del coronel Padilla, coman-
dante general de la flota y de todos sus dignos
y valerosos compañeros. Sus bajeles pasaron
la barra sin temer á los fuegos enemigos, y
se apoderaron del Lago el 8 de Mayo. Poco
tiempo después, el 1\ de Julio, tuvo Lugar
el combate formal entre la escuadra de Mo-
rales, compuesta de tres bergantines, doce
goletas, y diez y seis buques menores, con-
tando 07 piezas de artillería, algunas de á
18; 500 marineros y 1000 hombres «le tropa,
y la escuadra de los patriotas, al mando de
220 BOLÍVAR
Padilla, compuesta de 3 bergantines, 7 goletas
y otras fuerzas sutiles con 38 piezas, la mayor
parte de á 18, y 1200 hombres de dotación.
Los patriotas tuvieron en su favor el viento
que les permitió lanzarse sobre sus contra-
rios, elegir el punto del ataque, y maniobrar á
su antojo. Cuando ambas escuadras se avis-
taron, la de los realistas rompió sus fuegos ;
la de los patriotas continuó impávida y muda
hasta que, hallándose inmediata, rompió los
suyos. Siguióse el choque más sangriento que
imaginarse puede, sostenido por ambas escua-
dras con brío, furia v encarnizamiento extra-
ordinarios. Padilla quedó vencedor y en pose-
sión de la escuadra enemiga.
La pérdida de estos fué de 800 hombres
entre muertos y heridos y 438 prisioneros ,
entre los cuales había 69 oficiales.
Morales, encerrado ya en Maracaibo y sin
salida, capituló el 3 de Agosto y se embarcó
el 15 del mismo mes para Cuba, con unos
cuantos adeptos. Poco tiempo después sucum-
bía también la plaza de Puerto Cabello, último
refugio de la grandeza realista en Venezuela.
BOLÍVAR 221
Advertido el general Paez de que al través
de los barrizales del Mangle que rodean la
plaza podía abrirse paso, y aproximarse al
castillo, sorprendiendo al mismo tiempo la
ciudad interior ocupada por los realistas, or-
denó la operación con 500 hombres escogi-
dos, y la ejecutó en la noche del 7 de Noviem-
bre. Á las dos y media de la madrugada,
quedó consumada con la mayor felicidad. El
enemigo, sorprendido y atacado en todas
direcciones, se defendió con valor, pero al fin
tuvo que rendirse. La fortaleza capituló dos
días después, y concluyó con esto la guerra de
Venezuela. En lo sucesivo no hubo más que
disparos aislados, como los que se sienten en
un campamento al dar término á una batalla,
fuegos fatuos de pasiones incandescentes....
Hemos dejado á Bolívar en el Rosario de
Cúcuta, por Octubre de 1821, madurando su
plan de campaña sobre el Sur.
De Cúcuta se dirigió á Bogotá, y de esta
ciudad á Calí el 13 de Diciembre, continuando
después para Popayan donde organizó las
fuerzas que debían obrar sobre Quito. Con
222 BOLÍVAR
3000 hombres emprendió á principios de Marzo
la marcha sobre Pasto, dejando en el camino
casi una tercera parte en las enfermerías. El
24 de Marzo llegó al Juanambú con 2000 hom-
bres. Venciendo dificultades inauditas, logró
caer en las tierras que demoran cerca de Pasto.
En las alturas de Bombona le esperaba el ene-
migo, y allí fué éste severamente escarmen-
tado. La batalla comenzó á las dos de la tarde,
y fué muy costosa para los patriotas por las
posiciones tan ventajosas que ocupaba el ejér-
cito realista, al mando de García. Los patrio-
tas, trepando por rocas escarpadas, desfilade-
ros cortados á pico, y viendo ásus compañeros
rodar desde las alturas fusilados por el ene-
migo, avanzaron hasta coronarlas y enarbolar
en las cúspides, al caer de la tarde, el pabellón
de Colombia. El adversario se declaró en de-
rrota, dejando en poder del vencedor, artille-
ría y prisioneros. Esta fué la brillante batalla
de Bombona, dirigida personalmente por Bo-
lívar.
Pero éste no tenía fuerzas suficientes para
emprender de allí en adelante una campaña
BOLÍVAR 223
seria en un país hasta cierto prurito hostil á la
causa republicana ; y le precisaba aguardar
los refuerzos que había pedido á Poparán y á
Bogotá. Xo sabía aún que Sucre, en busca de
Aymerich, había entrado el 9 de Febrero en
la provincia de Loja, y que allí, con los auxi-
lios del general San Martín, protector del
Perú, pasó á ocupar á Cuenca y Riobamba, y
continuando su movimiento, destrozó al ene-
migo en Pichincha, ocupó á Quito, é hizo pri-
sionero á Aymerich con el resto de sus tropas
el 2o de Mayo. Esta campaña dejó en poder
de Sucre 160 Oficiales, 1 100 prisioneros, lí
piezas de artillería, 1700 fusiles, fornituras,
banderas y lo demás que poseían los realistas.
Para aquella fecha, provisto ya Bolívar
de los auxilios que tan lentamente le llegaran,
avanzó contra García y le ofreció una capitu-
lación que no fué aceptada por éste, bien que
más tarde, al saber el desastre de Pichincha
y la ocupación de Quito, se rindió y Pasto fué
ocupado por el ejército patriota. Aymerich y
García se embarcaron para España.
Bolívar hizo su entrada triunfal en Quito el
224 BOLÍVAR
11 de Junio. Dio á Sucre el grado de General
de división y el nombramiento de Gobernador
del Departamento del Ecuador, y comenzó á
preparar su campaña sobre el Perú.
La independencia de Colombia era ya un
hecho consumado. El ejército realista había
desaparecido. En Pasto se sublevó un sobrino
de Boves, y aunque logró rechazar en un
encuentro á Sucre, gracias al fanatismo rea-
lista de los habitantes de aquella comarca,
Boves y su gente fueron totalmente destruidos
poco tiempo después. En la Ciénega y en Santa
Marta otro movimiento realista, dirigido por
el capitán Labarce, fué igualmente vencido.
Colombia, pues, estaba consolidada.
Hemos dicho anteriormente que Guayaquil
había proclamado su independencia en Octubre
de 1820. Dependía ésta provincia del Perú, y
por eso fué exceptuada del armisticio cele-
brado en aquel año por Morillo y Bolívar.
El general Sucre, enviado por éste para nego-
ciar con el Gobierno de Guayaquil su incorpo-
ración al territorio de Colombia, no pudo obte-
ner más que un convenio, por el cual se ponía
BOLÍVAR 22$
Guayaquil, bajo la protección de la naciente
República, para defender su independencia.
Absurda era la idea de convertir aquel territo-
torio en país anseático ú en nación indepen-
diente. Las opiniones de sus habitantes estaban
divididas. Algunos ciudadanos muy notables
opinaban por anexionarse al Perú y otros por
entregarse á Colombia. En favor de la primera
opinión influían los emisarios del general San
Martín, Protector del Perú; en favor de la
segunda, Sucre y los demás emisarios de Bolí-
var, entre ellos, su edecán el coronel Diego
Ibarraque llegó á Guayaquil con pliegos suyos,
instando por la incorporación.
La situación era tirante y algo más que deli-
cada porque San Martín no sólo fundaba su
exigencia en el sentimiento general de la po-
blación de Guayaquil, sino también en el de-
recho que le daban las antiguas demarcacio-
nes españolas al Yireinato del Perú.
En tal estado de cosas, resolvió Bolívar ir
personalmente á Guayaquil, y promover el
pronunciamiento en favor de Colombia. Suce-
dió lo que no podía menos de suceder. Llegó
226 BOLÍVAR
á la ciudad en la tarde del 11 de Julio, y el
pueblo le recibió entusiasmado. La presencia de
un hombre tan extraordinario en aquel teatro,
tenía que producir un efecto maravilloso. To-
dos estaban absortos, y Bolívar supo aprove-
char los momentos. Convocó al pueblo por
medio de una proclama para que diera su fallo
sobre la cuestión de incorporación. Todos se
declararon en favor de Colombia, y así quedó
la provincia de Guayaquil incorporada á la
República.
En el Perú este hecho fué considerado
como una usurpación, y hasta cierto punto
había motivos para juzgarlo de este modo,
pues no se trataba allí de un país realista,
sino de un pueblo americano independiente.
No tenemos el propósito de hacer aquí la
historia de la emancipación de los países si-
tuados al Sur de Colombia. Bastará decir que
para aquella fecha, Buenos Aires, Chile, y el
Perú eran independientes, y que el general
San Martín fué desde 1813 el hombre verda-
deramente extraordinario que surgió de la lu-
cha. No tenía el genio ni la actividad vertigi-
BOLÍVAR 227
nosa de Bolívar ; pero tan patriota como él, le
excedió á veces en cordura y reflexión.
Vencedor en Chacabuco, San Martín hizo la
independencia de Chile, y vencedor en Maipú,
condujo sus huestes victoriosas hasta preparar
la redención del Perú.
Los ineptos Vireyes de España le cedieron
el puesto, pero no sin peligros, porque San
Martín tendría que vencerlos más tarde, y
ellos contaban todavía con 18,000 hombres
aguerridos en el antiguo Yireinato.
Cuando San Martín llegó á Lima, tuvo no-
ticia de los grandes triunfos de Bolívar en Co-
lombia. Púsose en contacto con él por cartas ó
por emisarios, y aun se embarcó con direc-
ción á Guayaquil, para conferenciar en Fe-
brero de 1822. La entrevista no se verificó
entonces, porque Bolívar no pudo concurrir á
la cita ; y entre tanto los acontecimientos fue-
ron precipitándose.
En el Perú las cosas iban torcidamente por-
que la expedición de Tiistán fué destruida
por Cánteme y Yaldés. Sus partidarios, los
realistas, habían cobrado nuevos bríos, y la
228 BOLÍVAR
salud misma del Protector de la libertad del
Perú, título oficial del general San Martín, de-
caía visiblemente. Era pues, bien fundado su
deseo de obtener la cooperación del ejército
colombiano ; con mayor razón , si se considera
que Sucre había vencido en Pichincha, merced
á los auxilios peruanos, y Bolívar acababa de
asegurar con sus recientes triunfos la inde-
pendencia del Departamento del Ecuador. La
conferencia entre estos dos personajes se efec-
tuó en Guayaquil el 20 de Agosto de 1822.
XIII
Bolívar había escrito á San Martín desde
Calí en Enero de 1822, excitándole á una ave-
nencia que diera por resultado la unidad de la
causa americana; y al ocupar á Quito le anun-
ció, con fecha 17 de Junio, la terminación de
la guerra de Colombia, dándole gracias por el
auxilio que había prestado al ejército colom-
biano en su reciente campaña. Al mismo
tiempo decíale que estaría dispuesto á llevar
las tropas de Colombia en auxilio de sus her-
manos del Sur, si las armas peruanas no hu-
bieran terminado gloriosamente para entonces
230 BOLÍVAH
la campaña que se preparaban á hacer.
El general San Martín le respondió en 13 de
Julio, felicitándole cordialmente por sus triun-
fos, y aceptando reconocido su ofrecimiento,
en términos muy lisonjeros. En esta carta, le
manifestó el deseo de conocerle y saludarle
personalmente en Quito, y le dio aviso de su
próximo viaje. Ambas misivas son modelo de
lealtad y cortesía.
Al ocupar Bolívar á Guayaquil, escribió
otra carta al general San Martín, con fecha
23 de Julio, anunciándole que las Cortes espa-
ñolas habían determinado al fin tratar con los
Gobiernos de América, y siendo en su concepto
tal asunto muy importante para el porvenir de
las nuevas naciones, había concebido la idea,
en cuya ejecución le interesaba, de que se
reunieran los Plenipotenciarios de Chile, del
Perú, y de Colombia para entenderse con los
enviados de España, y dar á la negociación un
carácter más imponente, al mismo tiempo que
seguro en el éxito.
Esta era la carta oficial. En otra particular
de la misma fecha, Bolívar excitaba á San
BOLÍVAR 231
Martín á emprender sn viaje, empleando frases
tan dignas y afectuosas, que no podemos re-
sistir al deseo de publicarla aquí.
BOLÍVAR Á SAN MARTÍN.
Guayaquil Julio 23-1822
Es con suma satisfacción, dignísimo amigo y Señor,
que doy á Vd. por la primera vez el título que mucho
tiempo há mi corazón le ha consagrado. Amigo le llamo
á Vd. y este nombre será el sólo que debe quedarnos por
la vida, porque la amistad es el único vínculo que co-
rresponde á hermanos de armas, de empresa y de opi-
nión : así yo me doy la enhorabuena porque Vd. me ha
honrado con la expresión de su afecto.
Tan sensible me será el que Vd. no venga hasta esta
ciudad como si fuésemos vencidos en muchas batalla-; :
peroArd. no dejará burlada la ansia que tengo de estre-
char en el suelo de Colombia al primer amigo de mi
corazón y de mi patria. ¿ Cómo es posible que Vd. venga
de tan lejos para dejarnos sin la posesión positiva en Gua-
yaquil del hombre singular que todos anhelan conocer,
y si es posible tocar? No es posible, respetable amigo :
Yo espero á Vd. y también iré á encontrarle donde
quiera que Vd. tenga la bondad de esperarme : pero sin
desistir de que Vd. nos honre en esta ciudad. Pocas
horas, como Vd. dice, son bastantes para tratar entre
militares; pero no serán bastantes esas mismas pocas
horas para satisfacer la pasión de la amistad que va á
232 BOLÍVAR
empezar á disfrutar de la dicha de conocer el objeto caro
que se amaba sólo por opinión, sólo por la fama.
Reitero á Vd. mis sentimientos más francos con que soy
de Vd. su más afectísimo apasionado servidor y amigo.
Q. B. S. M.
Bolívar.
Excimo ST. General Dn. José deSn. Martín, Protector
del Perú.
Pocos momentos después de despachada
esta misiva, fué advertido Bolívar de que el
general San Martín acababa de llegar á la
Puna. Al siguiente día continuó el Protector
para Guayaquil ; Bolívar salió á su encuentro
con sus edecanes y con los generales que exis-
tían en la Plaza, y allí se abrazaron con efusión
los dos grandes capitanes de América.
Las conferencias que durante tres días y á
intervalos, tuvieron en secreto aquellos perso-
najes, fueron al principio motivo de general
curiosidad. El tiempo ha revelado después lo
que allí pasó : ya no existe el misterio.
Es natural que reunidos para conferenciar
respecto de las cuestiones de palpitante interés
en aquel momento, Bolívar y San Martín discu-
BOLÍVAR 233
tiendo el arreglo con España, emitieran sus
respectivas opiniones acerca de la forma de
Gobierno más conveniente para los nuevos
países, y Bolívar se pronunciara en favor de la
República, así como su interlocutor, en favor
de la Monarquía. También es natural que se
hablara de la posesión de Guayaquil, que de
hecho correspondía ya á Colombia ; pero tales
materias no constituyeron el objeto principal de
las conferencias. Estas no tuvieron testigos;
por consiguiente, no pueden explicarse sino
por las revelaciones ó documentos de alguno
de los actores. La carta que el general San
Martín dirigió á Bolívar desde Lima el 29 de
Agosto, explica lo ocurrido. Hela aquí.
SA\ MARTÍN Á BOLÍVAR.
Exrao. Señor Libertador de Colombia Don Simón Bolívar.
Lima, 29 de Agosto de 1822.
" Querido General.
« Dije á Vd. en mi última del 23 del corriente, que
habiendo reasumido el mando supremo de esta Repú-
blica, con el fin de separar de él al débil é inepto Torre-
234 ROLÍYAIt
Tagle, las atenciones que me rodeaban en aquel mo-
mento, no me permitían escribir á Vd. con la extensión
que deseaba; ahora, al verificarlo, no sólo lo haré con
la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los
grandes intereses de América.
•> Los resultados de nuestra entrevista, no han sido los
que me prometía para la pronta terminación de la
guerra; desgraciadamente yo estoy firmemente conven-
cido, ó que Vd. no ha creido sincero mi ofrecimiento de
servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, ó
que mi persona le es embarazosa. Las razones que Vd.
me expuso de que su delicadeza no le permitiría jamás el
mandarme, y aun en el caso que esta dificultad pueda
ser vencida, estaba Vd. seguro que el Congreso de Co-
lombia no consentiría su separación de la República;
permítame Vd. general, le diga, no me han parecido
plausibles : la primera se refuta por sí misma y la se-
cunda estoy muy persuadido que la menor insinuación
de Vd. al Congreso, sería acojida con unánime aproba-
ción, con tanto más motivo, cuanto se trata con la coope-
ración de Ard. y la del ejército de su mando, de finalizar
en la presente campaña la lucha en que nos hallamos
empeñados, y el alto honor que tanto Vd. como la Repú-
blica que preside, reportarían en su terminación.
» No se haga Vd. ilusión, general; las noticias que Vd.
tiene de las fuerzas realistas, son equivocadas, ellas
montan en el alto y bajo Perú á más de 19000 veteranos,
los que se pueden reunir en el término de dos meses. El
ejército patriota decimado por las enfermedades, no
podrá poner en línea á lo más 8,500 hombres, y de estos
una gran parte reclutas : la división del general Santa-
Cruz (cuyas bajas según me escribe este general, no han
BOLÍVAR 235
sido reemplazadas á pesar de sus reclamaciones) en su
dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pér-
dida considerable, y nada podría emprender en la pre-
sente campaña; la sola de 1,400 Colombianos que Vd.
envía, será necesaria para mantener la guarnición del
Callao y el orden en Lima ; por consiguiente, sin el apoyo
del Ejército de su mando, la expedición que se prepara
para Intermedios no podrá conseguir las grandes ven-
lajas que debían esperarse si no se llama la atención del
enemigo por esta parte con fuerzas imponentes, y por
consiguiente la lucha continuará por un tiempo indefi-
nido : digo indefinido, porque estoy íntimamente conven-
cido de que sean cuales fueren las vicisitudes de la pre-
sente guerra, la independencia de la América es irrevo-
cable; pero también lo estoy, de que su proIongaeió:i
causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado
para los hombres á quienes están confiados sus desti-
na >-. evitar la continuación de tañíanos males.
» En fin, general, mi partido está irrevocablemente
lomado : para el 20 del mes entrante he convocado el
primer Congreso del Perú, y al siguiente día de su insta-
lación me embarcaré para Chile, convencido de que sólo
mi presencia es el sólo obstáculo que le impide á Vd. ve-
nir al Perú, con el ejército de su mando. Para mí hu-
biera sido el colmo de la felicidad terminar la guerra
de la Independencia bajo las órdenes de un general á
quien la América del Sud debe su libertad; el destino lo
dispone de otro modo, y es preciso conformarme.
» No dudando que después de mi salida del Perú, el
Gobierno que se establezca reclamará la activa coopera-
ción de Colombia, y que Vd. no podrá negarse á tan justa
petición, antes departir remitiré á Vd. una nota de todos
236 BOLÍVAR
los jefes cuya conducta militar y privada puede ser
a Vd. de utilidad su conocimiento.
» El general Arenales quedará encargado del mando
de las fuerzas argentinas : su honradez, coraje y cono-
cimientos estoy seguro le harán acreedor á que Vd. le
dispense toda consideración.
» Nada diré á Vd. sobre la reunión de Guayaquil á la
República de Colombia : permítame Vd. General, le diga
que creo no era á nosotros á quienes pertenecía decidir
este importante asunto : concluida la guerra, los Go-
biernos respectivos lo hubieran zanjado, sin los incon-
venientes que en el día pueden resultar á los intereses de
los nuevos Estados de Sud América.
» He hablado á Vd. con franqueza, General, pero los
sentimientos que exprime esta carta quedarán sepultados
en el más profundo silencio; si se trasluciere, los ene-
migos de nuestra libertad podrían prevalecerse para
perjudicarla, y los intrigantes y ambiciosos para soplar
la discordia.
» Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito
á Vd. una escopeia, un par de pistolas, y el caballo de
paso que ofrecí á Vd. en Guayaquil: admita Vd. General,
esta memoria del primero de sus admiradores ; con estos
sentimientos, y con los de desearle únicamente sea Vd.
quien tenga la gloria de terminar la guerra de la Inde-
pendencia de la América del Sud, se repite su afectísimo
servidor.
José de San Martín
Aunque fueron varias las conferencias y se
supo que los dos caudillos, durante los tres
BOLÍVAR 237
días que el general San Martín pasó en Guaya-
quil, permanecían largas horas en acuerdos
secretos, como lo confirman todos los histo-
riadores, el general Tomas Cipriano de Mos-
quera publicó en Bogotá el 26 de Octubre de
1861 un escrito intitulado « Bolívar y San
Martín » en el cual refiere lo ocurrido en la
conferencia celebrada el 20 de Julio, á la cual
concurrió, según dice, por orden de Bolívar
como secretario privado junto con el corone]
Pérez, que era el seretario general, para re-
dactar un memorándum de los puntos en que
se pusieran de acuerdo ambos personajes. Bien
que sin motivo alguno para dudar de la vera-
cidad del general Mosquera, nos parece erró-
nea su afirmación. A la avanzada edad en
que escribió ese dociunento, es probable que
sus recuerdos hubieran sufrido alguna per-
turbación, porque parece inverosímil que Bo-
lívar precisamente en la misma tarde de la
llegada de su digno huésped, y al terminarse el
banquete de ceremonia, introdujera en la pieza
reservada donde se celebró la conferencia,
dos secretarios suyos, como si se tratara de
238 BOLÍVAR
hacer un proceso inquisitorial. De haber sido
así, San Martín habría llamado también á sus
secretarios ó edecanes para servir de testigos.
Bolívar y San Martín, conocedores del
mundo, no podían faltar á las leyes sociales.
Las conferencias fueron secretas, como lo son
siempre en estos casos; y si hubiera habido
algo que protocolar, en ese caso, ambos ge-
nerales habrían llamado oportunamente á sus
subalternos.
De todas suertes, San Martin cumplió la pro-
mesa que hizo á Bolívar, en su carta de 29 de
Agosto, y resignó el poder ante el primer Con-
greso Constituyente del Perú que se instaló el
20 de Diciembre de 1822. Al siguiente día se
embarcó para Chile, donde tuvo que detenerse
algún tiempo, con motivo del grave estado de
su salud. ¡Toda su fortuna consistía en 120
onzas de oro...
Llegó á Buenos Aires el 4 de Diciembre
de 1823, habiendo permanecido algún tiempo
en Mendoza, donde recibió la triste nueva de
la muerte de su esposa. En Buenos Aires se
embarcó para Europa ; y aunque volvió á su
BOLÍVAR 239
patria en 1828, breve fué su residencia en ella.
Al año siguiente regresó á Europa, para do-
miciliarse en Francia, donde murió en la tarde
del 17 de Agosto de 1850. Sus restos fueron
trasladados á su país natal en 1880, y noso-
tros tuvimos la honra de concurrir á la fun-
ción religiosa que, con tal motivo, se celebró
en una de las Iglesias del Havre el 21 de Abril
de aquel año, y de acompañarlos, á bordo del
vapor Argentino que los condujo á su patria.
Retirado San Martín, el Congreso peruano
nombró para reemplazarle una Junta guberna-
tiva compuesta del general Lámar, Alvarado
y el conde de Vista-Florida. Este triunvi-
rato rechazó el auxilio ofrecido por Bolívar.
Después de las derrotas sufridas por los
peruanos en Toratá y Moquehua, el Con-
greso, que se había negado á destituir dicha
Junta á petición de un cuerpo de Oficiales, se
avino á decretarla, luego que el general Santa
Cruz, situando cerca de la ciudad su ejército,
pidió la destitución. Fué nombrado entonces
Presidente de la República <'l general Riva-
A güero.
240 BOLÍVAR
Bolívar, que comprendía la necesidad de
dar fuerza á la independencia del Perú, y li-
bertar á Colombia del vecindario de un virei-
nato español, ofreció entonces, á título de auxi-
lio, seis mil colombianos. El nuevo Gobierno
peruano no pensaba como su antecesor, y no
sólo lo aceptó, sino que pidió urgentemente
el amparo porque los momentos eran críticos.
Salieron por lo pronto 3,000 hombres para
el Perú, y Bolívar ofreció llevar 3,000 más,
al recibir el permiso del Congreso de Colom-
bia. Ocupado estaba en los preparativos de la
segunda expedición, cuando recibió oficios del
Vice-Presidente Santander, en los cuales le
llamaba de urgencia, con motivo de las últi-
mas operaciones de Morales en Venezuela.
No vaciló Bolívar en cumplir con su deber,
y en el acto se puso en camino, enviando antes
al general Sucre como ministro diplomático al
Perú.
En camino para Bogotá supo por ulteriores
oficios del Vice-Presidente que las tentativas
de Morales no tenían importancia alguna, y
retrocedió á Guayaquil, donde recibió el de-
BOLÍVAR 241
creto del Congreso peruano, suplicando al de
Colombia (¡no le acordara el permiso de tras-
ladarse al Pera, á mandar en persona el
ejército.
Por lo A'isto, la situación de los peruanos
debía ser crítica ; y en efecto lo era, porque
Canterac y Valdés, con 8,000 hombres de
buenas tropas se habían presentado frente á
Lima, y no siendo posible á los patriotas el
sostenerse en la ciudad, habían resuelto eva-
cuarla, confiando el mando de] ejército al ge-
neral colombiano. Trocó éste el espadín di-
plomático por la espada vencedora en Pi-
chincha, y salvó aquel ejército, retirándose
ordenadamente al Callao. Allí todo fué anar-
quía entre los peruanos. Riva-Agüero fué de-
puesto por el Congreso y reemplazado con
Valdivieso.
Agüero se mofó del acuerdo del Soberano
y siguió ejerciendo de Presidente. El general
Sucre, <pie no (pieria tenerparte en la política
interior del Pera, viendo el giro (pie las cosas
tomaban en bivorde los realistas, envió á los
díscolos, Congreso, Riva-Agüero y demás em-
242 BOLÍVAR
pleados, á Trujillo para que allí ultimaran sus
disputas, mientras él salvaba la situación; y
en efecto, puso al punto el Callao en estado de
defenderse, reorganizó el ejército y preparó
una expedición para Intermedios.
Los jefes realistas, al saber que tenían que
habérselas con Sucre, y con Bolívar que no
podía tardar, evacuaron á Lima y resolvieron
dividirse para emprender operaciones aisla-
das. Sucre ocupó en seguida la ciudad, y de-
legó el mando en el marqués de Torre-Tagle.
Á tiempo que esto ocurría en el Perú, impa-
ciente Bolívar en Guayaquil, porque el permiso
del Congreso no llegaba, recibió la noticia,
muy grave por cierto, de que los pastusos se
habían sublevado y derrotado completamente
al coronel Juan José Flores, obligándole á re-
tirarse á Popayán.
Salió inmediatamente para Quito con
400 hombres y un parque. En dicha ciu-
dad completó 1,500, casi todos reclutas, y
con ellos marchó en persecución de los pastu-
sos, y habiéndolos encontrado, los atacó con
tal ím petu que fueron destruidos, dejando
BOLÍVAR 243
en elcampo 800 muertos, y cuanto tenían.
Después de esta victoria, regresó á Quito,
encomendando al general Salón la dirección
de las tropas p^ra ocupar á Pasto. Á marchas
forzadas volvió á Guayaquil: pero el permiso
del Congreso colombiano no había llegado
todavía, y era forzoso aguardarlo.
El Congreso había dado la autorización
desde el 5 de Junio, pero precisamente por
causa de la insurrección de los pastusos, el
pliego no llegó á tiempo. Al recibirlo Bolívar
decidió embarcarse para el Perú el 6 de
Agosto, saliendo para el Callao el 7 del mismo
mes.
XIY
Bolívar llegó al Peni cuando la obra de San
Martin estaba á punto de desaparecer por las
disensiones y perfidias de los mismos perua-
nos. Riva-Agüero, depuesto, como hemos
dicho, por el Congreso, se rebeló contra este
Cuerpo, y lo disolvió fijándose en Trujillo.
Los Diputados reunidos en Lima, lo declara-
ron faccioso, nombrando á Tagle Presidente
interino de la República. ¡Dos presidentes para
el mismo país ocupado por un ejército espa-
ñol fuerte de 23000 hombres ! . . La anarquía
empezaba.
Bolívar, investido por el Congreso de la
BOLÍVAR 245
suprema autoridad militar de la República, se
ocupó inmediatamente en reducir, de grado
ó por fuerza, á Riva-Agüero, para evitar el
peligro de la guerra civil al frente de un ene-
migo extranjero tan poderoso, y obtener asi la
cooperación de las tropas que Riva-Agüero ,<
tenía en Trujillo.
Lo logró fácilmente, porque habiendo inter-
ceptado una correspondencia que compro-
baba, á no dejar duda, que Riva-Agüero
estaba en tratos secretos con el Virey Laserna,
para establecer una Monarquía en el Perú, no
tuvo ya consideraciones con el apóstata, y
resolvió someterlo. Durante el viaje, instruyó
por medio de emisarios, á los oficiales de
Agüero de los pérfidos provéelos que éste
abrigaba, y uno de los tenientes principales, el
corone] Gutiérrez de la Fuente, arrestó al
sendo Presidente y á su Ministro, sometién-
dose el ejército de 3000 hombres que Agüero
tenía, á las órdenes de Bolívar*
Sucre fué encargado del mando. Bolívar
siguió á Lima, con el fin de asegurar la de-
fensa del Callao. Fué entonces, Enero de 1 824,
246 BOLÍVAR
que hallándose en Pativilca, puerteeillo si-
tuado al Norte de Lima, tuvo una fiebre
gástrica, que le puso á las puertas del sepul-
cro. Apenas convaleciente, prosiguió con
grande actividad la reorganización del ejército,
pues era inminente el peligro de una próxima
batalla con el ejército realista.
Asilas cosas, sucedió que los dos batallones
Argentinos que custodiaban la fortaleza del
Callao, se sublevaron el 5 de Febrero, enar-
bolando el pabellón español. Fué autor de este
suceso el sargento Moyano, en connivencia
con los realistas y peruanos apóstatas. El Con-
greso proclamó inmediatamente á Bolívar
Dictador absoluto para que salvara la situa-
ción. El héroe de Colombia y su ejército, eran
los únicos que podían ya galvanizar el gran
cadáver peruano .
La corrupción había llegado al último
grado. La cobardía y la mala fé campeaban
por todas partes. Casi todos los pro-hombres y
jefes del Perú, abandonaron la causa nacio-
nal y se pasaron al enemigo. Sólo quedaban
Bolívar y las legiones colombianas resueltas
BOLÍVAR 2*7
á salvar el Perú, ó á sepultarse bajo sus es-
combros.
De los auxilios de Chile, unos se babíau
devuelto al principio desde Arica, y otros
desde el Callao al ver ondular el pabellón
españólenla fortaleza. Bolívar y sus tropas
iban á luchar contra lo imposible, pero esta
palabra no existía para tan grande hombre ni
para tan heroicos soldados. Apenas eran i-, 000,
pero ellos bastaron para hacer morder el
polvo en dos grandes batallas al ejército
más aguerrido y numeroso de España en
América .
Ocupóse, pues, Bolívar sin pérdida de
instantes en la concentración de sus fuerzas y
en su organización, y confió el mando en jefe
de las divisiones peruanas al general Lámar,
á Sucre la dirección del ejército de Colombia,
poniendo á sus órdenes los generales Lara y
Córdova. Necochea fué nombrado jefe de la
caballería, quedando á cargo de Miller los
jinetes peruanos, y al de Carvajal los 'de
Colombia. Bolívar dirigía personalmente el
ejército.
248 B O L í V A H
El 6 de Agosto debía de ser fausto para su
gloria. Canterac, con la división realista, com-
puesta de 9000 hombres, entre los cuales
había 2000 jinetes muy bien equipados, llegó
al pueblo de los Reyes el 4 de Agosto en la
noche. Bolívar determinó atacarle á orillas de
la Laguna de Junin, y dictó en consecuencia
sus órdenes. Emprendióse la marcha, y al
siguiente día por la tarde, la caballería de los
patriotas á cuya cabeza se habían puesto Bo-
lívar, Sucre y otros jefes, divisó al enemigo al
otro lado de la Laguna. Canterac, que vio
desde una altura aquel movimiento, y que
tenía gran confianza en la superioridad de sus
jinetes, esperó á los patriotas para darles una
carga. Estos llegaron, y trabaron el combate :
el choque al arma blanca fué terrible y muy
sangriento. No hubo allí sino golpes de sable
y lanza. La caballería de los patriotas vióse
al principio algo envuelta, particularmente
cuando cayó herido el general Necochea,
pero se organizó sin pérdida de tiempo, y en
una brillante carga que duró más de una hora,
logró poner en derrota al enemigo, obligan-
BOLÍVAR 249
dale á emprender una retirada tan violenta y
difícil que en ella perdió la mayor parte de los
([iic sobrevivieron en Junin. Esta derrota
costó á Canterac más de 2000 hombres, parque,
pinados, caballos, y otros elementos mili-
tares; y, lo ([lie es más. relajó la moral de su
ejército, en tanto que la del ejército aliado se
llenó de confianza y bríos.
El ejército libertador recorrió en triunfo el
territorio libertado y reposó en Huamanga,
durante un mes. Sabendor Bolívar de que,
aun después de la victoria de .lunín, su ejér-
cito era muy inferior en número al realista,
confió á Sucre el mando en jefe, y se dirigió á
la Costa con el fin de despachar una división
que formaría con todos los enfermos de los
hospitales que habían quedado á retaguardia,
y los cuerpos que llegaran de Colombia. Dos
de estos encontró en el tránsito, y los envió á
marchas forzadas.
Guando el Virey Laserna supo en el Cuzco
la noticia de la derrota deJunin, dio orden para
concentrar su ejército, y reunió allí 9,320 hom-
bres, que organizó de la manera siguiente.
250 BOLÍVAR
Primera división de infantería al mando del
brigadier Monet : segunda, á cargo del gene-
ral Villalobos, y tercera regida por el general
Valdés. El brigadier Ferraz mandaba la caba-
llería, y el general Cacho los artilleros. El Vi-
rey se puso en persona á la cabeza del ejército,
y ordenó la marcha : muy pronto debía encon-
trarse con Sucre, que apenas contaba 5,780
hombres.
El 2 de Diciembre se avistaron ambos ejér-
citos en la pampa de Matará. El 5 supo Sucre
por un emisario de Bolívar, que no debía con-
tar con más refuerzos, porque la división que
proyectó formar con los enfermos había sido
comprometida anteriormente á su llegada en
un combate en Bella-Vista y destruida en su
mayor parte.
El día 8 ambos ejércitos acamparon como á
media legua de distancia. Por la noche cada
uno cubrió su campo con una línea de cazado-
res, estando ambas tan inmediatas que los jefes
de una y otra podían hablarse.
Amaneció el 9 de Diciembre de 182 i, y en
la tarde de ese día quedó consumada la inde-
BOLÍVAR 251
pendencia del continente Sur-Americano. ¡Glo-
ria á Sucre, á Córdova, Lámar, Silva. Lara y
á los demás héroes de aquel venturoso día !
La batalla comenzó antes del medio día : en
el momento en que el ala izquierda de los
patriotas cedía al fiero ataque de Valdés, Sucre
ordenó á Córdova «pie cargara sobre el centro.
El valeroso adalid, joven de 2'> años, avanzó
con sn tropa al grito de « ¡Adelante! ¡Armas
á discreción! !.. y al penetraren los batallones
de Villalobos, los hiende y destroza. Hace lo
mismo con los de Monet. La reserva española
se empeña en vano. La caballería de los patrio-
tas y el resto de la infantería lian entrado en
acción. La batalla estaba ganada; la derrota
del enemigo fué completa. Allí quedaron pri-
sioneros el Virey Laserna y los generales Can-
terac, Valdés, Carratalá, Monet, Villalobos,
Ferraz, Bedoya, Somocuzeo, Atero, Cacho,
Landazuri, (iarcía Camba, Pardo, Vigil y Tur :
diez y seis coroneles, sesenta y ocho tenien-
tes coroneles, cuatrocientos ochenta y cua-
tro oficiales, y el resto del ejército.
Sucre, después de la prisión del Virey,
252 BOLÍVAR
otorgó al enemigo una generosa capitulación.
El general Córdova, héroe principal de la jor-
nada, fué ascendido por Sucre en el campo
de batalla á general de división. El regocijo
de Bolívar al recibir la noticia de la victoria
de Ayacucho, no tuvo límites. Su primer acto,
fué expedir un decreto de honores y recom-
pensas al ejército, y felicitar á Sucre por el
éxito de aquella batalla que aseguraba la inde-
pendencia del Continente.
Pero Rodil, jefe de la fortaleza del Callao,
no quiso darse á partido, en virtud de la capi-
tulación de Ayacucho, y no sólo se negó á
recibir el primer emisario de Canterac, sino
que al mismo general Monet (pie se presentó
después para hacerle entrar en razón, no le
recibió y basta lo injurió por carta. Allí quedó
resistiendo por algún tiempo basta rendirse.
El general Sucre, después de la victoria,
pasó al Cuzco é hizo entrar en la capitulación
los diversos jefes realistas que allí se daban
todavía trazas de continuar la guerra. De éste
número fueron Espartero, Maroto y otros.
El Congreso peruano se reunió en Lima el
BOLÍVAR 253
10 de Febrero de 18Jo, precisamente al cum-
plir el primer aniversario de la dictadura con-
ferida á Bolívar. Los poderes de éste fueron
confirmados por el Congreso, á pesar de Ja
renuncia reglamentaria que de ellos hiciera, y
acepto el cargo, con La condición de que no se
le llamara dictador.. El Congreso le dio el título
de Padre y salvador del Perú, y á Sucre el
dictado de Gran Mariscal de Ayacucho. Puso
á disposición de Bolívar, como prenda de su
reconocimiento, la cantidad de un millón de
duros (5,000,000 de francos) que n<> acepto,
y otro millón para el ejercito.
Siguió Sucre con el victorioso ejército hacia
el Alto Peni, donde resistía todavía Olañeta
«•oii sus fuerzas, y había avanzado sin oposi-
ción alguna hasta el Desaguadero, donde acan-
tonaban las primeras fuerzas del realista. Estas
se retiraron, pero fueron batidas en Tumusla,
donde pereció Olañeta con el resto del ejér-
cito español. Sólo quedaba en pié de guerra
la fortaleza del Callao.
Entre tanto dedicóse Bolívar á la organiza-
ción administrativa del Perú, y después de
254 BOLÍVAR
constituir en Lima un Gobierno provisional
durante su ausencia, se dirigió hacia Arequipa
con objeto de visitar La Paz, el Cuzco y el
Potosí.
En todas estas ciudades fué recibido con entu-
siasmo indescriptible. Los pueblos todos corrían
á conocerle y á estrecharle entre sus brazos.
En Arequipa, sabiendo ya los triunfos de Sucre
en Potosí, constituyó por un decreto la Repú-
blica del Alto-Perú, la cual en honra de su
nombre ó para inmortalizarlo, se llamó Boli-
via. Organizó la administración del nuevo país
y resignó el mando de la naciente república
en el Gran Mariscal de Ayacucho .
No nos olvidemos sin embargo de Colombia,
donde los acontecimientos ocurridos durante
la prolongada ausencia de Bolívar deben ser
mencionados, para que pueda comprenderse
el resto de esta historia.
En Colombia había paz, porque España no
hizo nuevas invasiones ; pero los ánimos no
estaban tranquilos, sino bastante exaltados,
porque el Congreso había autorizado al Ejecu-
tivo, en previsión de quiméricos temores que á
BOLÍVAR 255
la sazón inspiraba la Santa Alianza, á declarar
en estado de Asamblea las provincias amenaza-
das de invasión exterior ó conmoción interior
á mano armada, pudiendo, llegado el caso,
exigir contribuciones, alistar tropas, expulsar
del territorio á los desafectos, y delegar tan
tremendas facultades á los comandantes de los
departamentos en que estaba dividida la Re-
pública.
Con este pretexto se cometieron varios atro-
pellos, ejerciéronse muchas venganzas, se
sustituyó al despotismo español, ya vencido,
el despotismo republicano, más irritante to-
davía, porque se ejercía por los mismos liber-
tadores...
Si á esto se agrega que para entonces se
había desarrollado un funesto espíritu de co-
dicia, estimulado por la ley que el Congreso
dictó para contratar en Europa 30 millones de
pesos fuertes, se comprenderá el por qué de no
haber sido refutado durante medio siglo el
siguiente párrafo del historiador Baralt.
« El país que había sido teatro de hazañas
« militares, se convirtió en lonja de especu-
256 BOLÍVAR
« laciones mercantiles : el hambre y la sed
« del oro se apoderaron de los corazones ;
<( imagináronse peligros para hacer grandes
" aparatos de defensa ; creáronse necesidades
<< que no había; quisieron, en fin, lucir galas
« los mendigos ; y como el país no ofrecía
« recursos para tanto, hubieron de buscarse
«( en el extranjero. Y aquí empieza la desmo-
« ralizacióny desórdenes del Gobierno. »
No era aquel empréstito el primero contra-
lado por Colombia, pues desde 1819, el Vice-
presidente Zea, enviado á Europa con un cargo
diplomático y otro fiscal, había reconocido
cerca de Ires millones de duros, como liqui-
dación de las contratas de López Méndez y
Real, comisionados de Venezuela y Nueva
Granada, y para extinguir esta deuda, y sin
autorización del Gobierno Colombiano, había
contratado otro empréstito por diez millones
de duros al 80 p. 100, de cuya inversión no se
tuvo nunca cuenta exacta, no por culpa del
íntegro Zea que la envió oportunamente á Co-
lombia, ni tampoco de su viuda, la señora doña
Felipa Mellón y Zea, que hizo entrega formal
BOLÍVAR 257
el (S de Mayo de 1825, por orden del Sr. Hur-
tado, ministro de Colombia en la Gran Bretaña,
de todos los papeles y documentos relativos
á estas negociaciones, como consta del testi-
monio que hemos tenido á la vista, autorizado
por el Sr. Lanz, que fué la persona designada
por dicha Legación para recibirlos.
Por supuesto que las duras palabras del his-
toriador venezolano no pueden referirse ni al
Presidente de Colombia, que fué un modelo de
generosidad y desprendimiento en todas ocasio-
nes; que se privó de sus propios bienes para ce-
derlos á la revolución, y renunció los millones
del Perú, y hasta sus propios sueldos en bene-
ficio de las necesidades públicas, muriendo
pobre y sin mancha de las inmundicias del pecu-
lado ; ni tampoco al Vice-Presidente Santander,
á quién sus enemigos pretendieron mancillar
suponiéndole cómplice en aquellos manejos, sin
exhibir pruebas. Santander ¡era hombre muy
apasionado , acaso demasiado duro ; pero,
como administrador, honrado y digno.
El empréstito no se hizo tampoco por treinta
millones, sino solamente por veinte; pues en él.
17
258 BOLÍVAR
se comprendieron los diez millones del que
contrató Zea. Su producto fué completamente
derrochado : primero, en preparativos de una
expedición insensata sobre Cuba y Méjico, sin
contar con una escuadra que pudiera medirse
con la española, lo que obligó á Colombia á
tener en Cartagena un tren militar considerable
al par que ridiculo; después, en reparaciones
de las fortalezas de las primeras plazas mili-
tares del país, y, finalmente, en anclas, carro-
nadas para los buques, balas de calibres
desconocidos, jarcias, cocinas de hierro, alqui-
trán y otros efectos, como para resucitar la
Armada Invencible, comprados en Inglaterra.
De los fondos de este empréstito fueron
remitidos á Venezuela trescientos mil pesos
(doscientos mil en onzas de oro), para fomento
de la agricultura. Los llevó el Dr. Peña, é
hizo entrega de ellos en moneda macuquina,
guardándose la diferencia del cambio, ó sean
veinte y cinco mil pesos.
Lo más sensible de todo fué que con aquel
empréstito se habilitó la brillante expedición de
i, 000 mil hombres que salió para el Perú
BOU YAK 259
cuando ya no se necesitaba ; y pereció casi
toda de fiebre en la isla de la Puna. Para colmo
de desdichas, la casa contratista del empréstito
quebró, perdiéndose allí más de dos millones
de duros que se habían depositado para el
pago de intereses.
El resultado de tan inconsulta negociación fué
<[ue el crédito de Colombia se perdió comple-
tamente. Las fragatas Colombia y Cundiría-
marca, compradas en los Estados Unidos en
un millón setecientos mil duros, tuvieron el
siguiente destino ; la primera se incendió en
en la ria de Guayaquil, y la segunda se vendió
en Puerto-Cabello por una suma insignificante,
representada en títulos sin valor alguno. Las
doce cañoneras construidas en los Estados
Unidos, resultaron inservibles y corrieron la
misma suerte en Puerto-Cabello. El navio
Libertador de 79 cañones se vendió en
í-,500 pesos, en dos mil el bergantin Indepen-
dencia de 20 cañones; la corbeta Bolívar de
11 cañones en unos 1500 pesos, habiendo
costado 1 oü,000. Todas las jarcias, cañones,
anclas, proyectiles, etc., fueron vendidos
2G0 BOLÍVAR
para lastre de los buques, por lo que bue-
namente se ofreció.
Lo más raro de todo, y, en efecto, lo que
más nos lia llamado la atención es que las
rentas nacionales de Colombia apenas alcan-
zaban á seis millones de pesos al año, y el
presupuesto de gastos en los mejores años,
excedía de quince millones. Esto no hace en
verdad el elogio de los hacendistas de aquel
tiempo.
Los desaciertos administrativos muy rara vez
quedan aislados ; casi siempre un primer paso
engendra otros todavía peores ; así fué que el
Congreso Colombiano, creyendo que la Santa
Alianza intentaría apoderarse de América, or-
denó una leva de 50, 000 hombres. Y como tal
proyecto fuera absurdo, porque no había
recursos con que equipar y sostener tal ejer-
cito, en vez de abandonarlo, se acudió al expe-
diente de poner en ejecución la Ley de alista-
miento de milicias.
La milicia nacional ha sido siempre en los
países americanos, por razones que omitimos
ahora, una institución impracticable ; y los
BOLÍVAR 2G1
Gobiernos, ni aún los más temidos pudieron
organizaría.
Es el hecho, que los milicianos voluntarios
de Caracas, al saber que el cuerpo que ha-
bían formado para servir á su patria y en
concepto nuestro el único posible) iba á ser
disuelto y refundido en los nuevos cuerpos de
milicias que Paez, comandante general de
Venezuela y del Apure, debía levantar en
cumplimiento de las órdenes de Bogotá, se
alarmaron, y tomando por padrino al inten-
dente del Departamento, Escalona, lograron
aplazar, pero no impedir el proyecto. El
general Paez cortó el nudo, declarando en
Asamblea, ó sea en estado de sitio, sus De-
partamentos, con el fin de aterrar á las
gentes y hacerse obedecer.
Paez había prestado grandes y meritorios
servicios á la causa de la Independencia : era,
sin duda, uno de los más valerosos y desin-
teresados en la lucha ; pero sin instrucción
alguna ni más talento que el innato en los
hombres de las llanuras, sus actos tenían que
resentirse del consejo de sus validos ó de sus
262 BOLÍVAR
consuetas, y según la honradez cierta ó pro-
blemática de éstos, habían de merecer la apro-
bación ó desaprobación pública. En esta oca-
sión fué mal aconsejado.
Resuelto á poner en práctica el alista-
miento militar, convocó á los ciudadanos de
Caracas en el Convento de San Francisco, con
el ánimo, según decía, de hacerles sentir el
peso de su autoridad. Al ver que la concu-
rrencia no era numerosa, destacó patrullas
armadas por las calles de la ciudad, con
orden de llevarle á viva fuerza cuantos hom-
bres encontraran en ellas.
Muchos fueron vejados y ultrajados por los
genízaros, otros se ocultaron ó se refugiaron
donde pudieron. La ciudad estuvo por mu-
chas horas en la más pavorosa consternación.
Conviene decir que al general Paez se le
temía mucho en Caracas ; y cada vez que se
anunciaba su aproximación á la ciudad ó su
entrada en ella, la mayor parte de las gentes
pacíficas y honradas cerraban las puertas de
sus casas, ó evitaban presentarse en las calles.
El conflicto de aquel día se calmó por la
BOLÍVAR 263
intervención .de] intendente Escalona, el cual
ofreció á Paez que al día siguiente convo-
caría á los ciudadanos en San Francisco,
como en efecto lo hizo. La reunión fué nume-
rosísima ; nadie faltó : hasta los inválidos se
presentaron con sus muletas, y Paez, que no
había querido sino vejar á la sociedad, se dio
por satisfecho.
Á pesar de esto, el Consejo Municipal y el
propio Intendente acudieron al Gobierno Su—
premo quejándose de aquella arbitrariedad.
Aunque el Vice-Presidente Santander preten-
dió desentenderse de la queja, la Cámara t\^
Diputados la tomó en consideración y propuso
una acusación contra Paez, que el Senado
acepte'» por considerable mayoría, suspen-
diéndole de su empleo, y ordenándole que se
presentara en Bogotá á dar cuenta de su con-
ducta.
Dejaremos aquí al general Paez preparando
la rebelión contra el Congreso de su patria,
para reseñar los acontecimientos en que fué
parte principal Simón Bolívar.
XV
Organizada la República de Bolivia, regresó
Bolívar al Perú ; el 10 de Febrero de 1826 es-
taba ya en Lima. La fortaleza del Callao, único
lugar ocupado por los realistas, se había ren-
dido desde el 23 de Enero. La misión de Bo-
lívar en aquel país había terminado : Bolivia
quedaba fundada, el Perú redimido, y el héroe
en el esplendor de su gloria.
Pero Bolívar, en vez de regresar sin pérdida
de tiempo á Colombia, con lo cual habría sal-
vado á su patria de grandes desgracias, y pre-
servado el brillo de su propia gloria, se dejó
seducir por los halagos y encantos de la tierra
BOLÍVAR 263
del Sol, dio oído á las viles adulaciones de los
cortesanos, depositó su fé en los consejos de
pérfidos amigos, y hasta so desvaneció con
las dulzuras del mando.
Los peruanos llegaron, en el colmo de su
adulación, hasta iniciar el insensato proyecto
<le proclamarle Emperador de los Andes,
proyecto éste que él combatió enérgicamente,
dejando entrever el desprecio que le merecian
sus autores.
El Yice-Presidente de Colombia le comunicó
los graves sucesos ocurridos en Caracas, 11a-
mándole con urgencia : esto fué á principios de
Julio. Bolívar decidió regresar en el acto á
Bogotá ; pero no pudo ponerse en marcha
hasta el í de Setiembre, día en que se em-
barcó en el Callao con rumbo á Guayaquil.
Digamos entre tanto que Bolívar había do-
fado á Bolivia de una Constitución (calcada de
La de Haití en la cual lo más notable era el
establecimiento de un Presidente y un Senado
vitalicios. Recreábase en su obra, porque le
parecía perfecta, y anhelaba que se adoptara
oh Colombia, como lo había sido ya en el Perú.
266 BOLÍVAR
El señor Guzman (A. L.) de cuya misión á
Lima hablaremos más adelante, había publi-
cado allí un folleto en alabanza de esta consti-
tución, y recibió de Bolívar el encargo de tras-
ladarse á Colombia con el fin de recomen-
darla ; empresa difícil, á lo que parece, porque
la constitución colombiana había determinado
por el artículo 191 un plazo de 10 ó más años
para su fiel observancia, y dispuesto que sólo
después de vencido aquel plazo, se reuniera
por el Congreso una gran Convención para
examinarla ó reformarla en su totalidad. De
manera que hasta 1831 aquel pacto no debía
tocarse.
En Venezuela, sin embargo, la Constitución
colombiana no gozaba de la aprobación ni del
favor popular*
Salió, pues, Guzman para Guayaquil antes
que Bolívar, y conferenció allí con las personas
más importantes, acerca del objeto de su mi-
sión. El Intendente Mosquera (Tomás Ci-
priano) que á la sazón no era sino Comandante,
promovió una Junta popular que nombró Dic-
tador á Bolívar, autorizándole para convocar
BOLÍVAR 267
la Convención que acabamos de mencionar.
Cometido este atentado, >c embarcó Mos-
quera, y salió al mar en busca de Bolívar, á
quién encontró cerca de la isla Santa Clara.
Trasbordóse allí al buque en que este venía, y
dióle cuenta de lo ocurrido.
Bolívar no desaprobó lo hecho ; pero con-
vino con Mosquera en que no le diera noticia
de aquel suceso sino en la recepción oíicial
que le harían al llegará Guayaquil. Mosquera
fué en seguida premiado por él con el grado
de coronel efectivo, probablemente en ejer-
cicio ya de la Dictadura, pues por la Consti-
tución vigente tal promoción no podía hacerse
sino por el Gobierno, con previo consenti-
miento del Senado.
De Guayaquil se dirigió Bolívar á Quito,
adonde llegó el 28 de Setiembre, y entró en
Bogotá el 1 í de < octubre.
La verdad es que esta ciudad se preparaba
á hacer una apoteosis á Bolívar, cuando tuvo
noticia de sn regreso del Perú, pero los suce-
sos de Guayaquil y otros semejantes ocurridos
en el tránsito, produjeron un desconcierto ge-
268 BOLÍVAR
neral. El recibimiento fué frió y desabrido :
pronto lo conoció Bolívar, y olvidándose de
la dictadura que venía ejerciendo desde que
salió de Guayaquil, prorrumpió en vivas á la
Constitución de Colombia al penetrar en las
calles de la ciudad. El pueblo respondió entu-
siasmado : <( ¡ Viva el Libertador ! »
Encargóse éste de la Presidencia el 23 de
Noviembre y revistiéndose de las facultades
extraordinarias que la Constitución le daba,
las delegó, durante su ausencia, en el Vice-
presidente Santander, y se puso en marcha
para Venezuela en la mañana del 25, llevando
consigo de Secretario al de Relaciones Exte-
riores, José Rafael Revenga.
Cuando salió para Venezuela, los sucesos
de Caracas se habían agravado considerable-
mente. Escalona había sido puesto en posesión
del mando en reemplazo de Paez; pero éste,
nial aconsejado, en vez de efectuar su viaje á
Bogotá donde su presencia habría disipado la
tempestad y permitídole regresar triunfal-
mente á su patria, optó por la rebelión, sola-
padamente al principio, y con la visera alzada
BOLÍVAR 269
poco después. Es lo cierto que retirado Paezá
Valencia, nodriza de todas las revoluciones
habidas y por haber en Venezuela, sus ami-
gos y partidarios so pusieron en movimiento,
y después de emplear por algún tiempo las
amenazas, llegaron hasta organizar partidas
de bandoleros armados, que di- noche ataca-
ban á los vecinos inermes ; esto con el fin de
demostrar que sin la autoridad de Paez sería
imposible gobernar al país.
Una de estas partidas asesinó el 29 de Abril
á tres infelices ciudadanos, arrojó sus cadá-
veres á las puertas del Ayuntamiento, y come-
tió todo género de desafueros. Al día siguiente
ocurrió una gran asonada de unas mil perso-
nas, la cual aclamó á Paez « Jefe militar del
Departamento », y todas las autoridades y
tropas de la IMaza le reconocieron como tal.
Poco después fué proclamado Jefe civil y mili-
tar de Venezuela.
Consumó, pues, el general Paez, vencedor
\ héroe en id campo de Carabobo, el crimen de
sedición y detección que fin'' causa de la ruina de
Colombia y de la prematura muerte de Bolívar.
270 BOLÍVAlí
La insurrección de Paez fué secundada en
algunas provincias de Venezuela y rechazada
en otras. Persistiendo el rebelde general en
su propósito de asegurarse en el poder, apro-
vechó el sentimiento de las localidades, hostil
á la Constitución de Gúcuta, y logró que el
proyecto de convocar una Convención gene-
ral se pusiera á la orden del día.
Él mismo hace la siguiente confesión en su
auto-biografía : « En hora menguada para mí,
(( dice, reasumí el mando de que se me había
« suspendido tan injustamente, y ya dado el
« primer paso, era necesario ser consecuente
« con el error cometido. » ¡ El error ! ¡ Mo-
desto nombre dado á tan innecesario crimen ! . . .
Lo cierto es que las Juntas y pronuncia-
mientos se multiplicaron. El Ayuntamiento de
Valencia, el mismo que había elevado sus
quejas á Bogotá contra el Comandante militar,
tuvo que pronunciarse por obra de la coacción
y del terror en favor del movimiento. Lo
mismo hizo el de Caracas ; y más tarde, una
Asamblea popular convocada en dicha ciudad
para el 7 de Noviembre y presidida por el
BOLÍVAR 271
mismo Paez, le autorizó para disponer todo lo
relativo á la reunión de un Congreso Consti-
tuyente.
En aquella asamblea, el intendente Cristó-
bal Mendoza, se opuso con tanta energía como
elocuencia al pensamiento de proclamar la
separación de Venezuela. El odio «pie Paez
tenía á aquel digno magistrado, se exasperó ;
Mendoza hizo dimisión de su cargo y pidió
pasaporte para el extranjero, y Paez le dio
ocho días de término para salir del país.
Cerca de Pamplona recibió Bolívar el de-
creto en que Paez convocaba el Congreso
constituyente para el \'.\ de Enero de 1 S J 7 .
Poco después, en el tránsito á Maracaibo, supo
igualmente que había corrido ya la sangre en
Puerto-Cabello, así como en Cumaná, y que
su patria estaba seriamente amenazada de la
guerra civil.
Resolvió, pues, someter por la fuerza á los
rebeldes. El 16 de Diciembre llegó á Mara-
caibo ; declaró al Zulia en estado de sitio, y
sujetó éste y los demás Departamentos á sus
órdenes perentorias y exclusivas, autorizadas
272 BOLÍVAR
por su Secretario Revenga. El general Urda-
neta fué nombrado general en jefe del ejér-
cito constitucional.
Al saberse en Venezuela la llegada de Bo-
lívar, la reacción en favor del orden constitu-
cional no se liizo esperar. Torrellas que en
Barquisimeto se había levantado en favor de
Paez, tuvo que huir, abandonado por sus tro-
pas. El Apure mismo, teatro de sus hazañas, lo
desconoció, pronunciándose allí el general
Guerrero en favor de la integridad nacional, y
gran parte de la provincia de Caracas hizo lo
mismo .
El Dr. Peña, autor principal del atentado,
fué aprehendido y enviado á Maracaibo.
Monagas organizaba fuerzas en Maturín
para apoyar á Bolívar. Bermudez perma-
neció fiel á sus deberes. No faltaba sino la voz
de Bolívar para dar unidad á los movimientos
y someter á Paez, quien, desconcertado y
confuso, se preparaba en Valencia á resistir
con el batallón Anzóategui y un cuerpo de
lanceros.
Bolívar había anunciado el 16 de Di-
BOLÍVAR 273
ciembre por medio de una proclama, su reso-
lución de restablecer el orden. « ¡ Desgra-
ciados de los que desoigan mis palabras y
falten á su deber! » decía en aquella proclama :
por consiguiente debía esperarse que al llegar
á Puerto-Cabello, el 31 de Diciembre, iniciara
la campaña contra las fuerzas insurrectas al
mando de Paez : la situación no admitía am-
bigüedades. Era preciso someter á Paez ;
castigarlo como lo merecía, ó perdonarlo,
después de vencido ; pero á nadie podía
ocurrírsele que antes de la victoria Bolívar
ofreciera el perdón. Esto fué lo que desgra-
ciadamente hizo.
El Io. de Enero de 1827 proclamó un decreto
de amnistía general en favor de todos los
revolucionarios ; dispuso que su autoridad,
como Presidente de Colombia fuera recono-
cida, y que Paez continuara ejerciendo la
autoridad civil y militar, bajo el nombro de
Jefe superior de Venezuela.
El general Paez, al recibir en Valencia
dicho decreto que daba á su alzamiento una
aprobación terminante, lo aceptó con júbilo,
18
274 BOLÍVAR
y en el acto reconoció la autoridad del Presi-
dente, anuló sus anteriores decretos sobre
elecciones, y mandó que se hiciera á Bolívar
una recepción triunfal en el tránsito y en la
Capital misma.
Colombia quedó sepultada moralmente
aquel día entre las confusas sombras del cri-
men impune y de una autoridad que acababa
de perder para siempre todo su prestigio.
Paez pidió á Bolívar que abriera un proceso
sobre su conducta. Bolívar rechazó esta soli-
citud en términos tan humildes, que es mejor
no copiarlos aquí : baste decir que en su res-
puesta manifiesta que Paez, lejos de ser cul-
pable, era el Salvador de la Patria.
Beconciliados los dos enemigos, salió Bolívar
hacia Valencia el 4 de Enero, y en el sitio de
la Cumbre, en la sabaneta de Naguanagua
encontró á Paez con su séquito. Este se apeó al
verle, y lo mismo hizo Bolívar, quién abriendo
los brazos recibió en ellos á Paez.
De allí siguieron juntos hasta Valencia,
donde Bolívar tuvo que hacer á la patria el
sacrificio del amor propio, tolerando algunas
BOLÍVAR 275
palabras que se escapaban á los vencedores en
la embriaguez del triunfo y de los banquetes
con que lo celebraban. Juntos siguieron á Ca-
racas, donde se les bizo un recibimiento más
espléndido todavía.
El entusiasmo fué tan frenético, que Bolívar
recorrió las calles de la ciudad bajo palio, y
seguido de la población en masa. Pronto dire-
mos cuánto tiempo duró el entusiasmo.
¡Cuan cierto es que los prejuicios son per-
turbadores del sentido moral!... Si Bolívar no
hubiera traído del Perú la idea fija de implantar
en Colombia la Constitución boliviana que el
Llamaba su delirio legislativo; y, en cambio,
hubiera respetado y hecho respetar la Consti-
tución vigente, ni Paez se habría sublevado,
ni perdido él su prestigio juntamente con id de
Colombia.
El deseo de anticipar el tiempo de las re-
formas para establecer aquella Constitución
en Colombia, fué uno de los motivos, si nó el
principal, de Bolívar para transigir con Pac/.
y colmarlo de honores. No sólo le regalo la
rica espada que recibiera en el Perú, como
276 BOLÍVAR
símbolo de gratitud, y le coronó con las guir-
naldas que la Juventud caraqueña le ofreciera
el día de su entrada triunfal, sino que todos los
cómplices de Paez, ó por lo menos los princi-
pales, fueron premiados con ascensos y em-
pleos, quedando así los amigos leales del
régimen legal y del propio Bolívar castigados
por su lealtad.
Y esto sucedía á tiempo en que Caracas
acababa de ser, pocos días antes de su llegada,
saqueada y ultrajada vilmente por un bombre
llamado Farfan, que delegado de Caraba ño,
agente directo de Paez, con el pretexto de una
requisa de caballos que debía hacerse en la
ciudad, destacó partidas de bandoleros para
allanar las casas, y durante dos días vióse
Caracas entregada al pillaje más infame, que
los propios soldados de Boves no llegaron
nunca á cometer.
Acaso no deba culparse á Bolívar de la
debilidad con que en tal ocasión procedía,
porque no sólo quiso evitar los horrores de la
guerra civil, mas también las circunstancias
especiales de los países libertados eran verda-
BOLÍVAR 277
deramente críticas. Hasta se había discutido
entre los hombres más prominentes de la re-
volución el pensamiento de cambiar las insti-
tuciones republicanas en monárquicas, y ofrecer
la corona á Bolívar, con el fin de procurar así
la estabilidad y sosiego que tanto necesitaban
las nuevas naciones.
Justo es confesar que él rechazó siempre las
ofertas que sus amigos y admiradores le hi-
cieran en aquel sentido. Cuanto se haya dicho
en contra de esto, ha sido obra de la ignorancia
ó de la perversidad. Bolívar, que ejercía la
dictadura, perú rechazando el título de dic-
tador, no podía prestarse á ser Bey de su
patria.
Además, los países gobernados por Bolívar
no estaban preparados para recibir ninguna
forma de gobierno constitucional, ni la forma
republicana siquiera. Las necesidades de la
uncirá habían impuesto la dictadura. La misma
Constitución de Cúcuta la había consagrado en
su artículo 1 28, dando al Presidente facultades
extraordinarias de las cuales podía servirse
con más facilidad que los monarcas constata-
278 BOLÍVAR
cionales. El malestar no dependía pues de las
instituciones, sino de la imposibilidad de prac-
ticarlas lealmente, y el remedio que se buscaba
en el establecimiento de la Monarquía habría
resultado inútil de todo punto. Bolívar, dotado
de un talento tan extraordinario, no podía
hacerse ilusiones en este respecto. Las tuvo
muy grandes en su proyecto de Constitución
Boliviana; y al fin las habría perdido, como las
perdió el Gran Mariscal de Ayacucho que go-
bernó á Bolivia con aquella Constitución, y se
convenció de que sólo daba estabilidad al Go-
bierno sobre el papel, mientras que en la
práctica le quitaba los medios de hacerla res-
petar.
La verdad es que no puede culparse á los
proceres de aquel tiempo de que, deseando
conservar la independencia de los países que á
fuerza de sacrificios habían conquistado, pen-
saran en una nueva forma de gobierno, para
alcanzar aquel bien. En este respecto seremos
mucho más francos que los demás escritores
que se han ocupado en este asunto.
Hemos creído siempre que las instituciones
BOLÍVAR 279
republicanas, si han de ser lealm ente practica-
das, exigen la homogeneidad de raza en los
pueblos ; cierto grado de instrucción en las
masas, ana prudente limitación en el sufragio,
y la preponderancia de sanas costumbres. Sin
esto la república no puede ser una institución
protectora de la libertad ni de las demás garan-
tías de los asociados. Existirá en el nombre,
pero en el hecho no habrá sino gobiernos
disolventes v reaccionarios, ó dictaduras em-
hozadas que representarán por supuesto la
ausencia de toda Constitución.
Y tal vez esas dictaduras, honradamente
ejercidas, serán las únicas que podrán alejar
el peligro que traen consigo las instituciones
democráticas, cuando se pretende fundarlas
con razas heterogéneas, fatalmente irrecon-
ciliables.
Si hubiera sido posible establecer monar-
quías solidas en América, nosotros las ha-
bríamos aplaudido, y bendeciríamos hoy la
memoria de sus fundadores : así demostra-
ríamos que tenemos el valor de arrostrar la
impopularidad, que no han tenido la mayor
230 BOLÍVAR
parte de los hombres notables de nuestra pa-
tria, obligados á cortejar casi siempre las
multitudes, á cambio de efímeros empleos y
de dudosos triunfos.
Hechas estas salvedades, nos concretare-
mos á los proyectos de monarquía en Colom-
bia que tanto ruido hicieron desde 1826. Va-
rios historiadores han publicado una carta que
Bolívar escribió al general Paez en aquel año,
en respuesta á otra que éste le dirigió por con-
ducto del Señor Guzman, proponiendo una
monarquía en Colombia.
Es cierto que Guzman fué al Perú, y que de
allí regresó á Venezuela en comisión de Bo-
lívar ; pero hasta la fecha nadie sabe si Paez
hizo realmente tal propuesta, porque la carta
no se ha publicado, y se ignora quién la tenga.
El general Paez escribió en su Auto-bio-
grafía, lo siguiente (Véase, t. 1.°, pág. 490) :
« En años posteriores se ha publicado una
carta que dicen me dirigió Bolívar en respuesta
de ésta, en la cual se habla de que Colombia
no es Francia, ni el Libertador es Napo-
león, etc. Dicha carta que no recuerdo haber
BOLÍVAR 281
recibido nunca, y que no se halla entre los do-
cumentos de la vida pública de Bolívar, tiene
más visos de un manifiesto á la nación que
respuesta á una comunicación privada.
« Hay quien ha escrito que el Señor Anto-
nio Leocadio Guzman fué comisionado por mí
para llevar la carta en que se dice que yo pro-
ponía al Libertador el establecimiento de una
monarquía en Colombia. Afortunadamente,
vive aun el Señor Guzman, que se jacta de ser
mi enemigo, y á cuyo testimonio apelo, sin
embargo, para que diga si yo le entregúela
susodicha carta, y si de mi propio peculio ó de
la Tesorería de Venezuela recibió jamás fon-
dos para ir en comisión al Perú, donde se
hallaba el Libertador, y si su viaje tuvo por
objeto proponer á éste algún plan de mo-
narquía. »
El Señor Guzman haría ciertamente un ser-
vicio á la historia contemporánea revelando la
verdad de lo ocurrido, puesto que ya no exis-
ten los actores principales, ni se trata de man-
cillar su memoria.
No puede negarse que el pensamiento de
282 BOLÍVAR
establecer monarquías en América fué acari-
ciado por los hombres más prominentes de la
revolución, y que entre los amigos más ínti-
mos de Bolívar el proyecto se concretó á ofre-
cerle la Corona, rechazada siempre por éste
con energía y sin vacilar un instante.
Podrá juzgarse de las razones que entonces
se alegaban en favor del proyecto, por la si-
guiente carta dirigida á Bolívar por uno de sus
amigos más fieles, el valeroso y honrado ge-
neral Diego Ybarra á quién aquel distinguió
en todas ocasiones con su más acendrado
afecto.
« Si Usted echa una ojeada sobre el término
de las Repúblicas, á excepción de muy pocas,
todas ellas han concluido por elevar un trono
de hierro, después de haberse despedazado in-
teriormente. La nuestra, compuesta de partes
tan heterogéneas y en peor caso que todas las
demás, camina á pasos agigantados á un fin
mas trágico ; y no veo sino en Usted el remedio
de cortar todos estos males que nos amenazan.
Usted no crea que ha hecho nada con haberla
BOLÍVAR 283
defendido lo años, si ahora, cuando está ha-
ciendo crisis el mal, Vd. no atiende al clamor
general y nos abadona sin poner un remedio a
tantos males como los que nos amenazan y sin
permitir que llegue el caso de que nos comen-
zemos á degollar, [mes todo esto irá solo bajo
la responsabilidad de Yd., y Vd. no podrá con-
testar otra cosa sino lo que me dijo en Guaya-
quil : « Que no era ya patriota, sino amante
de su gloria, » esta respuesta no hará á Vd.
honor, ni podrá responder al mundo con ella.
Voy á dejar este asunto, porque sería nunca
acabar y mi cabeza la tengo un poco débil, y
mala todavía de resultas de la caída. El por-
tador de ésta, impondrá á Vd. de todo, todo,
y mucho mejor de lo que yo podría hacerlo
aun cuando le escribiese más largo de lo (pie
escribió Voltaire : él está muy al cabo de todo,
y acaba de ver la gente del país y aún tratar
mucha parte de ella, por lo que está más
desengañado que nadie.
■ Adiós, mi querido general ; páselo Vd.
bien ; no nos deje Vd. naufragar en este mar
284 BOLÍVAR
revolucionario, y cuente siempre con su inva-
riable amigo que lo ama de corazón, y deses-
pera por darle un abrazo viéndolo coronado. »
D. Ybarra.
Como esta cuestión reaparece más tarde en
Colombia bajo la forma oficial, diferiremos el
tratarla para cuando llegue el momento opor-
tuno.
XVI
Sea que en la Nueva Granada hubiera cau-
sado desagrado la conducta de Bolívar cuando
regresó del Perú, ó que el arreglo hecho re-
cientemente con el general Paez en Venezuela
turra motivo de amargas censuras, es lo cierto
que en aquel país se aprovechó la ausencia del
caudillo venezolano para denigrarle y socabar
su autoridad y prestigio. El general Santander,
que al principio de la guerra había sido leal á
Bolívar, y le servio después con falsía, declaróse
al fin su enemigo público. De palabra y por La
prensa no perdió desde entonces La ocasión de
zaherirle v de hacerle daño.
286 BOLÍVAR
Á tiempo que los ánimos se exaltaban con-
tra Bolívar en aquel país y se hablaba, sin
embargo, de la conveniencia de separarse de
Venezuela, ocurrió en Lima un motín militar,
protegido secretamente por el Gran Mariscal
Santa Cruz, Presidente del Perú. La 3a divi-
sión del ejército Colombiano compuesta de
2700 hombres, se sublevó el 26 de Enero de
1827. Los autores de la sublevación fueron el
coronel Bustamante, jefe de Estado Mayor de
la división, y los oficiales granadinos subal-
ternos que estaban á su servicio. Los jefes y
oficiales principales de los cuerpos fueron pre-
sos y enviados á Colombia.
El movimiento de Bustamante tuvo por pre-
texto aparente la defensa de la Constitución co-
lombiana en contraposición de la Boliviana que
allí existía, pero en el fondo no había sino el
deseo de deshacerse de Bolívar y del ejército
auxiliar. Este era el premio que el Perú daba
á su benefactor. Acaso era la reacción de las
inauditas bajezas que cometieran muchos de
sus persona] es, prosternándose de rodillas á los
pies de Bolívar, después de la victoria de Ayacu-
BOLÍVAR 287
cho. De pueblos que se entregan á la adula-
ción y á la bajeza, no pueden salir hombres
dignos ni agradecidos.
Al saberse en Bogotá lo ocurrido en Lima,
los enemigos de Bolívar se dieron prisa á cele-
brar la noticia, con música y fuegos artificiales
en las calles públicas, repiques de campanas y
otras ruidosas demostraciones, no siendo la
menor de estas, pero si La más vergonzosa, que
• •I Vice-Presidente Santander, olvidándose de su
propio decoro y del elevado carácter que re-
vestía, les acompañara personalmente un gran
trecho en tan indigna demostración, como
prueba de que aprobaba el escandaloso aten-
tado del Perú.
Como el verdadero fin de aquel movimiento
no había sido sino destruir la influencia y la
obra de Bolívar en el Perú, sirvió después de
consumado, para invadir con las mismas tro-
pas los Departamentos del Sur de Colombia
con el propósito de desmembrarla y apoderarse
además de la provincia de Pasto. Salió, pues
l,i expedición del Callao en el promedio d^
Marzo conménosde 2,000 hombres. Una parte
288 BOLÍVAR
de ella, al mando del coronel Eleizalde, desem-
barcó en Menta y la otra, á cargo de Busta-
mante, en Paita.
Guayaquil estaba indefenso ó poco menos.
Cuando se recibió allí la noticia de la invasión,
acordóse que el general Flores se trasladara
en el acto á Quito á levantar fuerzas. El coro-
nel Mosquera, intendente de la Plaza, apenas
tuvo tiempo de refugiarse en unos buques de
guerra que estaban en la ría, y de allí salió
para Bogotá con la noticia. Una Asamblea
popular promovida por la Municipalidad nom-
bró al general Lámar jefe civil y militar del
Departamento. El mismo general fué nom-
brado poco después Presidente del Perú, pues
el proditorio plan urdido contra Bolívar, debía
realizarse, como había sido convenido.
Cuando pasaba esto en el Sur, se reunió el
Congreso de Colombia, y tomando en consi-
deración la renuncia de la Presidencia, que
hizo Bolívar desde Caracas, no la aceptó. Tam-
poco fué aceptada la del Vice-Presidente San-
tander.
Bolívar, al conocer los pormenores de los
BOLÍVAlt 289
sucesos ocurridos en Guayaquil, y las intrigas
que contra su autoridad y contra su propia
persona se urdían en Bogotá, resolvió trasla-
darse á La .Nueva Granada, y al efecto envió
una división de Puerto-Cabello á Cartagena,
otra de Maracaibo á Pamplona, y dictó orde-
nes para que Páez tuviera dispuestos las demás
tuerzas que requeriría la campaña.
Se trasladó á Cartagena en la fragata inglesa
Druida, surta en la Guaira, puesta á su dis-
posición por Sii- A. Cockburn, que poco antes
había llegado á Caracas en comisión diplomá-
tica del Gobierno Británico cerca de Bolívar.
El 9 de Julio llegó á aquella ciudad, y conti-
nuó hacia la capital.
Su presencia en Bogotá bastó para desba-
ratar los planes de sus enemigos y para inspi-
rar á todos confianza en su autoridad y en
sus propósitos. Prestí'), como Presidente de la
República, el juramento constitucional ante el
Congreso, el 10 de Setiembre ; visitó en seguida
al Yice-Presidente, y terminada la ceremonia
oficial, ambos magistrados departieron confia
dencialmenfe y aun comieron juntos.
10
290 BOLÍVAR
Pero el mal estaba ya consumado, porque
Bolívar, considerando imposible conservar la
Constitución de Cúcuta, acogió en su arenga
ante el Congreso el proyecto de convocar una
Convención Nacional, y ésta fué decretada
poco después por una ley para reunirse en
Ocaña el día 2 Marzo de 1828. De manera que
la Constitución Colombiana quedó moralmente
muerta desde entonces.
No entra en nuestro plan dar aquí los por-
menores de la pacificación del Sur. Bastará
decir que el único hombre que allí cumplió
con sus deberes como militar y como caballero
fué un hijo de Venezuela, el dignísimo general
Juan José Flores. No sólo levantó fuerzas en
Quito para restablecer la autoridad de Colom-
bia, sino que obrando con la mayor sagacidad,
obtuvo que las propias tropas de Bustamante se
sublevaran y sometiéranse á su autoridad. Sin
las intrigas de Obando, enviado por Santander
á Guayaquil, para ponerse al frente de las
tropas, y de las órdenes contradictorias que el
Gobierno Nacional enviaba al teatro de la
guerra, y sin las innúmeras perfidias de los
BOLÍVAR 291
revoltosos, á quienes Flores, en horror á la
guerra civil, ofreció repetidas veces tran-
sacciones y arreglos, ora aceptados, ora luir-
lados por ellos, con el único fin de evitar el
derramamiento de sangre, Flores habría ocu-
pado mucho antes á Guayaquil. Ocupóla sin
embargo con sus tropas el 29 de Setiembre sin
resistencia de los enemigos, cuyos principales
jefes regresaron al Perú ; de manera que
cuando Bolívar se ocupaba en Bogotá en
dictar disposiciones para la pacificación de
aquellos Departamentos, recibió la fausta
nueva de estar ya cumplida á esfuerzos de su
digno y leal compatriota el general Flores.
En Venezuela, confiada entonces al mando
civil y militar de Paez, ocurrieron ciertas nove-
dades, que por lo pronto causaron alguna
inquietud; pero, felizmente, merced á la acti-
vidad con que se procedió, no llegaron á per-
turbar la paz pública. Una facción organizada
en la provincia de dimana por Coronado y los
Castillos, fué desbaratada en pocas semanas.
Otro movimiento que se intentó en Barinas
para robar las Arcas públicas fué sofocado.
292 BOLÍVAR
El motín que ocurrió en Guayana para desti-
tuir á varios empleados locales se apaciguó
después de ver justificada su obra, y las par-
tidas de bandoleros que desolaban los feraces
valles del Tuy, al mando de Cisneros, Herrera
y Centeno, no tuvieron mejor suerte. Orga-
nizadas éstas en son de reconquista por un
teniente coronel español llamado Arizábalo,
venido de Puerto-Rico con el carácter de Co-
mandante general de operaciones en Costa
Firme, fueron atacadas y dispersas. Una es-
cuadra española que se presentó en las costas
de Barlovento con auxilios de todo género
para el Comandante de operaciones, no pudo
comunicarse con él, que se liabía refugiado en
las montañas, y se retiró.
Cuando Bolívar tuvo noticia del arribo de
esta escuadra, creyó que este suceso podría ser
el principio de un nuevo plan de reconquista,
y para conjurar el mal, salió de Bogotá en di-
rección de Venezuela. Se detuvo á poco andar,
sin embargo, al recibir pliegos de Paez, en los
cuales le anunciaba la completa pacificación
del país y la retirada de la escuadra española.
BOLÍVAR 293
En cambio de tan lisonjeras noticias, el
general Padilla, comandante de Marinado
Cartagena, y rival de Montilla, aprovechando
la ausencia de éste, promovió un desorden en
la plaza, apoderándose del mando y come-
tiendo otros excesos. Al saberlo Montilla, que
estaba en Turbaco, dio sus órdenes, hizo salir
de la plaza las tropas, aglomeró otras, y se
preparó para batir al revoltoso. Viéndose éste
>in el apoyo de la población, se puso en faga,
y se dirigió á Mompox, desde donde escribió á
Bolívar, disculpándose. Pero no estaba con-
trito, pues allí mismo organizó un alzamiento,
y lo habría puesto por obra, si previsor el ge-
neral Montilla no hubiera enviado á Mompox
una fuerza para impedírselo. Despechado Pa-
dilla, intentó todavía ensayar una nueva aven-
tura en Cartagena, y penetró furtivamente
en la ciudad, pero lo supo Montilla, y hacién-
dole arrestarlo envió bajo escolta á Bogotá.
En el Perú quedó gobernando «'1 general
Santa Cruz, cuando salió la expedición de Bus-
tamante contra Colombia. Como enemigo de Bo-
lívar, l<> primero que hizo fué anular la Cons-
294 BOLÍVAR
títución Boliviana. Poco después lo sustituyó
en el mando el general Lámar, el faccioso de
Guayaquil, quién como era de esperarse, para
precaverse de cualquier ataque por el lado de
Colombia, situó fuerzas considerables en la
frontera, y comenzó á intrigar contra la paz
de Bolivia.
Estaba allí Sucre, amigo leal de Bolívar, y
estorbo para los peruanos. El plan de ambos
generales era muy conocido. Lámar era Colom-
biano de nacimiento ; Santa Cruz había nacido
en Bolivia. Necesitaban, pues, para campear en
el Perú, la anexión de sus respectivos países, y
con este fin se enviaban fuerzas al Sur de Co-
lombia y se promovía la revolución en Bolivia.
Pero antes de hablar de las maquinaciones
peruanas y referir el término que tuvieron,
volvamos la vista á Bolívar y á la Convención
de O caña, instalada en dicha ciudad el 3 de
Abril de 1828, y compuesta de amigos y ene-
migos del caudillo venezolano, más que todo,
de hombres levantiscos, si bien patriotas ilus-
trados en su mayor parte.
Bolívar dimitió el mando ante dicha con-
BOLÍVAR 29o
venciÓD, y ésta procedió en seguida á ocuparse
en la reforma de la Constitución. Esfuerzo
vano, porque los convencionales jamás habrían
podido entenderse. No se trataba allí de dar
realmente á la República una Constitución
vigorosa, basada en los verdaderos principios
democráticos, ni de salvar la situación de Co-
lombia, comprometida hasta cierto punto por
el espíritu de discordia civil y amagos de
guerra por parte del Perú y de España. La
cuestión bahía quedado reducida al estrecho
círculo de las personalidades, y era «mi este
terreno que debía librarse la batalla.
Defectuosa, si se quiere, la Constitución de
Cúcuta, ella había sido hasta allí el lazo de
unión entre los Colombianos. Una vez desau-
torizada con la instalación de la Convención
llamada á reformarla, las consecuencias de la
inconsulta medida eran más que evidentes. El
país tendría que elegir éntrela anarquía y la
dictadura.
Se hizo, pues, imposible el acuerdo entre
los Convencionales. Santander v sus partida-
ríos sometieron á la consideración de la Asam-
296 BOLÍVAR
blea un proyecto ele Constitución federal, que
no fué aceptado por los bolivianos. Á su turno,
presentaron estos un contra-proyecto que fué
rechazado con grande algazara por los partida-
rios de Santander. La discusión se envenenó á
poco andar; los diputados bolivianos fueron
insultados, acaso intimidados, y resolvieron
separarse de la Convención y regresar á sus
domicilios.
Bolívar, que á la sazón se hallaba en Buca-
ramanga , no tomó ninguna parte en tal acuerdo ,
aunque sus enemigos hayan dicho lo contrario.
Lejos de esto, desde que tuvo noticia de los
desórdenes que ocurrían en el seno de aquella
Convención, manifestó su deseo de retirarse á
la vida privada en su patria.
Quedó, pues, Colombia sin Gobierno consti-
tucional, por más que algunos creyeran que
era posible revivir la Constitución de Cúcuta,
y lo grave de la situación contribuyó entonces
á precipitar los acontecimientos.
En Bogotá se reunió una numerosa Asamblea
de pueblo que desconoció la autoridad de la
convención de Ocañn , y acordó darla en toda
BOLÍYAli 297
plenitud á Bolívar, encargándole del mando
supremo de la República. El consejo de Mi-
nistros aprobó lo hecho, y lo participó sin
pérdida de instantes á Bolívar. Aceptó éste la
dictadura, y se puso en camino para Bogotá.
El pronunciamiento de este último punto fué
secundado en Colombia por casi todas las
ciudades principales, y jefes de más nombradla
en la República. Bolívar asumió en Bogotá
c] carácter de Libertador Presidente, y en ejer-
cicio de la dictadura constituyo un consejo, y
ofreció (pie se convocaría un Congreso consti-
tuyente para el 2 de Enero de 1830, con el fin
de dotar á la República de una nueva ley fun-
damental. Entre tanto ordenó que la Constitu-
ción de Cúcuta tuviera fuerza y vigor. Las
cualidades de los hombres extraordinarios
están casi siempre en relación con sus defectos.
Todo es grande en ellos : sus errores se resien-
ten <lc esto mismo. Algunos cometidos por
Bolívar en elcurso de su gloriosa vida podían
justificarse, pero el error en que incurrió
aceptando la dictadura fué el más grande y
funesto de todos. No podía ocultársele que el
298 BOLÍVAR
curso de los sucesos y la situación que él mismo
había aceptado desde el año anterior, hacían
inevitable la disolución de Colombia. Paez no
aguardaba sino la ocasión de pronunciarse en
Venezuela, con seguridad del buen éxito. En la
Nueva Granada, el odio contra su persona
había tomado grandes proporciones ; el Perú,
podía decirse que lo había proscrito. ¿Con qué
elementos contaría entonces para restablecer
el prestigio de su autoridad? Si como Presi-
dente constitucional ésta le había sido dispu-
tada, porque se le creía poseído de la secreta
ambición del mando, ¿cómo la defendería
ahora asumiendo el poder dictatorial?
Antes de satisfacer tales preguntas, digamos
lo que había ocurrido en Bolivia y en el Perú,
como resultado de las maquinaciones de los
enemigos que tenía Bolívar en ambos países.
Situado el general Gamarra al frente de un
ejército peruano en Puno para acechar á Sucre,
había conseguido primeramente que varios
batallones se insurreccionaran en la ciudad de
la Paz, pero este movimiento no paró sino en
la fuga de los principales culpables; pues de las
BOLÍVAK 29»
tropas, unas no insistieron en la rebelión y
otras fueron derrotadas y perseguidas. Pro-
movió después un motín en la ciudad de Chu-
quisaca, en el cual fué herido el general Sucre,
que con pocos hombres quiso reprimirlo, y
quedó prisionero con sus Ministros, salvándose
afortunadamente de tan inminente peligro,
por la llegada de varias fuerzas que acudieron
en su auxilio. Esto fué causa de que Sucre, im-
posibilitado para ejercerlo, resignara el mando
en su Presidente, y convocara un Consejo.
Finalmente, invadió Gamarra el país con su
ejército compuesto de 4,300 hombres, y Logró
seducir al Presidente Urdininea, celebrando
con tan veleidoso magistrado un convenio, en
el cual se estipuló que los naturales de Co-
lombia y demás extranjeros existentes en el
ejército, evacuarían en muy corlo plazo el
territorio de Bolivia ; que se reuniría un con-
greso compuesto délos que formaron el Consti-
tuyente para admitir la renuncia que el general
Sucre haría de la Presidencia, y nombrar un
Gobierno provisional que se encargara de la
administración del país.
300 BOLÍVAR
Las tropas colombianas, en virtud de lo
estipulado, salieron de Bolivia y llegaron á
Guayaquil. El general Sucre, deseoso de ale-
jarse de allí cuanto antes, no esperó la insta-
lación del Congreso, sino que entregó á al-
gunos de sus miembros su renuncia y se di-
rigió á su patria. Así desapareció la honrada
influencia de Sucre y del ejército Colombiano
en aquel país. Causa asombro que todavía no
haya surgido en aquella venturosa tierra al-
gún patriota que proponga la sustitución del
nombre Bolivia, que con tan poca gloria lleva,
por otro más en consonancia con su situación
actual y con sus costumbres...
Los ultrajes que el Perú infirió á Colombia
habían inducido á Bolívar á declarar la guerra
á aquel país, que la aceptó, autorizando al
Presidente Lámar para mandar en persona las
tropas. El Perú tenía en esta guerra una se-
ñalada ventaja, pues contaba con la simpatía
y protección secreta del partido liberal en Co-
lombia, es decir, del partido hostil á Bolívar.
El Perú precipitó en consecuencia su agre-
sión contra Colombia, enviando hacia Guaya-
BOLÍVAK 301
quil una escuadrilla compuesta de cinco bu-
ques, y á la frontera un ejército de ocupación
de 4,000 hombres, que se elevaría al duplo
cuando llegaran las fuerzas con que Gamarra
había ocupado á Bolivia.
La escuadrilla no sólo penetró en la ría de
Guayaquil, sino que cañoneó la plaza y esta-
bleció un riguroso bloqueo, apoderándose de
los productos de la Aduana. La resistencia era
inútil , porque allí no tenía Colombia marina
que oponer á la peruana, habiéndose pasado á
ésta la corbeta Colombiana « Pichincha, y
dando por pretexto los traidores (pie la mon-
taban, que el Perú les pagaría mejor. Además,
el ejército de Lámar había penetrado ya en
las provincias de Loja y Cuenca, y lo que es
más grave todavía, los coroneles Colombianos
Obando y López se habían pronunciado en Po-
pa van contra el Gobierno de Bolívar, sin duda
alguna en connivencia con los peruanos, atento
á que aquel pronunciamiento fué anunciado y
comentado por la prensa de Lima horas antes
de ejecutarse.
Cuando este suceso ocurrió, algo más triste
302 BOLÍVAR
y desgarrador acababa de acontecer en el co-
razón de Colombia ; algo que omitiríamos en
esta relación si nuestro deber no nos lo impi-
diera.
XVII
Cuando Bolívar aceptó la dictadura, los
enemigos del « Libertador » se exasperaron y
decidieron matarlo. La efervescencia de los
ánimos había llegado á su colmo y las pasiones
se desbordaban ruidosamente.
Tan criminal proyecto fué concebido no por
asesinos vulgares, sino por hombres de cierta
importancia política y militar, y por varios jó-
venes de los más cultos é ilustrados que la so-
ciedad granadina tenía en aquel tiempo.
El general Santander era el verdadero jefe
de la propaganda contra Bolívar, y natural-
mente no ignoraba el proyecto; peco es justo
304 BOLÍVAR
confesar que combatió siempre el pensamiento
del asesinato. El plan de Santander era desti-
tuir á Bolívar por medio de contra-pronuncia-
mientos que se efectuaran en el país, del mismo
modo que los que le invistieron de la dicta-
dura ; pero no aprobó la idea de atentar contra
su vida.
Y esto mismo no lo aceptaba Santander
sino á condición de que se realizara después
de su separación de Colombia , que debía efec-
tuarse sin demora; porque Bolívar, probable-
mente para desliacerse de un modo honroso de
su rival, le había nombrado enviado extraor-
dinario y ministro plenipotenciario de Colom-
bia en Washington; y Santander, que conocía
su embarazosa posición, había aceptado aquel
nombramiento.
Los conjurados habían resuelto no ejecutar
el proyecto sino el 28 de Octubre, día de San
Simón, porque contaban que para esa fecha se
habría ido ya Santander, y que con motivo de
la celebración del Santo de Bolívar sería ase-
quible la entrada en su casa, y más fácil, por
consiguiente, la ejecución del proyecto.
BOLÍVAR 305
Ocurrió, sin embargo, un suceso inesperado
que les obligó á proceder mucho antes de
aquel dia, y fué que el capitán Triana, uno de
los conjurados, fué reducido á prisión en la
tarde del 25 de Setiembre por delación del te-
niente Salazar, á quien acababa de invitar á
que entrara en la conspiración.
Efectuada esta prisión, temieron los cóm-
plices de Triana que se descubriera <■! proyecto,
y no perdieron tiempo en ponerlo por obra
aquella misma noche.
Á la sazón guarnecían á Bogotá el batallón
Vargas, fuerte de 700 plazas, aliñando déjeles
y oficiales Venezolanos, admiradores de Bolí-
var; el regimiento Granaderos montados, tam-
bién de venezolanos, y media brigada de ar-
tilleros, compuesta de granadinos. Los con-
jurados contaban solamente con esta última
pequeña fuerza.
Cuando Santander tuvo noticia de que el
crimen iba á cometerse, ni pudo impedirlo, ni
mucho menos denunciarlo. Resolvió, pues,
pasar la noche en casa de su hermana.
Los conjurados, reunidos en la casa de Yar-
20
306 BOLÍVAR
gas Tejada hasta las once y cuarto de la noche,
bien armados y convenidos en el plan de ata-
que , salieron á dicha hora ; ¡la más
ciega pasión les conducía!
En el grupo iban Garujo, Vargas Tejada,
Florentino González, Horment, Zulaivar, Ló-
pez y otros. En el cuartel de Granaderos estaba
preso desde que Montilla lo envió de Carta-
gena, el valeroso general Padilla. Ignoraba
éste el proyecto; pero los conjurados, cono-
ciendo sus resentimientos contra Bolívar, no
dudaron que libertándolo de la prisión, se
pondría al frente de las tropas.
El ataque empezó por el palacio en que
dormía Bolívar. Sorprenden allí la guardia;
matan á puñaladas cuatro centinelas, penetran
en las habitaciones, hieren gravemente al ani-
moso edecán de servicio Ibarra (Andrés) que
pretende oponérseles, y á los gritos de « ¡Viva
la libertad ! » « ¡ Muera el tirano ! » llegan
hasta la propia estancia de Bolívar.
Este, que al oir la algazara pretendió salir,
armado de su espada, desistió del propósito
porque su querida, que le acompañaba en la
BOLÍVAR 307
noche de aquel trance, haciéndole comprender
la inutilidad del sacrificio, le ayudó á descol-
garse por el halcón, y ya en la calle, corrió
Bolívar en dirección del cuartel de Vargas.
Hecho ésto, la Sáenz abrió la puerta, y mos-
trando á los conjurados la desierta estancia,
les aseguró que Bolívar, avisado de la cons-
piración, dormía esa noche en la casa de un
amigo.
Bolívar, á poco de haberse arrojado por el
balcón, tuvo la fortuna de hallar á un criado
suyo de toda confianza, que se recogió tarde
esa noche, y que al conocerlo, se le incorporó.
Muy útil le fué tan fiel compañero, porque con
su auxilio pudo arrojarse en la hondonada
del puente del Carmen, á tiempo que se cru-
zaban los fuegos del batallón Vargas con los
de artilleros. Allí se guareció mientras se cono-
cía el resultado.
Para entonces, el capitán Silva había ata-
cado con la brigada de artillería, pero sin éxito
alguno, el cuartel de Vargas y Canijo; que
venía en retirada del palacio de Bolívar, había
matado de un pistoletazo á su íntimo amigo el
308 BOLÍVAR
coronel Fergusson, edecán de Bolívar, que
yendo en auxilio de su jefe, é ignorante
de lo que pasaba, le preguntó qué novedad
ocurría .
El batallón Vargas salió en persecución de
los artilleros ; estos se pusieron en retirada,
cubriéndola con sus fuegos en las calles de la
ciudad. Antes de salir de su cuartel para ata-
car el de Vargas, dos oficiales con un piquete,
saltando una pared, penetraron en la casa
donde estaba preso el general Padilla, y sor-
prendiendo y desarmando la guardia, pusieron
preso al coronel José Bolívar, jefe encargado
de la custodia.
Obligado Padilla á salir con el coronel
Bolívar á la calle, donde le esperaba otro
piquete de artilleros, para ponerse á sus órde-
nes, se resistió á acompañarlos, exigiendo que
se le restituyera á su prisión pocos instantes
después.
En tal estado, que se hizo crítico por la
aproximación de las fuerzas de Vargas en per-
secución de los artilleros, mataron estos de un
pistoletazo al coronel Bolívar, y dieron la
BOLÍVAR 309
espada del muerto á Padilla, dejándolo solo en
el puesto. Saltó éste la misma pared «pie antes
saltaron los artilleros, y se introdujo en sn pri-
sión, pero cometiéndola imprudencia de llevar
consigo la espada ensangrentada.
Entre tanto Bolívar y su fiel criado permane-
cieron ocultos más de tres horas bajo el puente.
De vez en cuando, algunas partidas del bata-
llón Vargas que recorrían las calles, gritaban
« ¡Viva el Libertador! » pero éste no se pre-
sentaba temeroso de (pie aquel grito fuera una
treta |>ara descubrirlo. Al fin, repitiéndose los
vivas, acercóse cautelosamente el criado á una
pared, pororden de Bolívar, á verquiénes eran
los <pie pasaban; y conociendo al comandante
Espina y al teniente Fominaya, edecán del
general Córdova, snpo en el acto lo ocurrido.
El historiador Posada Gutiérrez, cuya na-
rración nos parece la más imparcial de las «pie
hemos leído, dice (pie Bolívar, maltrecho casi
sin poder articular palabra, montó en el ca-
ballo de Espina, y se dirigió en seguida á la
plaza, donde fia'' recibido con tal entusiasmo
([lie, á punto de desmayarse, dijo con voz
310 BOLÍVAR
conmovida : « ¿Queréis matarme de gozo, ya
que no he muerto de dolor? »
En efecto, aquellas horas fueron las más
amargas que pasó durante su vida, y fácil es
comprender cuál no sería su dolor al verse
refugiado bajo un puente en las altas horas de
la noche, apenas vestido, dentro del agua,
ignorando lo que pasaba, puesto que sólo
sabía, en aquellas mortales horas, que sus
grandes servicios á la patria habían sido des-
conocidos, ¡ hasta el punto de buscarle para
asesinarlo !
Bolívar regresó al palacio á las cuatro de
la mañana, é hizo llamar en el acto al Presi-
dente del Consejo Castillo Rada, para que lo
convocara inmediatamente, á fin de que este
cuerpo se encargara, por renuncia suya, de
la autoridad que los pueblos le habían con-
fiado, y se promulgara al mismo tiempo nn
indulto en favor de los conjurados, á quienes
no quería conocer. Agregó que estaba deci-
dido á partirse del país.
¡ Cuan noble fué Bolívar en aquel momento !
¡ César le habría envidiado ! Desgraciadamente
BOLÍVAR 31 i
no perseveró en su generosa resolución, por-
que el general Urdaneta, Córelo va y los jefes
de las tropas, y otros personajes que en tales
ocasiones recetan patíbulas para demostrar los
quilates de su lealtad, se presentaron en cuerpo
ante Bolívar apenas supieron cuál era su reso-
lución, y lograron influir en su ánimo, hasta
hacerle variar. ¡ Error funesto, del cual se
arrepintieron los mismos que lo habían acon-
sejado !
Catorce individuos fueron pasados por las
armas, entre ellos cinco sargentos de la bri-
gada de artillería. Al general Padilla y al
coronel Guerra se les exhibió en una horca
después de fusilados, y Aziiero, joven distin-
guidísimo, fué pasado por las armas.
La exhibición de los cadáveres de los dos
jefes nombrados produjo malísima impresión,
y fué un alarde de crueldad, indigno del
noble carácter americano.
Santander, condenado á muerte, obtuvo por
recomendación del Consejo de Estado que se
le conmutara la pena por la de destierro. Igual
suerte cupo á Florentino González, joven de
312 BOLÍVAR
23 años, que tan brillantes servicios prestó
después á su patria. El comandante Canijo
salvó la vida á cambio de delaciones que le
infamaron, y el distinguido joven Vargas
Tejada, huyendo hacia Casanare, se ahogó al
pasar un río.
Este fué el triste desenlace de la conjuración
del 25 de Setiembre. Por grande que sea el
horror que inspire tan injustificable crimen, la
posteridad cubrirá con el manto de su compa-
siva indulgencia la memoria de algunos de los
que en aquella infausta noche asumieron el
carácter de asesinos. Más que ésto, fueron
fanáticos y víctimas de sus propios errores,
como lo reconocieron después. Ésta ha sido,
á lo menos, la opinión de su propia patria, que
honró más tarde á los que sobrevivieron con
altos empleos, y á algunos de los muertos,
con la erección de estatuas.
Por supuesto, no merecen tan piadosas
indulgencias los advenedizos que tomaron
parte en la comisión de aquel crimen, ni los
que por realistas carecían de motivo para in-
quietarse por las opiniones de Bolívar.
BOLÍVAR 313
Refiramos para completar la relación de
este desgraciado asunto, un episodio que ocu-
rrió aquella noche con el general Córdova, y
<{iie fué tal vez cansa del levantamiento y
muerte de tan heroico soldado. Córdova ha-
bía dado grandes pruebas de fidelidad á Bolí-
var. En la Asamblea que le proclamó Dic-
tador, Córdova fué uno de sus más fervorosos
partidarios, y aun poco faltó para irse a vías
de hecho contra el Dr. Juan Vargas, partidario
de Santander. Al oir los cañonazos y las des-
cargas de fusilería durante la noche, Córdova
salió de su casa á caballo en dirección de la
plaza, como lo hicieron los demás amigos de
Bolívar, los generales París, Vélez, Herrera y
otros. En el tránsito encontró á Canijo, que
acababa de matar á Fergusson ; y habiéndole
dirigido una pregunta igual á la que le hizo
éste, Carujo le hizo creer que venía replegán-
dose, porque las tropas de Vargas se habían
insurreccionado. Á tiempo que esto pasaba,
llegó una compañía de Vargas, haciendo fuego
sobre la fuerza de Carujo, al grito de « ¿ Quién
vive?». Córdova, comprendiendo su engañor
314 BOLÍVAR
contestó, <( ¡ Viva el Libertador ! » Canijo
desapareció, y los de Vargas acompañados por
Córdova siguieron á la plaza. Pero el inci-
dente sirvió de pretexto para que la calumnia
se cebara en su nombre, precipitándole más
tarde en la rebelión.
XVIII
Fué consecuencia de la conjuración del
25 de Setiembre el levantamiento de los coro-
neles Obando y López en Poparán, descono-
ciendo la autoridad de Bolívar. De manera que
existían por el momento dos peligros en Co-
lombia, la insurrección mencionada y la guerra
del Perú.
Bolívar, á pesar de sentirse muy afectado
por el aciago acontecimiento de Bogotá, se
ocupó seriamente en los asuntos del Sur y
organizó en pocos días una división de 1,500
hombres, que al mando del general Córdova
316 BOLÍVAR
fué enviada en persecución de los dos insu-
rrectos coroneles.
Él mismo resolvió pasar en persona al Sur,
y en efecto salió para Popayán el 28 de
Diciembre, dejando antes expedido el decreto
en que se convocaba el Congreso constituyente
de Colombia para el 2 de Enero de 1830.
Á la fecha, una de sus grandes medidas
había sido encargar á Sucre el mando civil y
militar de aquellos departamentos para orga-
nizar en ellos un ejército que oponer á las
fuerzas invasoras del Perú al mando del ge-
neral Lámar. Pensamiento muy acertado fué
encomendar la defensa del Sur de Colombia
a Sucre y á Flores, generales ambos valerosos
é inteligentes que, sin duda alguna, destrui-
rían el ejército del presuntuoso Lámar.
Modesto y generoso Sucre, é inspirado por
Bolívar, propuso al peruano un arreglo hon-
roso, que no fué aceptado, porque envanecido
Lámar con la posesión de Guayaquil, con la
superioridad de su ejército, y con el auxilio
moral que le procuraba la insurrección de
Popayán, hizo exigencias más que ridiculas,
BOLÍVAR 317
y aun intentó un movimiento secreto sobre
Cuenca, que fracasó, recibiendo así en el pue-
blo de Saraguro la primera derrota en una
sorpresa que le hizo Flores, y que le obligó á
huir para salvarse.
Á pesar de esto, el ejercito peruano era su-
perior al de Colombia, pero esta superioridad
no arredró á Sucre, que le buscó para des-
truirlo en una acción más formal, encontrán-
dole al fin en el Pórtete de Tarqui.
Trabóse allí la batalla, y los peruanos fueron
completamente derrotados, dejando el campo
sembrado de cadáveres, y entre muertos,
heridos y prisioneros 2,500 hombres, con 60
jefes y oficiales, en tanto que la pérdida de los
colombianos fué apenas de 300.
Sucre, generoso siempre é inspirado en el
amor que tenía al país que había redimido
con su espada, ofreció á Lámar una capitula-
ción que éste aceptó el 28 de Febrero en Girón.
Antes de proseguir en los términos de este
convenio, digamos que Sucre, entusiasmado
con el valor y pericia que desplegaran en
aquella jornada el general Flores y el coronel
318 BOLÍVAR
O'Leary, concedió al primero el grado de
general de división, y al segundo el de general
de brigada, ascensos ambos muy merecidos.
Ordenó, además, que se erigiera una columna
en el campo de batalla para conmemorar los
nombres de los cuerpos de tropa y de los jefes
y oficiales que combatieron aquel día. Este
monumento debía tener en el lado del campo
enemigo la siguiente inscripción incrustada
en letras de oro : « El ejército peruano de
« 8,000 soldados que invadió la tierra de sus
« libertadores, fué vencido por 4,000 bravos
« de Colombia el 27 de Febrero de 1829. »
Obligóse Lámar por la capitulación, entre
otras cosas menos importantes, á entregar á
Colombia la corbeta Pichincha, á devolver la
ciudad de Guayaquil y á nombrar plenipoten-
ciarios que, unidos á los de Colombia, cele-
braran en el mes de Mayo siguiente el tratado
definitivo de paz. Convenido ésto, se retiraron
á su patria llevándose apenas la tercera parte
de las fuerzas con que invadieran á Colombia.
Á tiempo que Sucre obtenía tales triunfos,
otros no menores alcanzaba Bolívar sobre los
BOLÍVAK 319
insurrectos de Pasto, al mando de Obando y
López. Envióles comisionados excitándoles á
la concordia, y al fin se sometieron, conven-
cidos de su propia impotencia ; pues si bien es
cierto que resistiendo habrían impedido á Bo-
lívar el paso hacia el Sur que tanto le inquie-
taba porque aún no conocía los triunfos de
Sucre, una vez que el enemigo extranjero
había sido vencido, la derrota de aquellos
facciosos no se habría hecho esperar.
En virtud de ésta capitulación pudo llegar
Bolívar á Quito en la tarde del 17 de Marzo.
Allí le recibió Sucre, y ambos se abrazaron en
medio de la más profunda emoción.
Narremos ahora la parte grotesca de la
guerra peruana. El general Lámar apenas se
vio fuera del alcance de las tropas colombianas,
pasó una nota á Sucre quejándose de haber
decretado la erección de un monumento tan
deshonroso para el Perú ; afrenta que éste no
podía soportar, y en consecuencia pedía la
revocación de dicho decreto, anunciando que
si no se accedía á su solicitud, se resistiría á
devolver la ciudad de Guayaquil y á cumplir
320 BOLÍVAR
las demás cláusulas del convenio de Girón ;
y poniendo por obra la amenaza se preparó de
nuevo á la guerra, reforzando á Guayaquil y
autorizando otros actos de hostilidad.
Bolívar aceptó con dolor la prosecución de
la guerra, pero decidido á emplear antes los
medios conciliatorios ; y de esto trataba cuando
un acontecimiento inesperado la hizo innece-
saria. Aunque el Gobierno de Lima había
aprobado la conducta de Lámar, la guerra
era impopular en el Perú, y el orgullo nacio-
nal excitado con la derrota de Tarquí, no podía
tolerar que aquel Colombiano continuara ejer-
ciendo la Presidencia, una vez que el éxito no
había coronado sus aventuras.
Ocurrió, pues, una revolución militar en el
Perú al mando del general Gutiérrez de La-
fuente ; y el Presidente en campaña fué desti-
tuido y reemplazado poco después por el gran
mariscal G amarra, nombrado provisionalmento
por el Congreso, que Lafuente convocó durante
el corto período de su dictadura.
El nuevo Gobierno peruano se apresuró á
hacer la paz con Colombia, y el tratado defini-
BOLÍVAR 321
tivo quedó firmado en Setiembre de 1829. La
ciudad de Guayaquil fué devuelta á Colombia,
y las relaciones entre ambos países volvieron á
ser cordiales. Lamár fué expulsado del Perú y
embarcado para Costa-Rica, donde murió al-
gún tiempo después, probablemente de tristeza.
Apenas se había restablecido Bolívar de la
grave enfermedad que padeciera en esta cam-
paña, y que casi le puso á las puertas del se-
pulcro, por la imprudencia de haberla empren-
dido en la estación de las lluvias, y en un país
azotado por las liebres, cuando tuvo el dolor de
saber que el general Córdova, con una fuerza
insignificante, se había sublevado en Medellin,
desconociendo su autoridad.
El levantamiento de Córdova, jefe éste que
fué, sin duda, uno de los más fervorosos admi-
radores de Bolívar, no puede explicarse sino
por las intrigas que contra él pusiera enjuego,
de largo tiempo atrás, el coronel * Tomás Ci-
priano de Mosquera, á la sazón general. No
entra, sin embargo, en nuestro plan mencionar
aquí los pormenores de la enemistad de am-
bos jefes.
■u
322 BOLÍVAR
Bastará decir que era Córdova un joven pun-
donoroso, de temerario valor y con cierto ta-
lento natural que cultivaba con esmero. Aspi-
raba él, como todos los de su posición, al re-
nombre histórico, y calumniado sin razón de
infiel á Bolívar desde la aciaga noche del 25 de
Setiembre, había sido víctima posteriormente
de tantas acusaciones indignas, que al fin el
ánimo de Bolívar se predispuso, aunque sin
justo motivo, contra él, y Córdova se lanzó
por despecho en el camino de la rebelión.
Sea de esto lo que fuere, el general O'Leary
recibió la orden de batir al insurgente, y no lo
efectuó sin haberle dirigido antes las más ge-
nerosas proposiciones de arreglo. Apenas tenía
Córdova 100 reclutas, en tanto que O'Leary
traía consigo una columna de 800 veteranos.
Córdova, empero, no aceptó ningún arreglo :
« Es imposible vencer, » le dijo el enviado de
O'Leary. « ¡ Pero no es imposible morir!... »
replicó el insurrecto, y probó más tarde que
tales palabras, pronunciadas por un hombre
de tan gran corazón, no eran mero alarde de
valor.
BOLÍVAR 323
Dióse el combate, y por supuesto, en él
quedó vencido Gordo va. En vano desplegó su
admirable valor aquel día ; en vano peleó con
temeridad inaudita al lado de sus compañeros.
Las tropas de O'Leary le derrotaron, y Cór-
dova, al verse casi solo, se refugió apenas
con 20 hombres en una casa inmediata, en la
cual continuó defendiéndose, aunque herido.
Atacado allí de orden de O'Leary hasta ren-
dirlo, por una fuerza al mando de Castelli y de
Ruperto Hand, que procedía de la escoria so-
cial de Irlanda, no quiso entregarse. La fuerza
penetró, y Hand acahó de matarlo de dos
sahlazos.
Así concluyó sus días uno de los vencedores
en Pichincha y Ayacucho.
Cuando O'Leary, nohle oficial y perfecto
cal tallero, tuvo noticia de la indigna acción
de Hand, á quien despreciaba, porque con
frecuencia estaha ebrio, lo separó de la
división.
Bolívar recibió la noticia de este triste su-
ceso en el tránsito de Guayaquil á Bogotá, y
condolido de la infausta suerte de Córdova,
324 BOLÍVAR
indultó á todos sus parientes y amigos, com-
plicados en el alzamiento.
Entre tanto había llegado á Bogotá, como
antes llegara á Caracas el Señor de Bresson,
enviado del Gobierno francés, en compañía
del duque de Montebello, que no llevaba mi-
sión alguna para examinar el estado de las
cosas, y decidir si Francia podría entrar de-
corosamente en relaciones diplomáticas con el
nuevo país. Hizo el enviado francés el día de
su recepción un discurso, al final del cual ma-
nifestó que los votos de su Gobierno eran por
la tranquilidad de Colombia, por el restableci-
miento y consolidación de instituciones libres
y fuertes que dieran á la Europa garantías de
que el orden público se conservaría en los
nuevos países de América.
Como el Congreso constituyente estaba en
vísperas de reunirse, y la cuestión de la mo-
narquía surgía de nuevo, por una impru-
dencia de Bolívar que referiremos después,
varios diputados preguntaron confidencial-
mente al enviado francés, si Carlos X recibiría
con gusto la exaltación de un príncipe de su
BOLÍVAR 325
familia al trono de Colombia. Excusóse de con-
testar el enviado, falto de instrucciones, pero
aplaudió el proyecto y basta ofreció apoyarlo
<'on su influencia. Pero en la entrevista oficial
que tuvo con el Gobierno de Colombia se limitó
al asunto de sus instrucciones, lo cual descon-
certó mucho á los miembros del Consejo, que
unánimemente apoyaban el proyecto de mo-
narquía. Eran miembros de este Consejo, Cas-
tillo Rada, Urdaneta, Restrepo, Yergara y
Tanco.
Bolívar había tenido la culpa de que esta
cuestión se pusiera otra vez sobre el tapete,
aunque con la más sana intención, porque
creyéndose muy grave en su reciente enfer-
medad, y acongojado por la incertidumbre del
porvenir de Colombia, dictó una circular, exci-
tando á los principales Colombianos á que se
pronunciarán libremente por la forma de Go-
bierno y constitución que el próximo Congreso
debiera promulgar. Este acto tan sano y
bonroso en sí mismo, despertó las ambicio-
nes, y fué causa de que muchos amigos de
Bolívar pensaran de nuevo en el estable-
326 BOLÍVAR
cimiento de una monarquía en Colombia.
Y fué lo más original que el consejo de Bo-
gotá hizo imprudentes negociaciones con los
enviados de Francia é Inglaterra, y se creyó
burlado por Bolívar cuando éste le notificó en
carta escrita desde Popayán en 22 de Noviem-
bre, su más abierta desaprobación á todo lo
hecho. Se quejaban los del consejo de que
Bolívar, instruido á tiempo de aquellas nego-
ciaciones, no les hubiera hablado francamente
desde el principio.
Esto mismo tuvo que hacer con los comi-
sionados que de varios puntos de Colombia le
llegaron, y muy particularmente con el que
envió Paez desde Venezuela. De manera, que
nadie tendría derecho para atribuir á Bolívar
el designio de fundar una monarquía en su
patria, ni mucho menos el de ambicionar para
sí una corona. Lo único cierto fué que, ago-
tado ya por el sufrimiento y desengaños, de-
caído en su salud y temiendo á cada instante
que su gloria, su muy legítima, gloria se
eclipsara en el tempestuoso cielo de Colombia,
no tuvo el valor necesario para retirarse á
BOLÍVAR 327
tiempo y dejar á otros la ingrata tarea de des-
truir el fruto de la abnegación y del sacrificio.
Bolívar llegó á Bogotá el 15 de Enero de
1830. La entrada, aunque muy concurrida,
fué triste. Copiemos aquí el testimonio de Po-
sada Gutiérrez, uno de sus más leales histo-
riógrafos. « Cuando Bolívar se presentó, yo
vi algunas lágrimas derramarse. Pálido, ex-
tenuado ; sus ojos, tan brillantes y expresivos
en sus bellos días, ya apagados ; su voz
honda, apenas perceptible; los perfiles de su
rostro, todo en fin anunciaba en él, excitando
una vehemente simpatía, la próxima disolu-
ción del cuerpo, y el cercano principio de la
vida inmortal. »
Bolívar dirigió al Congreso una notable ex-
posición en que brillan los sentimientos de su
noble alma, é hizo dimisión de su cargo, en
concepto nuestro, de la manera más leal y de-
cidida. La vida de Colombia iba á extinguirse
al mismo tiempo que la de su fundador.
Faltaba, sin embargo, otra coincidencia,
quizas la más dolorosa, que ya iba á realizarse.
Era la patria quien debía proscribir á su
328 BOLÍVAR
propio hijo, echarlo del regazo doméstico,
maldecirlo y abofetearlo... Esta triste misión
estaba encomendada al general Paez, que la
llenó cumplidamente y á satisfacción de sus
admiradores...
Es lo cierto que Caracas, patria del héroe,
fué la primera en pedir desde el 24 de No-
viembre, en una numerosa asamblea presidi-
da por Arismendi, que se desconociera la au-
toridad de Bolívar, que se proclamara la diso-
lución de Colombia y se nombrara á Paez
como jefe supremo de Venezuela, mientras
una Convención que al efecto se convocaría,
proveyera lo conveniente.
La comisión nombrada por la asemblea de
Caracas, y compuesta de Fortique, Alfonzo y
Guzman se presentó á Paez, en Valencia. No
aceptó éste por el momento la autoridad ; tal
vez por recordar las escenas de 1827; pero
pasada la primera sombra del remordimiento,
aprobó lo hecho, aceptando la dictadura.
Quedó, pues, consumada la separación de Ve-
nezuela. Si allí se hubiera detenido la revolu-
ción, habría sido fecunda tal vez, porque, con
BOLÍVAR 329
la disolución de Colombia, hecha de modo
conveniente, cada país se hubiera constituido
pacíficamente sin sembrar, al separarse, el ger-
men de nuevas é infecundas discordias. Pero
esto no satisfacía á las pasiones de aquel
tiempo. Era preciso sacrificar á Bolívar, y
seguir después invocando su nombre para
otros propósitos...
El Congreso colombiano no aceptó la re-
nuncia, y le suplicó que continuara al frente
del Gobierno, á lo menos hasta que fuera
proclamada la nueva constitución. Bolívar
accedió ; pero no era el poder lo que quedaba
en sus manos, sino su sombra engañadora.
El triste drama se acercaba ya á su desenlace.
Al saber Bolívar lo ocurrido, pensó en ir á
Venezuela para tener una entrevista con Paez,
en la que pudieran entenderse ; pero el Con-
greso, haciéndole desistir de tal pensamiento,
nombró á dos de sus miembros, el gran Maris-
cal de Ayacucho y el obispo de Santa Marta,
para llenar aquel fin.
Digamos antes de proseguir, algo que inte-
resa á la moralidad de la historia. Paez pu-
330 BOLÍVAR
blicó en su auto-biografía varias cartas que
dirigió á Bolívar. Hay, sin embargo, una que
no fué publicada, y cuyo original está en po-
der nuestro. Esta carta desvanece todas las
sombras ; la historia se encargará de comen-
tarla.
Dijimos antes que el acta revolucionaria de
Caracas, desconociendo á Bolívar, había sido
firmada el 24 de Noviembre. Ocho días antes,
con fecha 16, escribió Paez la siguiente carta
á su querido general y amigo. Hela aquí.
PAEZ Á BOLÍVAR.
Valencia 16 de Noviembre iS¿í).
A. S. E . el Libertador presidente Simón Bolívar, etc.
Mi querido general y amigo,
Ya le he manifestado en mis anteriores el motivo que
hubo para que hubiesen pasado algunos correos sin
que hubiese recibido carta mia, de lo que se queja en su
muy apreciada de o de Setiembre que tengo á la vista.
Á muchos he oido discurrir aquí acerca de la utilidad
que resultaría a Colombia de que V. se acercase al Con-
greso Constituyente que ha de reunirse en Bogotá, é
inspirando confianza á los representantes, les ayudase
BOLÍVAR 331
con pus consejos, hijos de la experiencia, á afianzarnos
la dicha de un Gobierno estable. Si todos se persuadieran
tanto como yo de la sinceridad con que V. desea el bien :
si la calumnia no asestara sus tiros sobre la reputación
más bien establecida : si la infamia no se complaciera
en acercarse á lo menos á los más grandes héroes, no
dudaría yo un instante en pensar del mismo modo, pues
estoy cierto que Colombia sacaría de esa operación todos
los frutos y ventajas que debe esperar de su creador, de
su padre, y del hombre de quien ha recibido cuantos
beneficios está poseyendo. Yd. parece nacido para colo-
carse en posiciones peligrosas, y yo, aunque mucho
inferior y en mi corto alcance, para ser compañero de
-ii destino. Vd. está colocado entre la fuerza del deber,
y el poder de la calumnia : debería Vd. hacer cuanto
crea útil para la patria, sin temerá la- pasiones, dejando
á la posteridad la absolución ó condenación de su con-
ducta : el poder de las pasiones dura poco, el de la virtud
es tan eterno como el de la razón y la justicia. Cuando
sus obras sean meditadas ron la calina de la reflexión,
entonces el nombre de Bolívar atraerá las bendiciones
de todos los corazones tiernos, de los hombres justos, y
entonces vendrán á conocer que Yd. sirvió para la patria
y se sacrificó por ella.
Los consejos de Vd. desde tanta distancia, serán
siempre traicionados; los creerán unos, los interpre-
tarán mal otros, cada cual los verá conforme á sus senti-
mientos, y procurará encontrar en ellos, ó el acierto de
sus ideas ó el fundamento para ejercitar su mordacidad.
Con todo, Yd. no podrá meno- de darlos, porque ¿cómo
podría su silencio ser excusado, mucho menos absuelto
en momentos de tanta importancia? ¿cómo podría ser
332 BOLÍVAR
justo que nosotros perdiésemos la masa de razón y de
experiencia que Vd. ha conseguido en tantos años de
ilustres servicios hechos á su patria? Vd. que ha tocado
todos los males, y que ha estado luchando con los
obstáculos de la administración, está obligado en con-
ciencia y en justicia á indicar la senda de nuestra prospe-
ridad, aun cuando la impostura quiera armarse contra
la buena fé, porque Vd. es el único que posee todos los
secretos de la revolución.
Mi situación no es menos penosa; las cuestiones sobre
forma de gobierno han comenzado á tratarse por los
ciudadanos : las novedades políticas siempre causan sus
alarmas, y éstas, por sus consecuencias, no han dejado
de causar bastante inquietud : yo he creído que lo mejor
era no sofocar el torrente de los primeros movimientos,
sino sostener con mano fuerte el Gobierno, según la
organización actual, y esperar que la reflexión rectifique
las ideas y domine las animosidades. Sin entrar en par-
tidos, sin profesar ninguna opinión, con el carácter de un
jefe y de un soldado, me he presentado cumpliendo las
órdenes que tengo, y protegiendo la marcha de la admi-
nistración pública : mi silencio no ha dejado de dar lugar
á siniestras interpretaciones ; alguna parte del pueblo
desconfía de mí, porque me considera muy amigo de Vd.
y algunos amigos de Vd. me consideran su enemigo,
porque yo no hago todo lo que ellos quisieran. ¡ Qué
trabajo, general, gobernar en un gobierno naciente, y
un gobierno tal, en que el Jefe está al alcance de todos!
Aun en mi pequeño círculo me arrebata también la
calumnia y despedaza en las aires mi reputación, con
más facilidad que el águila juega y despedaza con sus
garras la presa. Miserable de mí, ni tengo los recursos
BOLÍVAR 333
mentales de Yd. ni los medios políticos para sostenerme;
estoy ahora colocado en la crisis más peligrosa y enfa-
dosa que he tenido en mi vida : antes estaba mortificado
con el mando, ahora estoy renegando. Sólo me queda
un consuelo y un firme apoyo, que es la amistad de Yd.
estoy cierto que nunca la perderé, porque hago cuanto
está de mi parte para merecerla. Si Yd. hade morir en
la Cruz como Jesucristo, espero que á lo menos me
haga á mí la promesa que él hizo al buen ladrón, de
que aquel mismo día estaría con él en el Paraíso, aunque
las dos tengamos que bajar primero á los infiernos á
resucitar los cuerpos de Jiraldot, Gedeño, Plaza y todos
los santos patriarcas de la revolución, que tomen ven-
ganza de todos los ultrajes que se nos hagan. Á Vd.
no le será posible separarse del mando : será llevado
á la silla del Gobierno con violencia, porque su nombre
está identificado con Colombia ; pero yo debo ya descan-
sar, y le pido y le repito, que cualquiera que sea el
desenlace del Congreso constituyente después de su
reunión, me quite esta carga, y me deje sólo dos placeres,
el primero sea considerarme su mejor amigo, y el se-
gundo poner en ejecución lo que antes de ahora, en
mi carta de 21 de Junio de este año le tengo ofrecido y
es, poner á su disposición todas mis propiedades y
acompañarle en su suerte. Si estos solos bienes me
quedan, estoy contento con Vd. y con la patria; con
ésta, porque me ha recompensado más de lo que yo
merezco, y con Yd. porque tengo la amistad que más
he anhelado en el curso de mi vida : compañero en las
armas y compañero en su suerte, quedarán mis de-
seos enteramente satisfechos, y la posteridad hallará
en mí la conducta de un hombre sincero desdi- l,i
334 BOLÍVAR
vida de un pastor hasta la elevación de un general.
Mucho y muchísimo he sentido el ataque de fiebre que
Vd. me dice ha padecido : cuídese mucho, porque su
existencia es preciosa : el nombre de Vd. está en todas
partes, y es el que mantiene el orden : en Vd. están todas
las facultades y todos los derechos de los Colombianos,
y su falta sería la disolución del pacto, porque Vd. es
el único pacto que existe entre nosotros. Me alegro que
Vd. como me dice se vaya restableciendo en su campo,
pues que le ha aumentado el apetito : Vd. sabrá con la
bella sociedad extender esa pequeña isla y hacerla cé-
lebre.
Espero que Vd. nos comunique muy pronto la paz con
el Perú. Para cuando ésta llegue á sus manos, estará la
Escuadra en el Pacífico, y entonces podrá exigir las
garantías del tratado que puede dar un gobierno revo-
lucionario, y salir de los embarazos que se le presenten.
Sobre todo, yo espero que Vd, nunca pierda la confianza
de vencer todas las dificultades, y que me cuente como
siempre en el número de sus mejores amigos, como que
soy de todo corazón su obediente servidor.
José A. Paez.
XIX
Los acontecimientos se sucedieron con ver-
tiginosa rapidez en Colombia. Tanto en Nueva
Granada como en Venezuela, la calma aban-
donó los espíritus. Á la reflexión sucedió la
violencia, al buen juicio la insensatez. El equi-
librio moral de aquella sociedad se había
perdido .
Paez, al tener noticia de que el Congreso le
enviaba dos comisionados, decidió no reci-
birlos, y para cohonestar tan insólita resolu-
ción, nombró otros que salieran á su encuen-
tro en la frontera. Fué así, que al llegar al
territorio venezolano Sucre y el Obispo, se les
336 BOLÍVAR
obligó á retroceder á Cúcuta. Ni la respeta-
bilidad de los comisionados, ni las protestas
que hiciera Sucre, que por primera vez volvía
á su patria coronado con los laureles de
Ayacucho, contra aquel acto tan irregular,
bastaron para que las autoridades del tránsito
permitiesen su residencia en la tierra venezo-
lana. Las órdenes de Paez eran terminantes.
Los Comisionados, después de inútiles confe-
rencias con los de Paez, regresaron á Bogotá.
Para esa fecha Bolívar se había retirado á
la vida privada, y atemperaba en su quinta de
Fucha. La retirada había tenido por motivo,
su salud, completamente decaída. Así lo había
dicho al Congreso, rogándole que le designase
un sucesor ; rehusó aquella Asamblea, y al fin
Bolívar nombró el Io. de Marzo al general
Caicedo Presidente del Consejo, quien se
encargó del Poder Ejecutivo de Colombia.
Aquel fué el último día de su mando, pero no
el de sus padecimientos, pues hasta en su
modesto hogar le persiguieron la calumnia y la
ingratitud.
Los sucesos ocurridos en Caracas, y partir
BOLÍVAR 337
cularmente la insurrección de la provincia de
Casanare en favor de aquel movimiento, decla-
rándose adherida á Venezuela, hicieron com-
prender á los granadinos la imposibilidad de
conservar por más tiempo á Colombia, y desde
entonces se reconoció la inutilidad del Con-
greso constituyente y del proyecto de Consti-
tución en que á la sazón se ocupaba. Pen-
sóse, y con razón, en que era más cuerdo
organizar la separación. En este sentido se
expresó ante el Congreso el Presidente Cai-
cedo, sin alcanzar que se tomase una reso-
lución definitiva, pues los ánimos estaban
completamente anarquizados.
Al fin se decidió hacer la elección de Pre-
sidente y Yice-Presidente de la República.
Pensaron algunos en nombrar á Bolívar, pero
otros combatieron la elección, particularmente
el general Urdaneta que para esa fecha estaba
resentido con su antiguo general. Varios, y
acaso fundados, fueron los motivos de desa-
cuerdo entre aquellos dos hombres, unidos
hasta allí por los lazos de la común gloria y de
una amistad nunca desmentida. Urdaneta se
22
338 BOLÍVAR
quejaba de que Bolívar le hubiera tratado con
injusticia al calificar en su presencia y de un
modo público á Sucre, como el más digno de
los generales de Colombia, y se hubiera expre-
sado con cierta dureza de lenguage en la
Junta que convocó para consultarle acerca de
la conveniencia de reasumir el mando ; junta,
en la cual Urdaneta opinó en contra del deseo
de Bolívar. Á su turno se quejaba éste, de que
Urdaneta y Córdova hubieran influido con sus
obsesiones hasta hacerle desistir de su
proyecto de indulto en favor de los conju-
rados del 2o de Setiembre, y también de sus
inconsultos procederes respecto del proyecto
de monarquía .
El Congreso nombró Presidente al señor
Joaquín Mosquera y Vice-Presidente al general
Caicedo. Ausente aquel en Popayán, fué llamado
el segundo á encargarse del Poder ejecutivo,
lo que hizo, aunque con alguna repugnancia.
Bolívar decidió expatriarse, y vendiendo
cuanto tenía, vajilla, alhajas y caballos reunió
diez y siete mil pesos : palpitante demostración
de su pureza é integridad !
BOLÍVAR 339
El Congreso le concedió al día siguiente de
su partida una pensión vitalicia y un voto de
honores y gracias, digno de sus merecimientos.
La partida de Bolívar se había fijado para
el 8 de Mayo, pero como era preciso que en
su dramática existencia, ocurriera siempre
algo que perturbara hasta el más noble de sus
propósitos, sucedió que la víspera del viaje se
amotinaron varios cuerpos de tropas venezo-
lanas, al mando del general Portocarrero, pro-
duciendo en la ciudad grande y general cons-
ternación. Felizmente este incidente no tuvo
más consecuencia que el envío de dichas
tropas á Venezuela, que era lo que ellas desea-
ban, pero sirvió de ruin pretexto á los enemi-
gos de Bolívar para acusarle injustamente de
complicidad en el movimiento. Esto no impi-
dió, sin embargo, el viaje de Bolívar hasta
Cartagena, que se efectuó el 8 de Mayo.
Su ausencia tenía que producir grandísimo
efecto en Colombia ; con él desaparecía el
único prestigio que hasta entonces había conte-
nido tantas absurdas ambiciones. Con la sepa-
ración y expatriación del hombre superior,
340 BOLÍVAR
los demás habían quedado igualados. Lícito
era ya lanzarse en las aventuras.
Colombia se había desmoronado. El Ecuador
no tardó en declararse en estado libre é inde-
pendiente, y encargó del mando supremo al
general Florez, el cual convocó para el 10 de
Agosto un Congreso constituyente que debería
reunirse en la Ciudad de Rio-Bamba.
En Venezuela el Congreso constituyente,
convocado para justificar el alzamiento de
Paez, abrió sus sesiones el 6 de Mayo. Exci-
tado á continuar ejerciendo el mando supremo
mientras se tomaba alguna decisión, presentó
aquel su renuncia. Como ésta no era sino una
farsa que por frecuente se ha hecho ya des-
preciable en casi todos los países de América,
el Congreso no la aceptó, y Paez continuó
ejerciendo el cargo de Jefe supremo de la
República. Inspirado el constituyente venezo-
lano en un sentimiento de implacable odio
contra Bolívar, previno al de Colombia que
para llegar á un acuerdo era indispensable
que aquel se alejase del territorio de la Repú-
blica ! Hasta los más queridos compatriotas de
BOLÍVAR 341
Bolívar le habían abandonado ! Paez era el
nuevo astro destinado á brillar en el oscuro
cielo de la patria, como el iris en medio de la
tempestad !
Debe confesarse, sin embargo, que la opi-
nión del pueblo venezolano en favor de la
transformación política fué casi unánime, bien
que no lo fuera la odiosidad contra Bolívar,
sentimiento explotado por sus enemigos hasta
con crueldad. Hubo pocos disidentes en varios
puntos de la República, y aun se pusieron en
armas invocando el nombre de Colombia y de
Bolívar ; pero al fin tuvieron que rendirse,
porque en el fondo el pensamiento de separar
á Venezuela del resto de la confederación, era
verdaderamente popular en dicho país. Lo
mismo habría sucedido en Nueva Granada si
el Congreso de Cúcuta hubiera establecido la
capital en Caracas, en vez de establecerla en
Bogotá.
Quedó, pues, consumada la separación, y
proscrito Bolívar de su propia patria, en virtud
de un decreto que expedió el Congreso consti-
tuyente, el 10 de Setiembre. Publicamos en
342 BOLÍVAR
seguida este documento, en el cual no se
acordaron siquiera á Bolívar sus títulos de
Libertador y padre de la patria.
El Congreso constituyente de Venezuela, conside-
rando :
Io Que después que Venezuela proclamó los principios
de su política franca y liberal, y que el Congreso mostró
su indulgencia en favor de algunos individuos, que se
habían desviado de la senda trazada por la opinión gene-
ral, no faltan personas que intentan todavía turbar la
tranquilidad y el orden establecido;
2o Que estos conatos y proyectos se apoyan princi-
palmente en la mansión que hace el general Simón Bolí-
var en el departamento del Magdalena, después de haber
renunciado el destino de Presidente de Colombia, nom-
brádose su sucesor constitucionalmente, y aún después
de haber obtenido su pasaporte para Europa, según lo
anuncian los papeles públicos de Cartagena;
3o Que es tanto más insidiosa la conducta del general
Bolívar cuanto que, sin embargo de no tener ya carácter
público, ha tratado de fomentar la insurrección de Rio
Chico, dirigiéndose oficialmente al Gobierno de Bogotá,
según lo demuestra la contestación del ministerio del
Interior fecha 21 de Julio ;
•4o Que desde allí promueve todavía el general Bolí-
var, por medio de sus agentes, la sedución de los incau-
tos, y amenaza con hostilidades á su misma patria,
cuyos ciudadanos fueron instrumentos de su gloria,
BOLÍVAR 343
mientras él respetó el sistema de gobierno, que desde
su emancipación política adoptó Venezuela ;
o° Que según las últimas comunicaciones oficiales,
que se han recibido del departamento de Boyacá, los
enemigos de la libertad amenazan á mano armada la
capital de Bogotá y por consecuencia también el terri-
torio de Venezuela ;
6o En fin, que en tan críticas circunstancias es un
deber de la Representación nacional, tomar todas las
medidas que puedan evitar la propagación del contagio,
y asegurar la paz interior, orden y tranquilidad del
buen pueblo de Venezuela, cuya salud es la suprema
ley, decreta :
Art. i.° El Poder Ejecutivo ,de acuerdo con el Consejo
de Gobierno, aumentado con cuatro miembros nombra-
dos por el Congreso de fuera de su seno, para el solo
objeto que se expresa en este decreto, expulsará del te-
rritorio de la República, ó confinará á algún punto de
él, á cualquier individuo, de quien se tengan fundados
motivos, de que contraría los principios y causa de la
libertad, que ha proclamado Venezuela.
Art. 2.° La autorización que por el artículo anterior
se da al Poder Ejecutivo, no impide el que los acusados
ó indiciados de conspiración, sean arrestados, interro-
gados y puestos á disposición del juez competente, con-
forme al artículo 3o del reglamento de gobierno provi-
sorio.
Art. 3.° Este decreto tendrá fuerza y vigor hasta que
se publique la Constitución.
Art. i.° Las garantías sancionadas y publicadas en
favor de los venezolanos, quedan en su fuerza y vigor,
exceptuando sólo el caso, en que se autoriza por este
344 BOLÍVAR
decreto al Poder Ejecutivo con el Consejo de Gobierno,
para expulsar ó confinar con motivos fundados, á los
que contrarían los principios y causa de Venezuela.
Art. 5.° El Poder Ejecutivo dará cuenta al próximo
Congreso constitucional de las personas que hayan
sido expulsadas ó confinadas en virtud de este decreto,
para que en vista de las circunstancias, determine si
continúan ó nó en sus destinos; si antes el mismo Poder
Ejecutivo, de acuerdo con el Consejo de Gobierno, no
hubiere alzado la expulsión ó confinación, atendida la
conducta que hayan observado, ó por haber cesado las
circunstancias que motivan esta medida.
Art. 6.° Comuniqúese al Presidente del Estado para su
ejecución y cumplimiento. Dado en Valencia á 10 de
Setiembre de 1830. El Presidente : Miguel Peña. — El
Secretario : Rafael Acevedo.
Valencia. Setiembre, 11 de 1830. — Cúmplase; y al
efecto comuniqúese á quienes corresponda por la secre-
taría del Interior, y publíquese en la Gaceta de Gobierno.
— El presidente del Estado : José A. Paez. — Por S. E.
— El Secretario interino del Despacho del Interior :
Antonio L. Guzman.
XX
Al ostracismo de Bolívar siguió el fúnebre
cortejo de la ruina de Colombia. El Libertador
de América se alejaba de la tierra libertada,
sin odios ni rencores, sin incitar á la rebelión
ni á la venganza, aconsejando el respeto al
Gobierno constituido.
Fuerza fué que Bolívar se detuviera en Car-
tagena, camino del Calvario... Él, que había
desairado el donativo de un millón de pesos
que le ofreció el Perú, no tenía ahora dinero-
bastante para embarcarse. Esperábalo de un
su amigo y agente de negocios, cuando el
Sr. Machado, teniente de navio, llegó á Carta-
gena con la misión de entregar algunos pliegos
al Libertador de América expulsado por la
346 BOLÍVAR
soberana voluntad del pueblo redimido. Se le
anunciaba que tres cantones , Riochico ,Orituco y
Chaguaramas, se habían pronunciado, acatando
la autoridad del proscrito y oponiéndose enér-
gicamente á la desmembración de Colombia.
Á pesar de esto, Bolívar recomendó á sus
amigos que salvaran al país del abismo de la
guerra civil.
Un tristísimo suceso, nunca bien llorado
por la patria, contribuyó á amargar la vida
del esclarecido patriota. El general Sucre
acababa de ser villanamente asesinado. La
virtud del gran Mariscal de Ayacucho, cuya
espada era una amenaza constante contra los
malhechores políticos, brillaba demasiado en
el sombrío cuadro de una sociedad hundida
en el cieno de ambiciones bastardas.
El asesinato se llevó á cabo premeditada-
mente, por iniciativa del general Obando.
Los consejos de la prudencia no hicieron
desistir á Sucre de su viaje á Quito. Atento
sólo al deber, rechazó con ánimo entero el
temor que buenos amigos suyos (pusieron
poner en su corazón ; y, sin precaverse contra
BOLÍVAR 347
el peligro, sin recelos oí inquietudes, tranquilo
en su conciencia y firme en su voluntad, em-
prendió el viaje sin presentir que la muerte le
acechaba á traición y á mansalva.
¡ Horrible peregrinación la suya por tor-
tuosas y solitarias montañas, cuya oscuridad
bastaba para engendrar pavura en el ánimo
más esforzado !
Sucre advirtió á la postre la celada que se le
halda preparado con habilidad suma. Empero
ya no le era dable esquivarla ni ganarse á Sarria
y áErazo, asesinos de oficio, á quienes encontró
dos veces <mi el camino siguiéndole cautelosa-
mente como sombras precursoras déla muerte.
Fué en el desfiladero de Berruecos donde
se consumó la infame obra. Del paraje más
sombrío y oculto partieron traidoramente los
disparos de fusil que pusieron término á la
vida de aquel militar íntegro y valeroso, que
jamas ocultó la frente ni el corazón á las balas
de enemigos leales.
« Ay, balazo!., » exclamó antes de que la
muerte sellara por siempre sus labios.
De esta suerte murió el gran Mariscal de
348 BOLÍVAR
Ayacucho, cuando anhelaba el reposo del
hogar doméstico, sin que enturbiaran su pe-
cho las ambiciones del poder.
Tan infame crimen no acalló un punto la
grita de los partidos. El general López no tuvo
reparo en decir que si el asesinato no se hu-
biera perpetrado en Popayán, él lo habría
celebrado con un banquete.
De esta escena de miserias se destaca lumi-
nosa la figura de Mosquera. El digno presi-
dente decretó que el ejército vistiera luto en
señal de duelo, y fué tan vivo el suyo propio
que le postró enfermo en el lecho.
« General, el Gran Mariscal de Ayacucho
ha sido alevosamente asesinado en la mon-
taña de Berruecos; » dijo Montilla. Y Bolívar,
golpeándose en la frente, paró estupefacto y
mudo ante tamaño infortunio.
El acontecimiento cayó con todo el peso de
lamas mortal de los congojas, sobre el dolorido
corazón del expatriado, á tiempo que en Vene-
zuela se alzaba potente, como clamor de muerte,
el grito impio de : ! La expulsión de Bolívar !
Fué un íntimo amigo de aquel hombre, que
BOLÍYAH 340
no tuvo siquiera la inviolabilidad que merece
la desgracia, quien cumplió la triste misión de
participarle las exigencias del Congreso vene-
zolano; fué el Sr. Mosquera quien acabo de
herir de muerte al amigo cuyas fueron las
mercedes que le elevaron al poder.
En medio de las injusticias de la suerte y
de los sibaritismos de la crueldad, pugnaba
por erguirse el remordimiento, y arrastrán-
dose penosamente perseguía á los buenos
patriotas, para atarazarles el corazón.
Mosquera, acobardado por sus propios
desaciertos, se refugiaba en Anolaima y, ven-
cido luego juntamente con Caicedo, abandonó
el poder, que un pronunciamiento militar puso
en mano del general Urdaneta durante la au-
sencia de Bolívar.
Urdaneta, cumpliendo como bueno, invitó
á Bolívar á restituirse al mando ; y á las mu-
chas demandas de igual índole, uniéronse las
de los ministros de la Gran Bretaña, del Brasil
y de los Estados luidos. — En tanto que la
patria destellaba á Bolívar, las potencias ex-
tranjeras declaraban, por medio de sus repre-
350 BOLÍVAR
sentantes, que sólo él podía atajar en Colombia
el desbordamiento de las pasiones políticas.
Ni paró en esto el favor de la reacción.
También en Cartagena estalló un pronuncia-
miento militar, y amigos y admiradores de
Bolívar quisieron proclamarle jefe del ejército.
Empero, enamorado de los principios que in-
formaron siempre su política, no accedió á los
deseos de la Asamblea, fundando su negativa
en que no la voluntad del pueblo, sino la tira-
nía de un motín, le encomendaba de nuevo la
dirección del gobierno.
Partióse, pues, á Soledad y de allí á Barran-
quilla, llevando consigo el germen de padeci-
mientos, más morales que físicos, que le
guiaban aceleradamente á la muerte. El
gobierno de Paez proseguía injuriándole
cruelmente, en tanto que Ecuador, Bolivia
y Nueva Granada lionraban su memoria.
Las enfermedades le obligaron á embarcarse
con rumbo á Santa Marta, y llegó á la isla en tal
estado de gravedad que el doctor A. Próspero
Revereud hubo de socorrerle inmediatamente
en nombre de la ciencia; y, habiendo logrado
BOLÍVAR 3.¡l
reponer algo de sus quebrantadas fuerzas, le
permitió el traslado á San Pedro Alejandrino,
quinta del Sr. Joaquín de Mier.
En el intervalo de dos días, el aire puro de
la campiña ¡nido ejercer en los órganos de
Bolívar la acción, tan enérgica como ficticia,
que el galvanismo ejerce en los cadáveres.
Pero aquella vida, exuberante de energías en
el momento de derrocar un trono y de agitar,
con el cataclismo del genio, al mundo ameri-
cano, se escapaba á torrentes.
La primera alborada del día 10 de Diciembre
principiaba á teñir de luz las sombras de la
estancia, cuando el ilustre enfermo pidió los
auxilios de la Iglesia ; y luego de haber ren-
dido culto á su fe católica, ungiéndose con los
óleos de la muerte, se dispuso á tributar el
último homenajea su fe política, despidiéndose
de los colombianos. El obispo Estévez le acom-
pañaba en el amargo trance; un escribiente
trazaba en el papel la postrera enseñanza
del Redentor de un mundo, y Bolívar, con la
resignación del martirio y la fe del apostolado,
dictaba su testamento político ungido con el
352 BOLÍVAR
óleo bendito de amorosa frase, eco de la que
profirió en la cruz el Redentor de la humanidad :
/ Yo les perdono l... Después, venciendo á la
muerte, que le retenía en el lecho, logró incor-
porar el desfallecido cuerpo, y con lágrimas en
los ojos y convulsa mano , rastreó , más que escri-
bió, al pié del manuscrito, estas palabras, sím-
bolo de la libertad en América : Simón Bolívar.
El 17 de Diciembre acaeció su muerte, en
el momento mismo en que admiradores suyos
proclamaban las proezas del héroe, y adver-
sarios irreconciliables disputaban á la tierra los
despojos de su nombre. Murió sin amargura,
enviando á sus enemigos el sublime perdón del
Crucificado, y acallando en el corazón la me-
recida protesta contra los fatalismos de la
suerte.
PIN
s-
Corbefl. — Imprenta Jo B. Reiuudht.
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